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Si los mercados funcionasen como se suponen que funcionan, muchos nos tendríamos que dedicar a otra cosa. Desde 1998, una sucesión de burbujas, crisis, burbujas y crisis ha alimentado mi escepticismo natural. Lealtad, 1 es mi visión, personal y muchas veces equivocada, de la actualidad de los mercados y la economía.

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Inicio | octubre 2007 »

28 septiembre, 2007 | 07:57

Vender un peine a un calvo


Nuño Rodrigo

La vuelta al trabajo, además de la consabida depresión posvacacional y de los anuncios televisivos de fascículos inverosímiles, ha traído este año un inusitado esfuerzo de colocación en dos de las mayores entidades financieras del panorama español, Santander y La Caixa. Ambas están tirando de la red de oficinas para colocar productos con los que financiar operaciones, una práctica totalmente legítima pero que debería poner en guardia al inversor particular.

Este diario ya señaló el pasado sábado las dudosas virtudes de la emisión de deuda del Santander, pues vende títulos que no son líquidos y que, pese a asemejarse a la renta fija, en realidad es un compromiso de compra futura de acciones. Con la desventaja de ser menos rentable que una inversión normal y corriente en valores y el añadido de que, sobre el papel, el banco no garantiza el pago del cupón. La CNMV avisó ayer sobre las condiciones de esta venta de títulos.

La Caixa está en medio de otra gran operación, en este caso la salida a Bolsa de Criteria. Ha cubierto fácilmente la demanda pero, por si acaso algún cliente se ha pillado los dedos con las vacaciones, ofrece comprar a crédito, a un tipo de interés del euribor más un punto. A los niveles actuales de euribor, eso supone un interés del 5,72% anual, más o menos lo que se prevé vaya a ingresar cada año el inversor particular por la vía del dividendo de Criteria.

Obviamente, cada ahorrador es el único responsable de dónde mete su dinero; si en fondos, depósitos, acciones, sellos o debajo del colchón. Si el inversor se buscase destino para sus ahorros con más ahínco, las redes comerciales de la banca no apretarían tanto en sus campañas, y quizá no presionasen tanto a sus trabajadores para obtener objetivos de captación que nada tienen que ver con el interés del cliente. Bastaría un poco de sentido común. Bastaría simplemente que el inversor se plantease cómo es posible que, de golpe y porrazo, una inversión sea la mejor y menos arriesgada para todo el mundo.

Teóricamente, la directiva MiFiD, que se aprobará próximamente en España, garantiza que la comercialización de servicios financieros se ajusta a las necesidades y conocimientos del cliente. Ojalá sea así.

27 septiembre, 2007 | 08:03

Los 1.000 puntos de la incertidumbre

Nuño Rodrigo

Si la Reserva Federal no hubiese recortado medio punto los tipos de interés de referencia, hace un par de semanas, podría pensarse que todo el ruido alrededor de las famosas hipotecas subprime ha sido poco más que una serpiente de verano. Más o menos en la línea de quienes señalaban, no hace tanto, que el posible pinchazo de la burbuja inmobiliaria era una manía de ciertos comentaristas. Pero es difícil aplicar la vieja táctica de matar al mensajero cuando quien imprime los billetes de un dólar con la efigie de George Washington cambia sus planes de forma radical.

Podría recurrirse al truco de la serpiente de verano porque el mercado, ese ente que provoca actos de fe inquebrantable, nos dice que el Ibex está a sólo 1.000 puntos de su máximo histórico, es decir, del momento en el que las personas supuestamente mejor informadas consideraban que la situación era mejor. Y no parece que sea así, es decir, no parece muy lógico que el riesgo de crisis se perciba con tanta claridad en las expectativas y las decisiones de política monetaria mientas la Bolsa, habitual saco de nervios, ejerce la labor contemporizadora.

Los 1.000 puntos saben a poco, en gran parte, debido a la propia baja de tipos de la Reserva Federal. Gustoso el mercado del pájaro en mano, recibió de perlas el dinero algo más barato. Si después llega la crisis ya quedará tiempo para vender. Y el bálsamo de corto plazo que provoca el descenso de los tipos contribuye, a su vez, a mitigar el riesgo de una crisis de mayores proporciones, añadiendo algo más de complejidad a una tormenta financiera ya de por sí retorcida.

