Automóviles en la ciencia ficción
La ciencia ficción nació a la vez que la industrialización y
los avances científicos. Y el producto por antonomasia de la industria ha
terminado por ser el vehículo individual, el coche. Así que era, de alguna
forma, inevitable que el género del futuro terminara por imaginar vehículos
cada vez más poderosos y aerodinámicos: fantasías de metal cromado, con
perfiles vertiginosos, que difícilmente podrán llegar a las manos de los
espectadores, pero que suponen hermosos sueños imposibles.
Con todo, el desarrollo del automóvil no fue imaginado por
ningún escritor del siglo XIX, y narradores como Julio Verne y H.G. Wells
centraron sus fantasías para las comunicaciones más rápidas en el mar (con
ejemplos como el Nautilus de Veinte mil
leguas de viaje submarino) o el aire (véase Dueño del mundo, también de Verne). Cuando los creadores de Metrópolis (1929) concibieron su ciudad
del futuro, los únicos coches que imaginaron volaban entre los rascacielos.
Lo coches alcanzaron verdaderamente protagonismo en la
imaginería de la ciencia ficción a partir de los años ochenta, gracias a varios
vehículos míticos. Los primeros son los spinners,
los coches voladores de Blade Runner.
Esta película cuyo 25 aniversario se conmemora este año, marcó un decisivo
cambio en la estética de todo el género, con sus homenajes al cine clásico. Esa
línea fue resaltada por Syd Mead, un ex empleado de Ford que fue el responsable
del diseño artístico de la película.
Debido a su formación, Mead hizo hincapié en la importancia
de los vehículos. A la historia del cine han pasado los llamados spinners, los coches voladores de
aspecto achaparrado y aerodinámico, con regusto tradicional pero innegablemente
vanguardistas. “Nuestra idea era que pareciera siempre un coche, volando o por
una calle. Nos parecía que esa imagen sobria aportaba más a lo que queríamos de
la película que no un objeto en el que se desplegaran cohetes y chismes”,
afirmó Mead. También aparecen en Blade
Runner otros coches, entre ellos un Ford sedán que conduce el personaje de
Harrison Ford.
Aunque no estrictamente futurista, tiene un rol inolvidable
en su historia el De Lorean DMC-12 sobre el que se coloca la máquina del tiempo
de la trilogía Regreso al futuro (1985-1990).
El perfil agresivo, pese a que su carácter resultara
extremadamente bonancible, era característico del Coche Fantástico de la serie
televisiva homónima (1982-1986), conocido como KITT (siglas que corresponden a Knight
Industries Two Thousand). En rigor, KITT era un Pontiac
Trans Am –uno de los coches con más nutrida filmografía de la historia-
retocado para darle un aspecto algo más futurista, con las famosas luces rojas
oscilantes que hasta hoy siguen “tuneando” algunos vehículos. De hecho, a lo
largo de los capítulos al lado del musculoso David Hasselhoff se fue descubriendo
que KITT contaba con complementos como un gas narcótico para reducir a
conductores indeseados, asientos eyectables o un sistema antichoque mediante
rayos láser; algunos seguidores de la serie llegaron a hacer cálculos para
determinar el precio que tendría un vehículo como el Coche Fantástico, que se
elevaron a 11 millones de dólares (de los años ochenta).
Con un “tuneo” mucho menos costoso pero, a su manera, más
contundente, el Interceptor de Mad Max dominó las rutas australianas del
cercano futuro en las tres películas rodadas 1979 y 1985. El coche original del
guerrero de la carretera era un Ford Falcon negro, bastante modificado. A
partir de la segunda película de la serie, cuando la trama comenzó a
desarrollarse en el desierto tras una posible caída de la civilización, fueron
cobrando más protagonismo los camiones y, sobre todo, los buggys empleados por
los villanos.
También en los años
ochenta comenzó a filmarse la saga de películas de Batman. El batmóvil, el
vehículo del Señor de la Noche, vivió ya desde que el cómic naciera en los años
treinta muy diferentes encarnaciones, casi con el único denominador común del
color negro. Originalmente, era una suerte de Ford-T trucado; luego, en la
serie de televisión, fue un Lincoln Futura, un vehículo experimental con el
capó totalmente transparente y creado once años antes (1955) de que se rodara
la serie; y en el cine fue tomando la forma de diferentes carrocerías
deportivas hasta que, en
Además de Batman, otro gran personaje del cine ha tenido
todo tipo de vehículos futuristas a su servicio. Además de su Aston Martin
tradicional, James Bond ha pilotado un Lotus convertible a submarino en La espía que me amó (1977) y un coche invisible en Muere otro día (2002), entre otros.
Un caso especial es el de los coches voladores –o
flotadores-. En El quinto elemento
(1997), Bruce Willis trabaja originalmente como taxista en medio del
improbablemente ordenado tráfico aéreo de
En los últimos años, destacadas marcas han apostado por
desarrollar como una especie de juego, pero también como herramienta
publicitaria, los coches que aparecen en las películas de ciencia ficción. Así,
Lexus se encargó del diseño del coche que pilota Tom Cruise en Minority Report (2002), el Maglev (por
“magnetic levitation”), capaz de subir las paredes de rascacielos. Su aspecto
realmente distinto a cuanto conocemos recuerda a las motocicletas aerodinámicas
de una película de veinte años atrás, Tron.
La apuesta de Audi para Yo, robot (2004)
fue radicalmente distinta, al ofrecer vehículos más similares a la idea
tradicional de “deportivo futurista”, aunque con la novedad de ruedas esféricas
capaces de rehincharse por sí solas.
Finalmente, para la reciente adaptación a
la gran pantalla de la serie televisiva de muñecos animados Thunderbirds (2005), Ford realizó todo
un despliegue, al coincidir el nombre del film con el de uno de sus modelos
míticos. Además de diseñar media docena de vehículos futuristas, destacando el
Fab-1 rosa de
Si bien la mayor parte de los coches de la ciencia ficción
son llamativos y poderosos, también hay que mencionar otros de corte más
utilitario. Los coches eléctricos tuvieron su primera aparición destacada en
pantalla en El dormilón (1973), en
forma de un curioso vehículo burbuja montado sobre un Volkswagen. Luego, han
tenido un rol destacado en películas como IA
(2001), de Steven Spielberg.
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