Mi compañero de clase, el del Gurtel
En estos tiempos en que confirmamos que la corrupción política es un mal endémico, tengo que admitir que siempre he visto con curiosidad personal uno de
los casos que andamos viviendo. Una viñeta del genial Fontdevila me impulsa a
realizar una dramática confesión. Sí, en serio: yo fui compañero de clase en el
instituto de uno de los imputados en el caso Gurtel.
Llamémosle A. O, como habituábamos en esa época, A. “El Facha”. Con cierto infantilismo, porque lo cierto ya en ese tierno momento de su carrera política, manifestaba las tendencias centristas que caracterizan al PP actual: por ejemplo, centrado en la bandera rojigualda con la que decoraba su carpeta estaba el aguilucho, acompañado por otros motivos igualmente característicos del centrismo que excuso detallar.
A. era repetidor, por lo que sólo coincidimos un año, en
Tercero de BUP. Sin embargo, sí tuve bastante trato con él, pese a que no nos
movíamos en los mismos círculos, porque éramos dos de las trece personas –de
120 alumnos- que optamos por letras puras: o sea, que dábamos latín.
De buena planta, jugador de baloncesto, con ese gracejo
fachón de algunos castellanos viejos, A. nos caía más o menos bien a todos pese
al hecho de que no hizo los deberes de latín en todo el puñetero año. Cada
lunes, sistemáticamente, nos los copiaba a alguno. Pero el tío era salao, y
éramos gente solidaria.
A. formaba parte de un grupillo de tendencias políticas, digamos, centristas también,
que no tenía como objetivo a inmigrantes –no había por entonces, menos en un
colegio privado- ni a empollones, sino que ocasionalmente la tomaba con algún miembro
de esa variopinta minoría de lo que ellos venían a llamar “pringaos”: hijos de
profesores, afeminadillos, chicos de desarrollo más lento e infantil… También
protagonizaron alguna acción de comando para, por ejemplo, afeitar a uno que se
empeñaba en dejarse una pelusilla rara. Eso sí, A. y su verbo relativamente
fácil solían salir bien parados de aquellas aventurillas, que todo hay que
decirlo, tampoco tuvieron graves consecuencias en ningún caso.
Para los demás, A. era una anécdota viviente. Podías tener
charlas con él sobre grandes centristas del pasado, como Francisco Franco, y el
hombre raramente se enfadaba cuando le llevabas
¿Por qué cuento todo esto? Bien, creo que en todo lo
relatado anteriormente se transparenta un
hecho evidente: el peor de mis compañeros de curso es exactamente el que
terminó por dedicarse a
Los que teníamos notas aceptables hemos terminado
convertidos en gente corriente con hipoteca, la mayoría con la fortuna de
ganarnos dignamente
Se habla de corrupción, pero yo creo que sería el momento,
con suerte, de afrontar más bien las carencias de una sociedad totalmente desencantada
con
TrackBack
URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341c760153ef0120a6330800970b
Listed below are links to weblogs that reference Mi compañero de clase, el del Gurtel :
Últimos comentarios