No extraña en este contexto la reacción del mercado. Escasa si se toma la evolución de un punto a otro, pues desde finales de junio -cuando estallaron los fondos de Bear Sterns- el Ibex sólo cae alrededor del 2% pero muy nerviosa si se observan los niveles de volatilidad y la violencia de los altibajos que trufan este suave descenso.

Es pura ignorancia. Son los nervios de quien no sabe a qué carta quedarse y, finalmente se queda a medio camino -los 1.000 puntos son ese punto entre la confianza y el pesimismo- no porque crea que es la decisión correcta, sino porque, al menos de momento, no se atreve a hacer otra cosa.


26 septiembre, 2007 | 08:08

El analista que sí tiene bola de cristal

Miguel Rodríguez

En tiempos de volatilidad, uno puede tener la tentación de encomendarse a los hados para evitar tomar decisiones erróneas. O puede solicitar consejo de magos y astrólogos sobre si la conjunción planetaria es adecuada para invertir en tal o cual mercado.

Pues esto que suena a broma, que parece un auténtico disparate, resulta que sucede. En el amplísimo y variopinto universo financiero hay inversores que apoyan sus decisiones en la astrología. Existe un fondo en EE UU, The Astrologers Fund, cuyo gestor considera la astrología como una de las fuerzas que mueven los mercados, además de factores fundamentales y técnicos.

'Un analista astrológico estudia el comportamiento del mercado buscando la correlación de los ciclos planetarios con la evolución histórica de acciones, bonos, futuros y opciones', señala el gestor, Henry Weingarten, en la página web de la compañía.

Así, gracias a este analista cósmico, sabemos que los momentos de luna llena son propicios para las inversiones; no así los eclipses lunares. O que cuando Saturno y Neptuno están enfrentados, como ahora, es una mala señal. La última conjunción planetaria de estas características coincidió con la crisis inmobiliaria de Estados Unidos en 1989.

Weingarten afirma que su fondo, dirigido a inversores institucionales y grandes patrimonios, ganó un 17,09% en julio, un 26,15% en agosto y un 14,96% en septiembre (hasta el día 21). Pero su web no ofrece información sobre rentabilidades en periodos más largos de tiempo, ni sus resultados están auditados, ni el fondo aparece en los registros de la SEC.

No es raro oír hablar de famosos que consultan a astrólogos y videntes, y se sabe de grandes mandatarios de la historia que hicieron de la buenaventura una consejera de peso antes de tomar decisiones de importancia.

El mundo está lleno de supersticiosos y siempre habrá alguien dispuesto a creer que Telefónica va a subir porque las raíces de una patata vieja crecen en vertical y no inclinadas. Claro, que también hay quien cree que se pueden obtener rentabilidades estratosféricas sin asumir riesgo alguno. Como hay embaucadores dispuestos a aprovecharse de ello. Lo cual sólo se combate con cultura y formación.

25 septiembre, 2007 | 08:21

Un modelo que aún no se había testado

Miguel Rodríguez

En sí mismo, el entramado financiero que ha provocado la actual crisis no es pernicioso. Al menos no desde un punto de vista teórico. Tiene sentido que las entidades transfieran el riesgo cuando hay actores en el mercado dispuestos a asumirlo a cambio, claro está, de una ganancia superior. En un mundo perfecto, donde las probabilidades de impago son bajas, todos salen ganando.

El problema es que el sistema financiero al final acaba poniendo las cosas en su sitio. Lo sucedido viene a recordar a los inversores que nadie da duros a cuatro pesetas.

El último informe de estabilidad financiera del Fondo Monetario Internacional hace hincapié en la excesiva complacencia en que vivían los inversores. La crisis sobrevino porque en un ambiente de crédito fácil y bajas volatilidades se relajó la disciplina de mercado; aquélla según la cual el miedo a perder limita la asunción de riesgo de los inversores. Como en toda burbuja financiera, desapareció el miedo y con él la prudencia.

Pero como en toda crisis, hay lecciones que aprender de los errores cometidos. En ésta sobre todo, porque en las últimas semanas se ha puesto a prueba todo un modelo, basado en la titulización y transferencia del riesgo, que aún no había sido testado. Y sólo se tiene la certeza de que un dispositivo funciona cuando se prueba en las condiciones más extremas.

