Sobre el autor

Bernardo de Miguel es corresponsal en Bruselas desde finales de 1999. Desde entonces ha cubierto el nacimiento del euro, la ampliación de la UE hacia el Este, el descarrilamiento de la Constitución europea y el brutal impacto de la crisis financiera. Autor de “¿Qué está pasando?” (Ediciones Deusto, 2011), una reflexión urgente sobre la primera gran crisis de la moneda única europea.

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09 octubre , 2009 | 12 : 39

Dublín y Praga meten la cuchara

Cuchara La absurda trama llega a su fin. Irlanda ha "revotado" que Sí al Tratado de Lisboa y el presidente checo, más temprano que tarde, tendrá que firmar el texto (mi pronóstico es que antes de la cumbre europea del próximo día 29). Tras el desenlace, un abogado o un inspector de policía probablemente se preguntaría qui prodest? ¿A quién ha beneficiado el tortuoso proceso de ratificación del Tratado?

No hace falta ser el guionista de La Huella del Crimen para intuir que los principales réditos los cobrarán Dublín y Praga. Irlanda ha logrado que todos los países mantengan un represante en la Comisión Europea, una reivinidicación compartida por los los países "pequeños", incluida la República checa. 

Los réditos, ciertos o probables, nos llevan a la siguiente pregunta del cluedo comunitario: ¿han sido producto de un chantaje o consecuencia inevitable de las peculiariedades políticas de cada país?

Tras una primera inspección ocular, más de uno descartaría la premeditación en el caso del Gobierno de Brian Cowen y sería menos comprensivo con el checo Vaclav Klaus. Pero un regreso al lugar del crimen irlandés abre otras interrogantes.

Cowen convocó el primer referéndum a pesar de que no tenía ninguna obligación de hacerlo, porque el Consejo de Estado irlandés no lo consideraba imprescindible. Durante la campaña, su Gobierno se dejó barrer por los argumentos simplistas de los partidarios del No. Y tras la derrota en las urnas se presentó en Bruselas a reclamar su comisario, a sabiendas de que en un segundo referéndum y con una campaña adecuada no costaría convencer a un pueblo mayoritamente partidario de la UE.

Resulta inevitable sospechar que la coartada del referéndum permitió a Dublín recuperar lo que había perdido durante la negociación del Tratado.  Y, lo peor, es que la la fechoría puede causar furor en el resto del hampa comunitario.

Nicolaus Heinen, del Deutsche Bank Research, advierte en un reciente análisis que la concesión a Irlanda "envía una mala señal para futuros referendos: cualquier país que vote "no" a la primera será premiado con beneficios adicionales".  La úncia vacuna posible sería exigir la dimisión al Gobierno que pierda la primera convocatoria.

En cuanto a Praga, la cosecha, aparte del comisario de rebote, parece menos clara. Pero eso no excluye contrapartidas bajo manga. La próxima semana, sin ir más lejos, Bruselas quiere rematar un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur que aterroriza a algunos países europeos por su posible impacto en el sector del automóvil. La República checa es uno de los posibles afectados y su comisario ya está maniobrando en Bruselas para evitar la firma del pacto con Seúl o variar sus términos en el terreno de la automoción.

Foto: expo en la sala Les Brigittines de Bruselas (B. dM., marzo 09).

Comentarios

Rafael Talavera

Se trata de un chantaje en toda regla que no deberia permitirse mas. 4 millones de personas no pueden decidir por 500 millones. Como puede entenderse un cambio tan grande en los resultados de los dos referendum en Irlanda? Los irlandeses son listos y saben como tener agarrados por ahi al resto de los europeos. La unica vacuna posible? No exigir la dimision al Gobierno: que un referendum negativo suponga la salida del pais de la UE, que se vayan.

Miguel Miguel

Luego se dice que las instituciones europeas tienen un déficit democrático, que tienen falta de legitimidad, mientras que se permite que algunos países a través de referendum puedan retardar el proceso de construcción europea imponiendo sus propias condiciones a los demás, o incluso que algunos presidentes llamados "euroescépticos" puedan oponerse a la decisión de sus parlamentos nacionales (y por tanto de los ciudadanos) que ya han ratificado favorablemente, simplemente para hacerse notar. Si no se hace un procedimiento uniforme de ratificación en todos los países seguirá pasando esto.

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