Sobre el autor

Julián Díez lleva veinte años compaginando su labor como periodista con trabajos relacionados con sus aficiones, como la literatura y el cine de género, los videojuegos o la música. Además de en ‘Cinco Días’, escribe regularmente en ‘El País’ y ‘XLSemanal’

febrero 2010

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26 septiembre , 2009 | 01 : 39

Nuestras entrañables góticas

Mi anterior entrada ha desencadenado una pequeña tormenta en mi entorno. Básicamente, con dos tipos de respuestas. Los que consideraron que mi comentario se dirigía de manera concreta a mis compañeros de redacción, y los que me reprocharon que lanzara una diatriba contra la profesión en general. Los primeros se equivocaron, y hemos tenido ocasión de charlar al respecto. Los segundos, no.

En efecto, no estoy orgulloso de mi profesión, esa es la realidad, lo siento. El caso que nos ocupa forma parte de mis frecuentes desengaños por el trato que el periodismo dirige hacia casi cualquier novedad, hacia casi cualquier forma alternativa de cultura. Curiosamente, en cambio, ahora en el periódico en el que me encuentro se me permite escribir este blog sobre estos temas, que mis colegas tienen la amabilidad de leer (y malinterpretar públicamente). Así que, supongo, también este hecho puede responder a quienes pensaban que me dirigía de manera específica contra mi entorno más inmediato.

La estimada compañera Paz citaba en su comentario-regañina a mi anterior entrada al “crimen del rol”, y es curioso, porque justo antes de su comentario me venía a la memoria esa época, y cómo fue el primer desengaño que sufrí acerca de la capacidad de los medios a responder a las inquietudes de las personas interesadas por nuevas formas de cultura. Permitidme, para explicar mi posición en todo ésto, marcarme una historia de abuelo Cebolleta.

Corrían los salvajes años noventa... becarieaba en Diario 16, y pronto me gané la fama de ser el tipo que entendía de cosas raras: libros de temas extraños, juegos de ordenador, internet -por entonces en pañales-... El caso es que cuando aquel pirado llegó al asesinato a consecuencia de un juego que él mismo se inventó, "Razas", recayó en mí el hacer una historia para las páginas interiores reportajeadas de los domingos sobre "el juego del rol". Que contara toda la descarnada realidad, sin cortarme.

En fin. Yo había tenido que dejar de jugar unos pocos años antes, cuando empecé a trabajar como periodista. Las partidas no tenían gracia si no había continuidad, y con los horarios de mi trabajo en el periódico, programar una cita colectiva se hacía difícil. Por ello no sentía el rol como algo tan ligado a mí como otras aficiones, pero desde luego no estaba dispuesto a hacer méritos mintiendo a su costa. Hice una doble página totalmente normal, explicando la historia de los juegos de rol desde los tiempos de su creador allá por los años cincuenta, Gary Gigax, y hablando con clubes y jugadores, espantados con la que se les estaba viniendo encima, etc. Contando, en suma, que el chiflado en cuestión igual podría habérselo montado con un parchís: cada vez que se comiera una ficha, salía y le pegaba un tiro a alguien.

Cuando el subdirector que me había encargado el trabajo -un individuo del que no sé que habrá sido- lo leyó, se quedó espantado. Me preguntó si defendía a los criminales -demostrando, una vez más, que la incapacidad para comprender textos escritos no es un mal reservado a las capas menos letradas de la sociedad-. Aceptó, tras muchas discusiones, que saldría publicado, pero me avisó de que si esos locos que practicaban juegos asesinos como los que me gustaban a mí seguían matando, se encargaría personalmente de que me pusieran en la calle.

Para rematar la faena, el día antes de que apareciera mi reportaje salió otro en la competencia, firmado por un antiguo compañero de clase, Gerardo, del que me constaba que era aficionado a estas cosas. Se montaba un reportaje "desde dentro", en plan "arriesgando nuestra propia piel", en el seno de una partida de rol en vivo; lo describía como un aquelarre sanguinario, organizado por psicópatas potenciales. Creo que en algún momento se llegaba a decir que nuevos crímenes estaban a la vuelta de la esquina con aquel fermento de asesinos potenciales campando a sus anchas por España. En fin, una puñetera vergüenza.

El subdirector, por fortuna, libró ese sábado. El domingo vino a salvarme el ABC, sacando a la vez que nosotros un reportaje correcto; el periodista había hecho honestamente su trabajo y reflejaba sus conversaciones con gente normal aficionada al asunto.