El punto débil de todo el entramado ha resultado ser la falta de liquidez. De un lado, la de unos productos, como la deuda colateral, que se han multiplicado exponencialmente, pero para los que no existe un mercado secundario en el que formar precios. Del otro, la falta de liquidez derivada de lo anterior. Los bancos han dejado de confiar entre ellos, al no saber quién está pillado y en qué medida en este mercado ilíquido y opaco. El FMI es consciente de que algo debe cambiar para que no se repitan los mismos errores. 'Tarde o temprano habrá que extraer lecciones, tanto del sector privado como en las esferas de la regulación y la supervisión, para reforzar el sistema financiero contra futuras presiones.'


21 septiembre, 2007 | 09:00

Sobresalir en medio de la tormenta

Miguel Rodríguez

La figura del gestor como generador de valor para una cartera ha ido tomando relevancia con los años. Los inversores ya no se conforman con acertar con el activo que mejor se va a comportar en un periodo de tiempo, sino que exigen además una cierta pericia al gestor de un fondo para conseguir batir al mercado. Es como si, con los mismos ingredientes, uno compitiera con Ferran Adrià en la elaboración del mejor plato. Los inversores buscarán siempre al Adrià de los mercados; lo que tiene toda la lógica del mundo.

Esta tendencia ha puesto de moda el concepto de alfa, que no es otra cosa que la rentabilidad adicional que añade el gestor a una cartera por su propia pericia. El alfa, así, se contrapone a la beta, que es lo que gana una cartera por la subida del mercado.

La búsqueda de valor añadido por parte de los gestores ha desarrollado toda una industria financiera de la que nacen productos cada vez más imaginativos.

El mayor exponente del alfa son los hedge funds o fondos de alto riesgo, a los que se les presupone la capacidad de obtener ganancias al margen de lo que hagan los mercados, es decir, alfa en su esencia más pura. Eso sí, los hedge funds llevan más de 50 años creando alfa para sus clientes.

Muchas gestoras han seguido los pasos de los hedge funds y, amparadas por la nueva legislación, han lanzado fondos de inversión tradicionales que utilizan las técnicas de los fondos de alto riesgo para añadir alfa a la cartera.

Por ejemplo, hay un concepto muy en boga conocido como 130-30, que consiste en invertir el 100% de la cartera en un índice (apostar por su subida) y vender corto las acciones que se espera que se comporten peor, por el 30% del valor de la cartera. La ganancia obtenida por la venta a corto se reinvierte en posiciones alcistas, de manera que el fondo está un 130% invertido en la Bolsa y un 30% corto. Según los estudios, esta técnica puede aportar hasta un 2% de ganancia adicional a la cartera.

El problema de estos y otros productos es que su éxito reside en la presunción de que la correlación entre diferentes activos es baja. Por eso, cuando sobrevienen las turbulencias estas carteras sufren como otras, y no hay alfa que valga. Porque en las crisis no se discrimina; todo cae a plomo.

20 septiembre, 2007 | 10:57

Apagar el fuego con gasolina

Miguel Rodríguez

Parece que, después de todo, la rebaja de tipos que acometió el martes la Reserva Federal no estaba tan descontada. Hacía cinco años que los mercados no asistían a un recorte de tasas de una cuantía similar, 50 puntos básicos, y entonces Bolsas y economías atravesaban momentos oscuros después de años de excesos derivados de la fiebre puntocom.

Los mercados han respondido con tanta intensidad en su subida como la rebaja que ha acometido la Fed y, por un momento, los inversores han olvidado los riesgos que hasta hace unas jornadas pendían sobre el sistema financiero.

Dice la Reserva Federal, en el comunicado emitido el martes, que la rebaja de tipos trata de anticiparse a algunos de los efectos adversos que sobre la economía podrían tener las turbulencias de los mercados financieros. Los inversores han acogido la decisión de la Fed con euforia y se han lanzado a la caza de gangas, a por aquellas compañías que han sufrido el castigo más severo.

Pero la decisión de la Fed debería hacer aflorar algunas dudas. Como por ejemplo, si una rebaja de medio punto es señal de que la Reserva Federal observa que las cosas están peor de lo que parece. O si la rebaja del precio del dinero no va a fomentar de nuevo una espiral de endeudamiento como la que ha generado la crisis de liquidez.

