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Si los mercados funcionasen como se suponen que funcionan, muchos nos tendríamos que dedicar a otra cosa. Desde 1998, una sucesión de burbujas, crisis, burbujas y crisis ha alimentado mi escepticismo natural. Lealtad, 1 es mi visión, personal y muchas veces equivocada, de la actualidad de los mercados y la economía.

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12 agosto, 2011 | 13:42

El efecto 2000 de Standard & Poor's

El efecto 2000, como bien recordarán muchos lectores, era el presunto Apocalipsis informático provocado al cambiar las máquinas  el año en curso de "99" a "00" (las que trabajaban con dos cifras en lugar de cuatro). El posible bloqueo de los sistemas podría provocar fallos en cadena en sistemas informáticos e infraestructuras a lo largo del mundo, lo que provocó una ingente inversión en tecnología para adaptar software y establecer mecanismos de respuesta. 

Al final, los problemas informáticos fueron de corte marginal y no afectaron sensiblemente a la vida de los países acomodados (buena parte de la humanidad tenía, y sigue teniendo, otras priodidades, como comer cada día). Sin embargo, el efecto no fue neutro. Ante la posibilidad de colapso en los sistemas informáticos del mundo financiero, la Reserva Federal aumentó artificialmente el dinero en circulación en los meses previos a la temida fecha, y esta liquidez infló aún más la (ya muy inflada) burbuja tecnológica, que estalló en marzo. Justo cuando la Fed empezaba a retirar el exceso de liquidez.

El efecto 2000 existió, pero no como se esperaba. Yves Smith explicaba esta semana que la rebaja de rating de S&P tendrá impacto pero, como pasó con el efecto 2000, no el esperado. Fue uno más de los estímulos monetarios impulsados por Alan Greenspan desde 1997 para parchear sucesivas crisis (a cual mayor), hasta llegar donde estamos ahora.

El recorte de rating de S&P no es tan importante per se, como ya hemos comentado por aquí. Pero sus efectos son perversos por dos vías. Primero, al elevar la inestabilidad financiera no en los activos degradados (que de hecho han subido de precios) sino en el resto del mundo financiero a través del complejo mecanismo de transmisión detallado en la ilustración al pie de esta entrada. El desplome de las Bolsas en este agosto va a deteriorar el crédito incluso aunque no haya un crac sistémico en ninguna parte del mundo. 

En segundo lugar, la rebaja de rating puede forzar un exceso de austeridad, es decir, una restrucción fiscal que deprima la economía. Lo comentaba Credit Suisse en su informe al respecto (son las primeras líneas de dicho informe, no se piensen que andamos rebuscando frases): "El recorte es una noticia marginalmente mala, pero sería un problema mucho mayor si lleva a los políticos a poner en marcha todas las medidas de ajuste fiscal previstas, equivalentes al 2,5% del PIB en 2012. Así el crecimiento podría recaer hasta el 1%-1,5% en 2012".

Europa puede presumir de ello. La moda de la austeridad ya está arrasando la economía griega y poco a poco irá extendiendo la deflación por la zona euro. El BCE solo ha actuado forzado por las circunstancias y forzando, a su vez, a Italia a implantar más tijeras. En Alemania se sigue insistiendo en que todo se soluciona con ajustes, reformas y restricciones, con un tono muy dogmático y poco pragmático. Luego, cuando la economía termine de congelarse, será un problema de crecimiento... 

En fin, que las perspectivas no son precisamente alegres pero, mientras el mundo termina de hundirse habrá que disfrutarlo. Lealtad, 1 se despide de sus lectores hasta finales de mes, si es que para entonces siguen existiendo los mercados y el dinero. Feliz resto de agosto.

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11 agosto, 2011 | 10:47

Te vas a comer, y a la vuelta quiebra Francia

Si queda por ahí alguien que defienda la hipótesis de los mercados eficientes, por favor, que vuelva de vacaciones y me explique. En serio. La variación media entre máximo y mínimo en el Standard & Poor's 500 (el principal y más líquido índice de Bolsa del mundo) en las últimas cinco sesiones es del 5,33%, según Bespoke. Ayer el Ibex abrió con fuertes alzas, pasó una mañana de relativa calma y bajó el 5,5% al cierre. ¿Por? Francia está fatal. O sus bancos. Da un poco igual, el caso es que había que vender a cualquier precio porque algo malo pasaba pasados los Pirineos. Société Générale, que no es cualquier cosa, se desplomó un 20% de un día para otro.

