Sobre el autor

Julián Díez lleva veinte años compaginando su labor como periodista con trabajos relacionados con sus aficiones, como la literatura y el cine de género, los videojuegos o la música. Además de en ‘Cinco Días’, escribe regularmente en ‘El País’ y ‘XLSemanal’

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14 diciembre , 2009 | 08 : 30

¿Dónde contar la historia
del chico del Maestrazgo?

Hace un par de años fui a hacer un reportaje sobre la ruta de un autobús escolar en el Maestrazgo, que va por lugares bastante recónditos. La última parada es casi de vuelta al pueblo de partida. En la carretera principal de la comarca, había una marquesina semiabandonada, y allí un par de chavales: un chico de doce años, con gafitas y pinta de empolloncillo, y una niña de seis, su hermana. Su aspecto es algo desamparado, vienen caminando desde su masía, que se ve a unos 300 metros, están solos, hace frío, son los últimos en ser recogidos.


Los demás chavales les saludan con suavidad. Le pido al chico que se siente conmigo y me cuente un poco su historia.

-Tienes pinta de que se te da bien estudiar, ¿eh?
-Sí, me gusta. Sobre todo las ciencias.
-¿Quieres luego hacer una carrera?
-Sí, quisiera hacer algo relacionado con los animales, por ayudar en casa. -De los 15 que han subido al autobús, es el segundo que piensa en la universidad para cuando termine la ESO.
-Ya.
¿Son ganaderos, tus padres?
-Sí, tenemos animales.
-¿Tus padres nacieron en esa masía?
-No, la compraron. Mi padre es de Tal , y mi madre de Cual. -Dos pueblos cercanos.

Charlamos un par de minutos más, él me responde con claridad y un cierto pudor. Le agradezco que me atienda. Vuelve a su posición.

Cuando llegamos al colegio, tengo que verificar que contamos con permisos firmados de los padres para sacar las fotos, imprescindibles en caso de menores. Había hecho llegar a la jefa de estudios previamente un formulario, y están casi todos firmados. Le digo que estoy especialmente interesado en los de los dos chicos que quieren estudiar en la universidad.

-Sí, estoy seguro de que los dos los tienes. Están firmados por las madres... La de ella está separada. Y el chico que me dices tiene una historia muy dura. Su padre murió hace dos años. No sabemos cómo los mantiene su madre, cómo saca adelante una casa enorme y los animales con tanto trabajo. El sigue estudiando bien, pero hace unas semanas estuvimos en una excursión en la que nos quedamos a pasar la noche, y no dejó dormir a nadie. Tenía alucinaciones, hablaba con su padre.

Y entonces, até cabos súbitamente. Descompuse los detalles de su aspecto que me habían hecho pensar en desamparo, y que apenas había advertido de manera consciente: las gafas demasiado pequeñas para su rostro crecido, seguramente necesitadas de un cambio hace muchos meses; el chándal de mercadillo ya demasiado raído, el aire protector sobre su hermana, silenciosa y huidiza. El respeto de los demás chavales al subir. El aire cansado, fruto tal vez de haberse levantado temprano para ayudar a su madre en las tareas de la casa. El deseo de estudiar algo relacionado con la ganadería, para sacar adelante su hogar.

La dignidad para eludir referirse a su desgracia, la mención a su padre, la búsqueda de aprobación en su tono de voz prudente.

El resplandor de fortaleza que había hecho que me acercara a hablar con él mientras no lo había hecho con algunos de los otros.

Saldrá adelante, no me cabe duda. Pero cuánto me gustaría saber cómo se puede ayudar a valientes como él. Y cuánto me gustaría saber dónde podría comprar para mí un poco de su coraje.

También me gustaría saber cómo contar historias como esta en el mundo informativo de hoy. Las que no tienen cabida en los periódicos, porque son pequeñas. Las que no aparecen en programas de televisión viajeros, porque no son truculentas sino sólo un poco tristes. Las que no pueden conseguir los medios de internet porque suponen viajes de periodistas a ver las cosas in situ, que el actual modelo empresarial no permite pagar. Las que no se encuentran documentándose en Google.

Internet no ha conseguido que se puedan conocer las historias de toda la gente que es como el chico del Maestrazgo -trabajadora, esforzada, ejemplar- y de la que nada sabemos, porque representa valores anticuados y poco interesantes. Además, hay tanto ruido. Tantas petardadas que comentar en Facebook, tantos vídeos de gatitos, tantos textos explicando lo malos que son los mismos de siempre para repetir hasta la saciedad.

Al menos, aquí está su historia.

Comentarios

Bueno, al final si que la has contado. Y en Internet. Yo la he leído, y me ha parecido interesante, y emocionante. Si lo hubieses puesto en un periódico probablemente yo no la habría leído. ¿Habría llegado a más lectores? No lo se. Tal vez. O tal vez no. Pero ya empiezas diciendo que en los periódicos no tendría sitio.

Yo no veo prácticamente la televisión. La radio la escucho en el coche y mientras desayuno. Sin embargo dedico prácticamente todos los días un par de horas a ver cosas por internet. Algunas como esta historia. Por otra parte, tengo cuenta en Facebook, pero no la uso. Y jamás veo vídeos de gatitos, como tampoco veo ni reenvío powerpoints chorras de esos que me llegan a veces por correo. Desconozco si soy un ejemplo muy representativo o no, pero conozco más gente con un perfil similar al mío en estos temas. Imagino que cada vez seremos más.

Julián, magnífico, entre tanto ruido cibernético y mentiras digitales, una historia que nos devuelve a la realidad.

Si no fuera porque esos niños, ese autobús y ese colegio existen, sería casi una historia de Dickens, un cuento de Navidad laico. Frío, triste y algo fantasmagórico. Y con un héroe frágil y duro a la vez.

Me ha gustado tu historia y me identifico totalmente con Suso, aunque creo que escucho algo más que él la radio. Querido amigo; me parece que somos muchos, y cada vez más, los que abominamos de tanta basura, digital o de la otra.

es muy interezante! y para reflexionar! cosa que al parecer no hacemos muy seguido! gracias por dedicar tiempo a tan valiososo aportes!

pudes contar la historia en cualquier lado mientras q tengas un buen publico.

Su aspecto es algo desamparado, vienen caminando desde su masía, que se ve a unos 300 metros, están solos, hace frío, son los últimos en ser recogidos.

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