En los últimos días se ha planteado el debate en Estados Unidos sobre si es moral que la Fed salga al rescate de especuladores y temerarios. No es desde luego la opinión de Bernanke, pero el presidente de la autoridad monetaria ha tenido que enfrentarse al dilema de dejar a su suerte a los culpables de la crisis o intervenir para evitar daños mayores a la economía.

A la vista está que ha optado por lo segundo, por poner la venda antes de que la hemorragia requiera puntos de sutura. Pero, de nuevo, lo que ha hecho Bernanke es combatir las consecuencias con las causas, o lo que es lo mismo, intentar apagar el fuego con gasolina. Porque una de las razones que explican la exuberancia crediticia que está estallando en las manos del sector bancario es la política de tipos bajos que mantuvo Alan Greenspan al final de su mandato. Paradójicamente, se están combatiendo las consecuencias de las rebajas de tipos con nuevas rebajas de tipos.


19 septiembre, 2007 | 08:51

Viejas recetas para crisis de nuevo cuño

Miguel Rodríguez

El mundo, para bien o para mal, ha cambiado en las últimas décadas, y la globalización, al menos la financiera, es un hecho incuestionable. Los mercados son más eficientes, porque permiten que el exceso de ahorro en cualquier lugar del mundo pueda financiar la demanda de crédito en la otra punta del globo.

'Desregulación, desintermediación e innovación financiera (con la tecnología como aliado) han creado un sistema financiero que es mucho más eficiente que antes', comenta en un informe el equipo de análisis de política financiera de Moody's. Los expertos de esta agencia de calificación analizan en dicho informe las profundas transformaciones que ha vivido el sistema financiero y que explican las dificultades con que se han topado los bancos centrales para combatir la actual crisis de liquidez.

'El problema es que los bancos centrales se diseñaron para resolver los problemas de los bancos, no las crisis de confianza de los mercados', comentan.

Una de las claves de lo que está pasando es el proceso de desintermediación financiera que se ha producido. Los bancos ya no dominan en exclusiva los flujos de capital, sino que son los mercados los que los distribuyen, en un contexto además global, de flujos transfronterizos y comunicaciones instantáneas.

Quiere esto decir que existen muchos actores, algunos de importancia capital en el sistema, que ni tienen acceso a los bancos centrales ni están regulados por ellos. Así que la tarea de la autoridad monetaria a la hora de favorecer la estabilidad financiera es ahora más difícil.

El mercado moderno se autorregula bajo la premisa de una disciplina de los inversores basada en el miedo a perder cuanto más riesgo se asume. Con menos regulación y menos intermediación bancaria, lo que mueve los mercados es la confianza. 'El sistema financiero moderno está construido sobre el endeudamiento, que sólo es posible con la presunción de liquidez', apuntan en Moody's. Y esa presunción es puramente psicológica, como muestra el que la liquidez del sistema haya desaparecido en las últimas semanas sin que aparentemente hayan cambiado las condiciones económicas. Al menos de momento.

Así que los bancos centrales tienen ante sí una tarea complicada: solucionar una crisis de nuevo cuño, para la que no bastan los viejos remedios.

18 septiembre, 2007 | 08:50

La volatilidad no es flor de un día


Miguel Rodríguez

Cuando la desconfianza se adueña del mercado, los inversores no distinguen el grano de la paja y todos los activos, independientemente de su calidad, caen a plomo. Las recomendaciones de los analistas pasan a un segundo plano y la pregonada selección de valores cae en el olvido, arrastrada por una espiral de ventas indiscriminadas.

Sucede estos días con el sector financiero. Si las entidades no se fían entre ellas, si los bancos centrales han tenido que inyectar liquidez en el sistema interbancario, no es de extrañar que los inversores tampoco se fíen de los bancos.

Así que el sector financiero en su conjunto acaba pagando los excesos, lo cual tiene su lado positivo, porque cuando los desplomes no están justificados, lo que se crean son oportunidades de compra.

Pero para que las aguas vuelvan a su cauce, para que los inocentes ganen de nuevo el crédito del mercado, se necesita recuperar la confianza, un activo tan intangible como vital en los sistemas financieros. Y ello requiere de señales y mensajes positivos e inequívocos, algo de lo que las Bolsas no están sobradas últimamente.