Como explica el prolífico bloguero de Cinco Días, y compañero a lo largo de unas cuantas crisis, Fernando, los mercados no son un sanedrín de sabios; solo son inversores que buscan ganar dinero. Cada uno de una forma, y sucede hoy por hoy que quien mueve el mercado atienden a razones no muy comprensibles para los humanos. Ya escribimos hace no mucho que cuando la actriz Anne Hathaway es trending topic en Twitter suben las acciones de la empresa de Warren Buffett, llamada Berkshire Hathaway... Es el mundo de las máquinas, que suponen una parte sustancial de las operaciones de Bolsa en Wall Street y no suelen estar programadas a actividades tan benévolas como buscar trending topics. La absurda volatilidad de los últimos días no es culpa de S&P, ni del miedo a la desaceleración, ni a las dudas sobre Francia...

Los esforzados cronistas financieros con algo tenemos que rellenar los titulares, y ciertamente estos factores inciden en el sentimiento bajista de fondo. Pero no son el nudo de un crac financiero que estará haciendo de oro a tanta gente como está arruinando. Porque, a medida que la operativa de los mercados se vuelve más cortoplacista (y las máquinas miden sus operaciones en milisegundos), la Bolsa deja de ser una forma de inversión para ser un juego de suma cero.

 Ahora bien, eso no quiere decir que se pueda despachar el desplome de los mercados con un "es que son una timba", por más que, efectivamente, se parezcan mucho. Las "dudas sobre Francia" que titulan hoy los periódicos tienen algo de justificación. Al igual que en 2008, el mercado monetario, aquel en el que se invierte en activos de mínimo riesgo, es una fuente de tensiones. Los fondos del mercado monetario invierten en deuda de entidades de alta calidad (grandes bancos o deuda pública) y de corto plazo. Los bancos dependen de estas inversiones para poder seguir funcionando; sin poder emitir pagarés, quiebran en poco tiempo.  

Tanto Wall Street Journal como Financial Times han publicado que los fondos monetarios de Estados Unidos están retirando dinero de Europa ante las tensiones de la zona euro. Algunos comentaristas lo atribuyen a presiones regulatorias, aunque el hecho es que los inversores están retirando dinero masivamente de estos fondos. Según Lipper, al ritmo más alto desde (glups) la semana que quebró Lehman. En todo caso, si EE UU deja de invertir en deuda de bancos europeos a corto plazo, la financiación de éstos puede sufrir mucho; según el WSJ, las inversiones de estos fondos en Europa son de un billón de dólares. Y, con datos de Fitch,  la banca europea es muy sensible a este mercado.

Los fondos monetarios, que ofrecen rentabilidades irrisorias, no pueden permitirse ni un ápice de riesgo, por lo que huyen en masa de cualquier activo a la mínima señal problemática. Se les ha llamado "el dinero más tonto del mundo" por su incpacidad de soportar pérdidas. En este sentido, la situación es preocupante. Si el dinero de estos fondos sigue saliendo de Europa, la falta de liquidez puede ahogar a alguna entidad y caer en eso que teme el mercado: el momento Lehman. ¿Solución? Si la crisis no se alivia por sí sola, quizá el BCE y la Fed deban activar líneas de financiación en dólares para la banca europea.

Eso, suponiendo que lo expuesto anteriormente sea cierto ¿Tiene sentido que los fondos monetarios sean la causa del desastre? Sí. ¿Es eso cierto? Quién sabe. Hay muchos inversores que hacen mucho dinero con tanta inestabilidad, que distinguir el trigo de la paja, los rumores interesados de las primicias, los análisis certeros del cotilleo de barandilla, es prácticamente imposible. Solo cabe esperar que volvamos a los días en los que las máquinas se dedican solo a seguir a Anne Hathaway.  

09 agosto, 2011 | 10:28

La triple A como gran excusa

Más que motivos, el mercado suele buscar excusas para comprar y vender. Algunas, claro está, tienen más peso que otras, pero son excusas al fin y al cabo. La pérdida de la triple A por parte de Estados Unidos es La Gran Excusa. Desde las primeras horas de la sesión del viernes la rumorología apuntaba a dicho recorte, y en el cierre de mercado era un secreto a voces, divulgado por la CNBC. Entonces, ¿a cuento de qué el hundimiento de las Bolsas?

