Sobre el autor

Julián Díez lleva veinte años compaginando su labor como periodista con trabajos relacionados con sus aficiones, como la literatura y el cine de género, los videojuegos o la música. Además de en ‘Cinco Días’, escribe regularmente en ‘El País’ y ‘XLSemanal’

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23 noviembre , 2009 | 00 : 30

En directo desde... bueno, desde un sitio cualquiera, oscuro, Dios sabe dónde, tal vez Carabanchel incluso

La única vez en que he hecho de reportero televisivo fue con motivo de una estancia en Estambul. ¿Recuerdan aquellos atentados que hubo, bombas en hoteles de turistas? Bien, allí estaba yo esos días, en noviembre de 2003.
Andábamos paseando por el Gran Bazar cuando nos llamaron por primera vez. Las noticias que nos iban llegando hablaban de cuatro o cinco bombas simultáneamente colocadas en lugares estratégicos de la ciudad. Luego resultó que sólo habían sido un par, en sitios próximos entre sí, y habían muerto una treintena de turistas, en un hotel por el que pasábamos cada día por la puerta y en el consulado inglés, frente al que cenamos la noche anterior. Aunque esa mañana nos encontró del otro lado del Bósforo.

Por circunstancias personales que no vienen al caso, surgió la posibilidad de que hiciera una conexión en directo para una televisión. Se me ocurrió que el día estaba perdido de todas formas, y que al menos así haría algo práctico, lo que resultó ser por una vez una interpretación inteligente de la situación por mi parte.

Vi la CNN en el hotel para enterarnos de lo que había pasado, porque claro, ni idea. No había forma de acceder a la zona donde se habían producido los atentados y la rueda de prensa de las autoridades ya se había celebrado. A las seis y media fuimos a la zona donde se habían instalado todas las cámaras de las diferentes agencias internacionales, donde yo haría mi debut como periodista televisivo, en directo, uau. Las cámaras estaban todas alineadas en una avenida situada a 300 metros largos de Istikal Kadesi, la populosa calle peatonal donde se produjeron las explosiones, y que estaba totalmente acordonada por el ejército. Había allí, buf, qué sé yo, treinta cámaras, todas juntitas y apuntando a... a... Bueno, a nada, a una calle por la que sí pasaban coches y el tráfico seguía con normalidad. Idéntica a la Avenida de los Poblados de Carabanchel, en realidad.

Yo seguía sin tener ni puñetera idea de nada de lo que había pasado: todo estaba cerrado y sólo algunos periodistas turcos se movían con libertad. Amablemente, desde Madrid me informaron de lo que había ocurrido en las últimas horas. Me lo apunté. Hicimos una prueba del enlace del satélite, subido a una maleta en precario equilibrio. A las ocho y media, entré en directo. Para dar un detalle de calidad (o snob), empecé diciendo algo así como "en los 2.500 años de historia de esta ciudad, se recuerdan pocas jornadas tan trágicas como la de hoy". Lo cual, tratándose de la ciudad del navegante Byzas, en la que se vivió algún evento que se ha acordado como jalón para un cambio de periodo histórico, era cuando menos una licencia poética.

Al parecer, no lo hice mal del todo, salvo la inevitable tendencia a las frases largas que está en contradicción con lo que es necesario en la tele. Ah, y el hecho de que dije la chorrada "a mis espaldas pueden ver", cuando no tengo dos espaldas hasta que se demuestre lo contrario, y además no se veía absolutamente nada.

Bien, conclusiones por si alguien no las ha captado. La tele en cuestión invirtió un dinero que no sé estimar -pongamos tranquilamente 1.500-2.000 euros- en tener a un tío que no tenían ni puñetera idea de cómo iba a hacerlo subido en una maleta diciendo lo que ellos mismos le habían contado por teléfono. Tras de mí, el paisaje que se contemplaba -y en todas las demás conexiones internacionales, por cierto- era una calle que era Estambul, pero podría haber sido perfectamente el barrio de Vallecas, por poner un caso.

Después de mí se subió a la misma maleta Angela Rodicio, que acababa de llegar de Jerusalén, y contó lo que le dijeron por teléfono desde Madrid, ante el aburrimiento del operador del enlace internacional que iba viendo pasar a uno tras otro tras otro de aquellos extranjeros que iban soltando cada uno la misma perorata en su propio idioma. Aunque, a ver: cómo iba esa mujer, pongamos por caso, a saber nada si los atentados habían sido a la una de la tarde, eran las ocho y había tenido que hacer dos mil kilómetros desde la sede de su corresponsalía.

Desde entonces, he comenzado a fijarme en las conexiones en directo, que suponen una fuerte inversión para los informativos de las teles. La mayor parte de ellas, por lo que a mí respecta, podrían hacerse perfectamente desde el jardín de la propia tele, cambiando un poco los enrejados de las ventanas, o con un croma, como en los programas de humor. Y lo que dicen los periodistas es obvio, en la mayor parte de los casos, que no pasa de ser la información de las agencias, las únicas que tienen suficiente gente in situ, mientras ellos han estado muy ocupados yendo de un lado para otro como para además enterarse de lo que realmente ha pasado.

En fin, todo muy extraño, muy caro, muy aparatoso, muy inútil. Muy de la tele. Francamente, en internet se encuentra mejor información.

Comentarios

Hombre, eso ha sido así de toda la vida de Dios, como cuenta Evelyn Waugh en Noticia bomba! De todos modos no estoy muy seguro de que la información en internet sea mejor, pero sí de que es mucho más barata, y probablemente también que la relación calidad-precio sea bastante mejor.

Me acuerdo de aquella vez..., fué para una televisión local de Madrid, no sé, si se puede decir el nombre, estuvistes una semana allí y te pilló de lleno. En teoría estabas de vacaciones, pero la verdad mejor tú que cualquier otro.
Un saludo de tu primo, que aunque no lo sepas, te sigue desde hace muchos años.

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