Esta semana va a ser importante en lo que se refiere a señales y mensajes. La decisión de tipos que tomará hoy la Reserva Federal va a ser determinante para el devenir de los mercados en las próximas sesiones. Pero hay otras citas en la agenda que no conviene pasar por alto. También hoy comienza la temporada de resultados de la gran banca de inversión estadounidense, artífice y víctima posteriormente del complejo entramado financiero que ha permitido que una crisis local, como la de las hipotecas subprime, se extienda por todo el globo.

Lehman Brothers inicia hoy la campaña, y le seguirán Morgan Stanley, el miércoles, y Bear Stearns y Goldman Sachs, el jueves. El mercado no espera buenas noticias, pero aguarda con interés conocer el impacto real de la crisis de liquidez sobre las cuentas de estas entidades. Lo que digan los bancos de inversión en los próximos días puede ser tanto o más importante para las Bolsas que el mensaje de la Fed. Eso sí, no parece, en cualquier caso, que ni unos ni otro vayan a ser capaces de atemperar el riesgo actual del mercado. La volatilidad, lamentablemente, no es flor de un día.

13 septiembre, 2007 | 08:19

Los tontos y los inocentes

Miguel Rodríguez

A estas alturas de la película nadie duda de que la Reserva federal rebajará los tipos de interés en la reunión del próximo martes. Lo que no se sabe con seguridad es la cuantía. Los futuros sobre los tipos de interés han dado esta semana una probabilidad del 80% a un recorte de 50 puntos básicos.

Hace dos semanas, la Reserva Federal de Kansas City celebró un simposio en Jackson Hole (Wyoming) sobre sector inmobiliario y política monetaria. Paul McCulley, director gerente de Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo, asistió al simposio y tuvo oportunidad de compartir sus reflexiones sobre la crisis hipotecaria con la elite financiera estadounidense.

Cuenta McCulley que los asistentes a Jackson Hole coincidieron en señalar como positiva la destrucción de valor de muchos de los productos ligados a préstamos hipotecarios. 'Cuando el capitalismo funciona mejor es cuando destruye al inversor tonto de corto plazo y apalancado, mandándole a la casa de los pobres mientras sus activos son vendidos con un fuerte descuento al inversor menos apalancado', cuenta en una nota.

El problema, dice, el quebradero de cabeza de la Reserva Federal es que en esa limpia que se produce en el mercado no sólo sean barridos los tontos apalancados, sino también los inocentes, en este caso, los hipotecados estadounidenses.

Ben Bernanke ha tenido que lidiar con un dilema de calado. No quiere que la Reserva Federal saque las castañas del fuego a Wall Street cada vez que los tontos apalancados forman una burbuja. 'En los mercados financieros capitalistas la disciplina y la prudencia requieren que los inversores tengan miedo a perder', apunta McCulley. Pero tampoco puede dejar que los excesos de unos pocos acaben provocando un contagio al conjunto del sistema económico, porque su tarea es favorecer el crecimiento de la economía en un contexto de inflación controlada. Así que finalmente la Fed tendrá que intervenir. No para salvar a los tontos, sino para evitar que la desaceleración se convierta en algo más serio.

12 septiembre, 2007 | 08:15

El esfuerzo de salir a Bolsa 'bajo presión'

Miguel Rodríguez

La incertidumbre es, a todas luces, el peor enemigo de los mercados. Por eso, en periodos de alta volatilidad como el que viven las Bolsas últimamente, hay señales que pueden contribuir a que los inversores recuperen la confianza perdida.

Es significativo el hecho de que casi una decena de compañías tiene intención de salir a cotizar en la Bolsa española en los próximos meses. Como es significativo el que ninguna haya suspendido sus planes a pesar de lo que está lloviendo en los mercados.

Criteria, el holding de participaciones industriales de La Caixa, ya ha puesto en marcha la maquinaria publicitaria para atraer a sus potenciales inversores. Por cierto, que la caja catalana ha elegido como melodía para su campaña (¿intencionadamente?) la canción Under Pressure, compuesta por David Bowie y Queen y que literalmente significa 'bajo presión' o 'presionado'.