Excusas. La rebaja de S&P estaba no descontada, pero sí en las quinielas, antes del infausto viernes. Y el viernes estaba en el mercado. La rebaja de S&P no afectó a la deuda rebajada, que de hecho subió de precio al caer de calidad (interesante post aquí sobre los bonos del Tesoro como bienes Giffen). La rebaja de S&P, en definitiva, ni añade información al mercado ni tiene, al menos por el momento, efectos de mercado sobre dicha deuda.

Que Estados Unidos tiene demasiado déficit no es un secreto que nos haya desvelado S&P. La deuda estadounidense es el activo financiero más líquido del mundo  (si no contamos las divisas como activo) y el más presente en las carteras. Es decir, si se trata de poner rating a la deuda de OHL (por ejemplo), S&P puede aportar nueva información o resumir la existente de cara a un inversor extranjero o incluso español. Incluso si se trata de analizar la situación de España, habrá algún gestor extranjero no especializado que trabaje con los números y las previsiones de S&P. Pero, ¿con la deuda de EE UU? Podemos robar el símil escrito en Baseline Scenario: es como si la revista de la OCU asegura que la Coca Cola no es tan buena como dicen. Vale. ¿Y?

Obviamente Estados Unidos tiene serios problemas. Uno de ellos, por cierto, que algunos políticos estadounidenses parecen desear que el país entre en impago no se sabe muy bien por qué. La deuda es excesiva, el déficit también lo es y hay serias dudas de que, arrasada la clase media por los efectos de la crisis, pueda registrarse una recuperación dignaa de tal nombre en un país que depende del consumo para crecer. Nada nuevo bajo el sol. Ni nada que no experimentemos, con ciertos matices, aquí en la en la piel de toro.  

Que el recorte de S&P haya sido La Gran Excusa no quiere decir que la caída sea menos creíble. Las señales de inestabilidad se han propagado en las últimas semanas y, hoy por hoy, los inversores le tienen miedo al mercado. O dicho de un modo más sencillo (pero no más comprensible) tienen miedo de su propio pánico y de los efectos que éste puede tener. El índice de volatilidad VIX registró ayer la mayor subida desde el verano de 2007, y la evolución de sus futuros sugiere cosas muy feas, según dicen por ahí. La caída tampoco se puede achacar a la falta de volumen: la negociación en Wall Street se disparó ayer. Se trata de un mercado bajista en toda regla, los operadores están limpiando sus carteras ante las malas perspectivas económicas, el riego de deterioro de los mercados de crédito y la extrema volatilidad de la Bolsa. 

08 agosto, 2011 | 12:46

El 2012 nos lo jugamos en las próximas semanas

Punto límite. Los mercados ya estaban en la situación más crítica desde la quiebra de Lehman antes de que Standard & Poor's recortase la calificación a Estados Unidos. La respuesta mundial a la decisión de la agencia (decisión que todo el mercado esperaba, por otra parte) es prueba del punto al que había llegado la tensión financiera. No ha sido mala noticia para España que, después de recibir palabras huecas por parte de Trichet el jueves, se despierta el lunes con la prima de riesgo 100 puntos por debajo.

No está mal para empezar; de hecho cualquier cosa que no sea otro desplome de la deuda española es positivo, teniendo en cuenta las circunstancias. Ahora bien, el mundo no se acaba en los Pirineos (o en los Alpes) y los problemas financieros no se limitan a los de la deuda europea y no se acabarán con ella. Aun con la intervención del BCE, la tensión acumulada en los mercados es tal que las próximas semanas depararán cómo será 2012. No en los mercados; el puesto de trabajo de muchas personas, las condiciones laborales y vitales del próximo año para gran parte de la ciudadanía dependerán de lo que pase en sitios como cámaras de repos, fondos  monetarios o mercados interbancarios. De si se evita otro Lehman o no.

Si así sucede, es decir si un gran banco de inversión roza la quiebra, o si se produce una ruptura de algún segmento del mercado que ha acumulado riesgos últimamente (no sería de extrañar que se produjesen problemas en ETF), o si se paraliza el mercado de papel comercial, o si se elevan las garantías necesarias para operar con deuda española o italiana... Un evento de este tipo sería capaz de provocar un colapso financiero a gran escala pues, como ya comentamos el viernes, el mundo financiero ha puesto sus barbas a remojo. Si se rompen los diques y el pánico se desboca, los efectos sobre la economía real serían muy dolorosos, como lo fueron en 2009 tras el crac del banco de inversión estadounidense.