Al cabo de los meses me encontré con Gerardo. Le pregunté cómo había tenido el valor de inventarse aquellas mentiras. Se encogió de hombros: "Me lo pidieron así y lo hice. Estaba de colaborador y quería que me metieran en plantilla". Aunque estos crímenes suelen pagar, debo decir que Gerardo no ha hecho carrera; de hecho, hay tanta gente que perpetra ese tipo de basura sin pudor que el hacerlo hoy por hoy no es garantía de hacer carrera.

La conclusión, que luego he confirmado en incontables ocasiones, es que en general los medios no tienen el menor deseo de subvertir las opiniones firmemente instaladas en un momento determinado en la opinión pública, por muy absurdas o injustas que sean. Y que los periodistas, en bastantes ocasiones -porque igual que aquí cuento un sucedido en el que quedo como un señor estupendo, podría narrar algún otro en el que no salgo tan bien parado y que prefiero olvidar-, lo aceptamos.Y seguimos adelante.

En el caso que nos ha ocupado, el de las fotos de las hijas del presidente del Gobierno, muy pocos artículos han señalado el hecho obvio de que unas adolescentes vistan siguiendo una moda común hoy por hoy no tiene la mayor importancia, por muy señalada que sea la ocasión a la que acudieron. Se ha utilizado una anécdota para insultar a unas niñas, tal vez machacarles la vida, sólo por ser distintas y ser hijas de su padre.

(Por cierto que del papel del padre en todo esto, de la idea de llevar a las chicas al evento en cuestión, de la censura ejercida sobre las fotos y demás, al igual que de sus decisiones en muchas otras materias, podemos hablar en otra ocasión. Extensamente.)

Desde la aparición de la foto, he escuchado tertulias radiofónicas delirantes, he leído artículos groseros y comentarios a esos artículos -gracias, internet, por dar voz también a los canallas anónimos- verdaderamente vomitivos. Todo lo cual ha sustituido a la corrupción en el PP y la subida de impuestos como temas de actualidad, demostrando la catadura de la mayor parte de nuestros medios.

E, insisto, simplemente porque las chicas son distintas, no son como la mayoría. Estoy convencido: si no fueran góticas, nada habría tenido importancia. No sabemos de ellas más que una cosa, que son diferentes, y eso ha bastado para ridiculizarlas.

Diferentes por propia elección. Como yo. Como muchos de los que me leéis. Como cada vez más gente. Aunque los medios se empeñen en considerarnos una rareza cada vez que toque.

¿Por qué continúo, entonces, con mi profesión? La respuesta es sencilla: porque tengo la suerte de estar en posición de escribir este texto que aquí termino. Porque vale la pena seguir intentándolo cuando estás donde puedes hacerlo.

Ya me he hecho mayor. Y antes que trabajar de periodista en según qué sitios, antes que traicionar aquello en lo que creo, os garantizo –y quede aquí escrito- que me veréis de pianista en un burdel. Aunque tendré que empezar por el primer curso de solfeo.

Comentarios

Buen post.

Me parece perfecto que cada uno vista como quiera. Al fin y al cabo es una decisión personal en la que nadie se puede meter. Eso si, cuando alguien acude a un evento en representación de una institución o empresa, asume su pérdida de libertad personal en beneficio de la institución a la que representa. Cada uno en nuestra vida privada podemos obrar con plena libertad, la misma que voluntariamente encorsetamos al aceptar la representación de un país entero. Las hijas de J.L. Rodríguez Zapatero no estaban en una recepción con el presidente de EEUU a título personal. ¿Acaso habrían sido invitadas si su padre ejerciese un trabajo anónimo? Esas dos adolescentes estaban allí como hijas del presidente del gobierno español. Si no quieren aceptar las normas tácitas que marca el protocolo y prefieren no renunciar a su indumentaria habitual, la decisión era sumamente sencilla. Las dos adolescentes se podían haber quedado en su casa, en el hotel o donde las viniese en gana.

¿De verdad tiene algo que ver el crimen del rol con la estética de las hijas del presidente? Para empezar, el verdadero debate periodístico no ha ido por ahí, sino por la simple presencia de las muchachas allí, la pertinencia de publicar esa foto, o la supuesta llamada de Moncloa a una agencia para que no se distribuyeran otras imágenes tomadas durante el viaje.