La división de energías renovables de Iberdrola, el grupo financiero Renta 4, la compañía del sector de juego Codere o la inmobiliaria Tremón son sólo algunos ejemplos de firmas interesadas en colocar papel en el mercado. Bien es cierto que Tremón retrasó sus planes antes de verano, pero su condición de inmobiliaria requiere en estos momentos no tomar decisiones bursátiles a la ligera.

También el Grupo Santander ha iniciado una campaña para colocar 5.000 millones de euros en obligaciones convertibles dentro de sus planes para financiar la opa sobre ABN Amro.

Es encomiable el esfuerzo realizado por estas compañías para dar buscar financiación en los mercados, porque las condiciones no son ni tan siquiera parecidas a las de hace unos meses. Hay más volatilidad, más nerviosismo y más desconfianza. Lo que significa que si estas firmas quieren debutar con éxito, tendrán que ofrecer algo más. Los inversores, al fin y al cabo, son ahora más exigentes que hace un año. Y eso requiere ajustar las ofertas a los tiempos que corren.

11 septiembre, 2007 | 08:39

Menos mal que tenemos a China

Miguel Rodríguez

Durante años, la economía mundial ha bailado al son que marcaban los consumidores estadounidenses. La confianza de los hogares de aquel país ha sido determinante para que el resto de las economías mantuviera sus cotas de crecimiento. Estados Unidos era -y aún es- la mayor economía del planeta y su consumo interno aportaba más de dos tercios de su crecimiento. De ahí el dicho que afirma que cuando Estados Unidos estornuda, Europa se constipa.

Estados Unidos ha estornudado, aquejado del virus de la crisis hipotecaria, alimentado por años de tipos de interés muy bajos. El descenso del consumo interno será con toda probabilidad la consecuencia directa de un encarecimiento de las hipotecas, del aumento de los embargos y de la destrucción de empleo. Habrá, pues, desaceleración y aún está por ver si la primera economía del mundo entra en recesión.

El sentido común aconseja alejarse de aquellos activos más expuestos a una desaceleración del consumo interno estadounidense. Lo cual no es fácil, ni mucho menos.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte el mapa del crecimiento mundial se ha trastocado. Han aparecido actores de peso creciente que pueden salvar al mundo de la recesión. En este reequilibrio de la balanza del crecimiento, China, Rusia, Turquía, India o Brasil tienen cada vez más que decir y, sobre todo, mucho que aportar. Porque la fuerte demanda que generan en todo el mundo comienza a ser superior que la del consumidor estadounidense.

Dice Goldman Sachs, en un informe de la semana pasada, que si el mundo entra en recesión no será por la falta de crecimiento en Estados Unidos, sino porque China haya entrado en crisis. 'Nuestros últimos indicadores sugieren que China, si acaso, se está acelerando', apunta el banco de inversión. Y añade: 'Uno podría incluso decir 'Gracias a Dios que tenemos a China'.

06 septiembre, 2007 | 08:24

Entre los optimistas y los temerarios

Miguel Rodríguez

Hay demasiada complacencia en el mercado. La situación es probablemente más seria de lo que las Bolsas están cotizando'. Quien así se expresa es François Moute, gestor de fondos de la firma holandesa ABN Amro y uno de los mayores especialistas europeos en la Bolsa estadounidense. El fondo de Moute, denominado ABN Amro US Opportunities, se ha situado entre los cinco mejores de su categoría en los últimos tres años.

En el turbulento mercado de este verano, François Moute se ha alineado con la corriente más pesimista, la de los gloomies que piensan que lo peor está aún por venir. 'La crisis crediticia actual es seria, pero es sólo la punta del iceberg', ha comentado en una entrevista a la agencia Bloomberg. 'Hay demasiada deuda. Este no es mejor escenario para las acciones y conviene ser prudente'.

Tan negativa es su visión en estos momentos que Moute ha rebajado su exposición a la renta variable estadounidense del 85% al 60%, el máximo que le permite el reglamento del fondo. Lo curioso es que esta decisión la tomó hace más de un año, a principios de 2006.

Su falta de confianza en la Bolsa estadounidense le ha llevado incluso a apostar contra los índices; es decir, por su caída, mientras el mercado resiste con bastante dignidad los embates crediticios.

Las Bolsas han caído, pero no ha habido hasta el momento un desplome de calado suficiente como para hablar de un crac. Y en tanto no haya señales de una crisis más profunda, los más optimistas consideran que las caídas no son sino oportunidades de compra. Un 71% de los gestores españoles, según la encuesta de Lipper, considera que la renta variable está sobrevendida. Una mayoría significativa tiene planes para aumentar su exposición a la Bolsa en los próximos tres meses.