Pero, viendo la película desde el prisma contrario, lo cierto es que si este agosto no se produce el citado 'momento Lehman' ya se habría avanzado. Cierto es que las economías occidentales acarrean demasiados lastres pero, como sucede en el fútbol, cuando un equipo falla un penalti, al contrario le empiezan a pesar menos las piernas. En otras palabras, la única forma posible de recuperar el pulso en los mercados y de que mejorasen las expectativas económicas es, hoy por hoy, que se genere la sensación de que se ha rozado la debcle y, esta vez, se ha sorteado. Aunque, claro está, para eso hay que sortearla, y todavía nos queda un trecho.

05 agosto, 2011 | 09:16

Ruleta rusa en pleno colapso de liquidez

Al parecer, según decía la agencia Bloomberg, Jens Wiedmann, presidente del Bundesbank recién nombrado para Angela Merkel para la tarea (después de ser asesor económico en la cancillería), se opuso dentro del consejo del BCE a la intervención del banco en los mercados de deuda soberana. O a la no intervención, quién sabe. El lunes deberíamos conocer el monto de la intervención. O no (es lo que dijo Trichet). No malinterpreten, a este plumilla no le molesta la falta de transparencia del banco (a veces es necesaria), sino su falta de eficacia y sus profundas contradicciones. Es recomendable el paper de Simon Johnson y Peter Boone sobre el futuro de la zona euro.

Sin ir más lejos, el banco decide ofrecer a la banca todo el dinero que pidan. Barra libre. Muy bien. Pero, al tiempo, no se ataca un problema más importante para la estabilidad financiera: el deterioro de las primas de riesgo de Italia y España. ¿Por qué? No se sabe muy bien, si para evitar la inflación o para impartir un poco de disciplina teutónica entre vagos, maleantes y gentes de mal vivir del Sur de Europa. En todo caso, el resultado es que el BCE imprime dinero para repartírselo a los bancos a discreción pero no lo hace para contener el asalto de los mercados a la estabilidad de la Unión. 

Pero eso es pasado. 24 horas son un mundo en el mercado actual, y exactamente 24 horas después de la rueda de prensa del BCE sale el dato de paro de Estados Unidos. En una situación normal podría aliviar los males de la Bolsa, pero lo que pasa en las Bolsas cada día se parece menos a una corrección y más a un crac de liquidez que bien podría llevar al mundo a un nuevo Lehman Brothers. Si leen en algún sitio que todo esto es por el miedo a la desaceleración económica, no sigan leyendo. 

El desplome de la Bolsa desde Europa a Japón pasando por EE UU y los mercados emergentes obedece a la búsqueda de dinero en efectivo por parte de los fondos. La Bolsa ya fue en 2008 y 2009 la única forma de conseguir dinero. La banca ha disparado en los dos últimos días el uso de la facilidad de depósito del BCE, es decir, el dinero que tiene se lo presta al Banco Central; no a otros bancos, ni mucho menos a clientes. Los mercados de papel comercial en Estados Unidos (la financiación a corto plazo de las empresas) empiezan a dar síntomas de congelación. Si la gangrena se extiende a los fondos del mercado monetario, el colapso de liquidez será brutal. Por eso incluso el oro o el petróleo se desploman; los grandes fondos están vendiendo lo que haga falta para conseguir liquidez.

Por si acaso. Por si se necesita. Por si alguien la reclama. Cash is King. Hasta el punto de que BNY Mellon cobrará a sus clientes con más de 50 millones de euros en depósitos un cargo de 13 puntos básicos. No quiere el banco que los grandes inversores atemorizados inunden sus cuentes de tesorería.Las letras del Tesoro de EE UU a tres meses llegaron ayer a ofrecer rendimientos negativos

Gillian Tett, responsable editorial de FT en EE UU y una de las mejores y más influyentes periodistas financieras del mundo escribe hoy sobre las similitudes entre este verano de 2010 y el verano de 2008, previo al crac de Lehman.

En Estados Unidos se empieza a hablar de una nueva ronda de estímulo monetario por parte de la Reserva Federal. Algo que completaría el cuadro surrealista que ha dibujado Jean Claude Trichet: el de una autoridad diletante que juega a la ruleta rusa con la economía mundial ante los atónitos ojos del globo. Eso sí, el ex asesor de Merkel estará tranquilo.