Así que, antes de centrarme en un debate completamente secundario que en público sólo han propiciado los opinadores y blogueros de siempre --no precisamente los periodistas que se tiran diez o doce horas encerrados en la redacción de un periódico y de cualquier otro medio--, preguntaría por qué aquí no se dice nada sobre los montajes fotográficos ridculizándolas, los grupos de facebook y la infinidad de medios digitales por los que se ha distribuido la foto sin pixelar los rostros de dos menores de edad.

Pero no, es mejor un discurso fácil y demagógico arremetiendo contra la profesión, rescatando actitudes de hace quince años --perfectamente reprobables, en eso sí estamos de acuerdo, y añadiría desgraciadamente se siguen repitiendo-- para justificar un 'perfil psicológico del Periodista' así, en general, metiendo en el mismo saco a todos los currantes del ramo de este país en una masa compacta de mediocridad y falta de ética de la que sólo se salvan unos pocos privilegiados morales que opositan a pianistas de burdel --ni pregunto lo que somos los demás, según esa analogía--.

La verdad, esta guerra ya es bastante dura para que encima nos bombardeen con topicazos desde la retaguardia.

Javier: es evidente para todo el mundo que los periodistas sois putas de quien os paga el sueldo, como lo somos todos los demás. Eso no es ninguna novedad. Lo que pasa es que se puede ser puta elegante y puta verdulera, grupo este último al que pertenecen sin duda quienes han hecho noticia de cómo vestían las hijas de Zapatero.

Un artículo totalmente correcto y con mucha razón, creo, como muy bien dices, que las críticas que han llovido sobre la famosa foto no se deberían centrar en las niñas, como su padre, Zapatero, no ha parado de decir, son menores, y como tales son responsabilidad suya, exclusivamente suya y si le apetece llevarlas a hacer turismo, a cuenta del erario público, y sacarse fotos con Obama, sólo tiene dos opciones o le dices al fotógrafo que las fotos son privadas y te las pase solo a tí o aguantar el chaparrón, pero no previeron, como otras tantas cosas, la que se podía montar. Ahora, después de hacerles pasar un calvario a sus propias hijas por su inconsciencia y sus ansias de destacar, se dedica a llamar a las redacciones para que retiren la famosa foto. ¡Por favor! que lo hubiese pensado antes.

Que te la envainas, vaya. No sea que tus jefes te impidan seguir utilizando el nombre y la infraestructura del periódico para tus negocietes varios, que es lo que haces desde el primer día. Demuestras la misma superficialidad que quienes pretenden ir de gurus literarios leyendo solo las solapas...

Respuesta a "alguien que te ha calado":

Imposible!!! Julián jamás leería las solapas porque... (pausa dramática)...

No están incluidas en el canon gafapasta!!!
:-)))

Entender como "noticiable" lo de la vestimenta de estas niñas lo entiendo en la prensa rosa. No en otros medios, a menos que "noticiable" se limite a: "aquello que nos permite vender más periódicos", pues como noticia la veo bastante limitadita. Entraría en el saco de tantas cortinas de humo para evitar centrarse en cuestiones más importantes.
Por otra parte, la educación de Julián Díez ha sido bastante mayor al escribir sus textos que la mayoría de los comentarios aquí expuestos.
La verdad es que no entiendo la crítica a alguien que está pidiendo más principios y ética en el periodismo y que ha aclarado que se refiere a un estado de la profesión en general y no a personas concretas. Y, la verdad, pese a los magníficos periodistas que hay, sí se ha notado en España un descenso de la ética y profesionalidad periodística.
El autor del blog ha dado explicaciones y estas explicaciones no son "envainársela", pues no desdicen en ningún momento el primer texto.
Entiendo que las personas que consideren "noticiable" lo de las vestimentas respondan. Pero la mayoría (no todos) de los comentarios de aquí suenan a: "Se ha metido con los periodistas. ¡Quemad a la bestiaaaaa!" de modo visceral sin autocrítica sobre el fondo del texto. Si esos son los ejemplos de periodistas que no están de acuerdo con Julián, evidentemente le han dado la razón en vez de hacernos cambiar de opinión al resto.

De acuerdo contigo, Julián. Los que no pasamos por el aro, como me parece que te está pasando a tí ahora -y me pasa mucho a mí- vamos de cráneo.