De momento han buscado refugio, porque una cosa es ser optimista y otra temerario. Pero avizoran cada caída bursátil, aguardando señales para volver a entrar al mercado.


05 septiembre, 2007 | 10:08

Lo difícil es poner nombre a una crisis

Miguel Rodríguez

La crisis que planea sobre los mercados financieros ha recibido toda una serie de calificativos, diferentes según la percepción de la gravedad de la coyuntura por parte del interlocutor de turno. Crisis hipotecaria, crisis de liquidez, crisis de confianza, crisis de crédito... El uso de unos u otros adjetivos no es casual y es parte de un debate intenso, sobre todo en Estados Unidos, sobre el alcance de las turbulencias financieras; de las actuales y de las que presumiblemente están por venir.

El problema, lo que dificulta enormemente la adjetivación de la crisis, es la falta de transparencia en el mercado de derivados de crédito, lo que de momento impide conocer cuántos y con qué intensidad se han visto afectados por la crisis subprime.

Optimistas y pesimistas debaten estos días sobre el asunto. Los primeros hablan de crisis de liquidez y de confianza. Los segundos la denominan ya crisis de crédito. La diferencia entre ambas denominaciones es sustancial. En una crisis de liquidez, el deudor es solvente, podría hacer frente a sus compromisos si se refinanciara su deuda o se ampliara el periodo de vencimiento, pero en ese momento determinado sus acreedores no están dispuestos ni a refinanciar ni a aumentar los plazos. Es, por tanto, una crisis de confianza.

En una crisis de crédito, el deudor no es solvente. No podría hacer frente a la deuda ni siquiera si hubiera refinanciación o aumento de vencimiento. El acreedor debe asumir la pérdida de un dinero que prestó y que no va a recuperar.

Dicen los expertos que una crisis de liquidez puede combatirse con políticas monetarias; rebajando los tipos de interés o, como ha sucedido recientemente, inyectando liquidez en el sistema financiero. Otra cosa, dicen, es la crisis crediticia, donde la política monetaria no basta, sino que hacen falta medidas de más calado, principalmente fiscales. Algo similar a lo que anuncio el presidente Bush el viernes pasado.

04 septiembre, 2007 | 17:35

El sueño inquieto de los banqueros

Miguel Rodríguez

Debe de ser difícil conciliar el sueño cuando se es banquero central. Más aún en estos turbulentos días en los que los mercados están a la que salta, temiendo que en cualquier momento una pequeña grieta en el sistema financiero acabe resquebrajando la presa.

Ben Bernanke y Jean-Claude Trichet deben tomar una difícil decisión; han de valorar el impacto potencial de la situación crediticia y contraponerlo en una balanza a las perspectivas económicas que manejaban hasta el momento.

En cierto modo, la crisis de liquidez de este verano ha dado al traste con los planes de los bancos centrales. La Fed lleva meses vigilando el alcance de la desaceleración estadounidense y, aunque se preveía un recorte de tipos en algún momento, se esperaba más tarde que pronto.

El Banco Central Europeo, en su cruzada contra la inflación, tenía en mente mantener la escalada del precio del dinero, arropada por los óptimos datos que emanan desde Alemania.

Pero es difícil tomar una decisión cuando faltan elementos de juicio. El riesgo está diseminado por el sistema y no se sabe quién tiene qué ni cómo puede afectarle la crisis hipotecaria. En el mejor de los casos ya se descuenta un impacto, por mínimo que sea, sobre el crecimiento económico. Pocos, hasta el momento, han querido imaginar qué pasaría en el peor escenario.

La presión es intensa desde las diferentes instancias políticas y económicas. 'Sea prudente, señor Trichet -vienen a decir- y mantenga por el momento las cosas como están'.

Y en estas se debaten a día de hoy los banqueros centrales. Entre hacer caso al mercado y poner la venda antes que la herida o seguir con los planes previstos, confiando en que la crisis lo sea sólo de liquidez y no de crédito. Cualquiera que sea el mensaje puede hacer saltar las Bolsas, cuya sensibilidad en estos días está a flor de piel.

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