PD.- Disculpas a los lectores por la excesiva volatilidad en el tamaño del tipo de letras, que ha motivado alguna queja que otra. No sé si Typepad tiene libre albedrío o soy yo, pero prometo no obligarles a usar lupa.

04 agosto, 2011 | 17:14

Fracaso épico en Fráncfort

El paso en falso de Trichet es inquietante. Muy inquietante. El BCE, hasta ahora quizás la institución europeoa con la credibilidad menos erosionada por la crisis (el listón tampoco estaba muy alto) parece más preocupado por mantener un equilibrio político que por tomar medidas eficaces. No se sabe qué es más grave. Si el farol sobre una intervención en los mercados que finalmente parece afectar solo a Irlanda y Portugal (en caso de ser cierto, comprar deuda de dos países ya intervenidos y cuyos bonos tienen una liquidez casi nula sería estúpido). O la obsesión por los precios (cuando la propia existencia de la moneda está en el aire). O el hecho de subcontratar al EFSF las operaciones en el mercado de bonos: Un fondo con  una capacidad operativa limitada y conocida por el mercado. Como tener un fusil y disparar al enemigo con  piedras para no hacer ruido. Y explicándole cuántas piedras te quedan.

El mercado no es estúpido y tiene muy caladas a las autoridades europeas. El efecto de la comparecencia de Trichet ha durado media hora. El BCE ha conseguido que el día que toma una medida destinada a suavizar la tensión de los mercados (prolongar la barra libre de liquidez), éstos dejen el mundo al borde del colapso financiero. Por si fuera poco, ha admitido la existencia de divisiones en el seno de la autoridad monetaria. El fracaso es épico; el BCE ha desperdiciado una de sus últimas balas intentando jugar de farol. No solo ha perdido la baza, también ha hundido su credibilidad. Y todo por no querer molestar. A partir de ahora, si el BCE quiere influir en el mercado, solo podrá hacerlo con dinero. Las palabras, hoy más que nunca, se las lleva el viento.

¿Se puede rescatar a España?

Decir que España es demasiado grande para ser rescatada es una frase de esas que, gracias a su sonoridad, se convierte en una especie de mantra en los medios de comunicación. ¿Salen las cuentas? La aritmética es compleja. La interpretación que, llegado el caso, haga el mercado de las cifras es aún más incierta. Y las consecuencias políticas son un arcano.

Empecemos por las cuentas, hechas de un modo más bien tosco. Actualmente el EFSF; el fondo europeo que rescatará a Portugal e Irlanda y participará en el segundo rescate de Grecia, tiene una capacidad de financiación máxima de 440.000 millones de euros, según lo acordado en junio. Según Barclays Capital, este fondo ha emitido 13.000 millones hasta el momento, tiene comprometidas emisiones de deuda para poner a disposición de los tres países rescatados por 109.200 millones hasta 2014 y necesita otros 35.000 para garantizar la deuda que se utilizará en el canje “voluntario” de los bonos griegos. En total, 157.5000 millones de euros. Según estas cuentas, quedarían 282.500 millones de euros. ¿Suficiente para España?

 De acuerdo con las cifras que proporciona el Tesoro, en 2012  España afronta vencimientos por 88.900 millones de euros, en 2013 por 60.360 millones y en 2014 por 49.700. Casi 170.000 millones. De estos vencimientos, 42.000 millones corresponden a letras de plazos inferiores al año. Además, el Estado debe financiar el déficit corriente, que será del 4,4% en 2012, del 3% en 2012 y del 2,1% en 2013. Por redondear, esto puede suponer unos 100.000 millones de euros. Así, la necesidad de financiación de España sumaría 270.000 millones hasta 2014 (228.000 si se admite que las letras se sigan vendiendo en el mercado) para un fondo con 282.500 millones. La primera alternativa agotaría el EFSF en un 98%. La segunda dejaría un margen de menos de 60.000 millones. Escaso, porque el EFSF está habilitado para hacer préstamos bilaterales y comprar deuda y porque las previsiones en los planes de ajuste no suelen cumplirse al 100%. Y aquí habría  cuatro países que deben cumplir.