Julián, y qué te parece la manipulación de las fotos de las hijas de ZP, que circulan por la red? eso no es mofarse de unas niñas o sólo cuentan los comentarios de los periodistas. Los cracs de la nueva cultura os estais descojonando de ellas a través de internet, y eso que vais de progres y de alternativos, perdón de falsos progres

No puedo más que darte la razón, Julián. Está claro que quienes han hecho del atuendo de esas pobres crías la noticia de la semana -por raro, y tiene bemoles porque a ver que es raro y que es 'normal' hoy día-, son pobres lacayos de la anécdota, que viven en sus pequeños y limitados mundos a pesar de tener el hermoso trabajo de explicarle a la gente lo que pasa. Yo también sufrí la terrible decepción hace ya años de comprender que en esta profesión había de todo, como en todas partes. Gente mezquina capaz de agarrarse a las interpretaciones más erróneas e injustas del mundo sólo por dejar contentos a sus jefes, gente que ni siquiera habla correctamente y gente a la que el mundo en general le importa un pito. Así está la cosa. Pero lo peor de este asunto es, efectivamente, que todos esos periodistas le han hurtado a la opinión pública española el verdadero debate sobre esa foto y lo que significa. Que Zapatero es igual que todos los políticos que tenemos, que cuando los recibe el presidente de Estados Unidos, el que sea, se mean de gusto en los pantalones. Y no pueden evitar hacerse fotos de recuerdo para un día poder enseñarlas y contar batallitas sobre lo importantes que llegaron a ser. Que tenemos derecho a saber quién ha pagado ese viaje y por qué se han dedicado a hacerse fotos como si estuvieran de picnic, mientras el país está hecho unos zorros. Ya no tenemos ni pan, solo circo.

Lo peor que pueden tener las empresas es gente resentida como el caso que nos ocupa y el de Olga, la que dice cual es verdadero tema de interés. También se ha hablado de eso que dices, o no te has enterado? Lo peor es que los de la nueva cultura no han dicho ni mu de lo que han ridiculizado a esas niñas, poniendo disfraces a las fotos, no tienen nada que decir, Julianin??

Sobre los usos canallescos de internet y la cantidad de gente chunga que usa el anonimato para hacer cosas incorrectas (por ejemplo, hacer fotomontajes casposos de las niñas, pero también escribir con seudónimo y llamarme Julianín) ya se ha escrito en varias ocasiones en este blog.

Aunque entiendo que es mucho pedir decirle a un seudónimista el que tenga la capacidad de mirarse entradas anteriores, con lo difícil que es para alguna gente leer.

Por otro lado, el ciudadano de a pie, internauta o no, no tiene una responsabilidad social, y los periodistas se supone que sí. Se supone, digo, porque luego se leen, oyen y ven unas cosas... y cada vez peores, además.

No te enfades, Julianín, que te ponemos diminutivo por lo mucho que aún te queda que aprender... sobre todo de periodismo. La verdad, no sé qué hace un tipo aficionado a cosas extrañas, como te describes, escribiendo un blog en Cinco Días...

Noto cierto temor al hablar de "la nueva cultura". Un consejo, es mejor adaptarse a lo inevitable, aunque si queréis podéis seguir pataleando, pero sólo servirá para gastar energías.

¡Ah! Me parece de lo más infantil intentar justificar el tratamiento de la no-noticia por parte de algunos comentaristas de por aquí con el hecho de que blogueros hagan fotomontajes de las fotos de las hijas de Zapatero. Resulta que esa gente que NO COBRA por informar o no informar y simplemente da una opinión personal, desde una posición carente de responsabilidad social alguna, mientras que los medios de comunicación SÍ LA TIENEN. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando la gente deja de ver las noticias en la televisión o de escucharlas en la radio o de leerlas en la prensa... ¿por qué será?

Querido compañero. Que las niñas vistan como quieran. Pero que el padre tenga sentido común respecto a donde las presenta de esa guisa. No es lo mismo ir de Halloween o de fiesta adolescente, que ir a la ONU. A menos que sean los Rolling Stones, que por otros méritos se lo han ganado: ir como les pete a donde les plazca... y hayan sido invitados por ser vos quien eres. Todo el resto de argumentaciones sobra. Basta con lo que he dicho:
-Que vistan como quieran.
-Que acudan a donde deban.
-Que se comporten como corresponda.
Y de estas dos últimas cosas los responsables son los padres. A menos que carezcan de autoridad suficiente, claro está.

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