En otras palabras, el fondo actual apenas da de sí para rescatar a España. Y una ampliación sería política y financieramente compleja. Los países rescatados dejan de aportar sus garantías al EFSF, con lo que la aportación de terceros debería aumentar proporcionalmente. Alemania comprometió 119.000 millones, el 27% del total. Si, además de Grecia, Irlanda y Portugal hay que rescatar a España, su contribución pasaría al 33,4%. Además, para que el EFSF tenga rating de triple A, cuando el fondo emite deuda los Estados aportan avales equivalentes al 165% de las emisiones del EFSF; así, si emite 440.000 millones, se deben avalar 780.000. En este caso, Alemania avalaría 257.000 millones y Francia 195.000. Eso antes de una eventual ampliación.

Por si fuera poco, resulta difícil de creer que si España es rescatada, los mercados no ahogasen a Italia, con más deuda en circulación. Obviamente, el rescate de España e Italia a un tiempo es implanteable; la contribución alemana en el fondo se dispararía al 43%, y la francesa al 33%, y el fondo tendría que ser probablemente más que duplicado.

En otras palabras, el rescate de España supondría incurrir en un coste financiero y político inasumible para los Gobiernos de Francia y Alemania, y eso para llegar a una solución cogida con pinzas. Tanto Italia como, sobre todo, España, son solventes en términos de deuda pública. La solución más eficiente sería, además obviamente de cumplir los objetivos de déficit e intentar mejorar en términos de crecimiento, evitar que la presión de los mercados sobre los tipos de interés de la deuda dañe en exceso la solvencia de estos países. Si el mercado no se calma solo, la intervención en los mercados, ya sea del EFSF (aún no puede), ya sea del BCE sería la medida a tomar. Y, si esto tampoco funciona, se puede optar por un rescate descafeinado, es decir un préstamo puente que haga frente a tensiones de liquidez y no obligue al país a acudir al mercado durante un tiempo. España no es Grecia, ni podrá serlo. 

03 agosto, 2011 | 09:38

"The game is the game"

"The game". El juego. Como narra la extraordinaria (y siempre insuficientemente recomendada) serie de televisión The Wire, en el ecosistema de las calles de Baltimore todos, narcotraficantes, policías, abogados y políticos, conocen el juego y, como dice Omar Little en un capítulo, "o juegas o juegan contigo". Plantearse si tiene sentido, si es justo o si se puede cambiar es perder el tiempo. Solo se trata de conocer las normas y de jugar las pocas o muchas bazas que cada uno tiene para intentar sobrevivir.   

Los mercados son otro juego que, como el de Baltimore, es el mismo que siempre ha sido. A España le toca el papel de víctima y, como a los personajes que viven en la calle, no le sirve de mucho hacerse preguntas. Como, por ejemplo, por qué si el Reino Unido tiene más déficit público que España (10,2% del PIB en 2010 frente a 9,2%), más deuda (80% contra el 60%) y registran crecimientos igual de míseros (0,2% en el trimestre), la deuda británica cotiza en el 2,7% y la española en el 6,3%.

La pregunta, obviamente, tiene respuesta. El Reino Unido tiene moneda propia que podría devaluar yun banco central que puede intervenir, mientras que España está atada al euro y depende de una autoridad monetaria con sede en Fráncfort. 

Culpar desde España al pueblo alemán de nuestras miserias es, en todo caso, tan injusto como creer, desde Alemania, que el Sur de Europa se ha ganado a pulso estar al borde de la quiebra. Es el juego. Hay un problema en la arquitectura del euro que los políticos, más que solucionar, han agravado con sus dudas y rencillas. El mercado ha visto que solo se ponen de acuerdo a regañadientes cuando la situación es extrema, por lo que tiene vía libre para persistir en sus ataques a España e Italia. Para hurgar en la herida, buscando un nuevo umbral de dolor de la UE. 

Es una operativa sencilla, prácticamente carente de riesgo. Cuando Europa empieza a convocar cumbres extraordinarias para que los políticos hablen se pueden cerrar las posiciones bajistas contra España, a la espera del "acuerdo para salvar el euro". Pasada una semana, se puede volver a insistir. El positivo pacto del Eurogrupo ha dejado a los mercados varios meses (lo que tarda en aprobarse en los Parlamentos) para jugar. Posiblemente este agosto alguien tendrá que cancelar vacaciones y convocar una cumbre europea, quizá para ampliar el tamaño del EFSF... Más de lo mismo. El compromiso político con el euro es escaso, y los movimientos predecibles. Eso es margen para especular. Con el BCE, todavía más de lo mismo.  El programa de compra de bonos se aplica con cuentagotas, dado que su mismo nacimiento supuso un terremoto político (siempre la política) en Fráncfort

Una autoridad monetaria comprometida no actuaría pasito a pasito; trataría de sorprender al mercado con una intervención de compra de deuda masiva, con nocturnidad y alevosía, que destrozase la cartera de los especuladores en pocas horas. Solo así éstos se lo pensarían dos veces antes de volver a atacar a la deuda periférica, por muy quebrada que esté Grecia. No es cuestión de razones, argumentos o cifras, sino cuestión de dinero. The game is the game.  

 

02 agosto, 2011 | 09:52

Hay papel para todos

Pues no, al parecer no era el techo de deuda de Estados Unidos. Tampoco Zapatero. Los traders que movieron ayer el futuro del Dax un 1,8% y un 1,9% en dos oleadas bajistas de pocos segundos de duración (en la imagen adjunta) no suelen leer las columnas de los diarios ni escuchar tertulias. La prima de riesgo está en 400 puntos básicos y no parece haber dique capaz de contener la marea bajista. 

En días como el de ayer, o en la apertura de hoy, no sirve demasiado pensar en motivos, o en si el mercado está sobrerreaccionando; mientras el dinero esté en modo pánico los traders se ensañarán con los activos de riesgo, como la deuda española o la Bolsa italiana, y se refugiarán en oro y francos suizos. Nada nuevo bajo el sol. Piensan que la tendencia es bajista y convierten el pensamiento en realidad. Cuando hay ganas de vender, cualquier excusa es buena.

El problema, en el caso de España, es otro. El ataque a la deuda tiene severas consecuencias para la economía real, y que persista tras la cumbre del Eurogrupo tiene dos lecturas. Una, que Europa se ha movido demasiado tarde y forzada por las circunstancias, por lo que sigue sin ser creíble a ojos de los mercados. Y, dos, que si en una situación límite como la actual (España e Italia al borde del precipicio) los operadores insisten en el castigo y no temen un contraataque del BCE, el futuro del euro está en serio peligro.

Como ya comentamos por aquí el otro día, no es tanto la solvencia de España o Italia, sino la supervivencia del euro. El mercado no ataca tanto la posibilidad de que España suspenda pagos, sino la posibilidad de que, llevados los tipos de interés de la deuda a un nivel límite (que desconocemos cuál es) y ante la dificultad (o imposibilidad política) de un rescate pagado con dinero o garantías de los Estados más solventes, no habrá muchas alternativas. O impago, o ruptura del euro o intervención masiva por parte del BCE, que tendría que elegir entre renunciar a su dogma (no imprimiré dinero) o quedarse sin trabajo.  

 

Dax crash

 

01 agosto, 2011 | 14:19

La austeridad tiene un precio

La tabla incluida más abajo recoge la evolución del comercio minorista en los 27 países de la Unión Europea según Eurostat. Una excelente vara de medir el precio real que supone la política de austeridad impuesta a las economías intervenidas de hecho (Grecia, Irlanda y Portugal) y a aquellas inmersas en draconianos planes de ajuste, caso de la española.

El desplome interanual (hasta mayo) del 7,7% en las ventas minoristas en España tiene que ver, con toda seguridad, con la subida del IVA. Pero en la tabla se puede observar que en Portugal las ventas minoristas han caído el 8%, en Irlanda el 4,9%. En Grecia bajaron el 8,8% en abril; pero el dato de marzo es un escalofriante 17,7%. Casi una quinta parte del comercio se ha volatilizado en 12 meses. En el Reino Unido la evolución no es tan negativa, pero el PIB creció a un ínfimo 0,2%, y el país solo se libra de la recesión gracias al hundimiento de las exportaciones. 

Si mientras el flujo del crédito permanece cerrado al sector privado (muy ilustrativo el hecho de que Santander haya restringido los préstamos un 7% en el España) el sector público ajusta cuentas por las bravas, el resultado es el hundimiento de la demanda. De ahí el desastre en el comercio minorista, que a su vez tiene efectos de segunda ronda sobre el empleo y la demanda. No es de extrañar que el sector que sostenga el empleo sea, según la EPA, el turístico. No tanto porque seamos un país de camareros, sino porque, sin demanda y ahogado el país por el cinturón de una austeridad que parece no tener límites ¿cómo se va a crear empleo? 

 

 

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