Una pista para cambiar el modelo de negocio del cine
Como muchos de mis lectores sabrán, los pasados 21, 22 y 23 de junio el precio del cine bajó. Se trató de una promoción especial, la Fiesta del Cine, en la que al comprar una entrada el domingo, se podía ir los dos días siguientes por dos euros. Pese a que se escogieron días malos –domingo, lunes y martes; poco antes de que los niños comenzaran las vacaciones; con los universitarios en exámenes; sin estrenos de relieve en la cartelera a la espera de los blockbusters veraniegos-, la recaudación de los cines fue por término medio un 45% superior a la de la semana previa.
Que yo sepa, durante esos días no hubo ningún parón en las redes p2p. Se “pirateó” lo mismo que cada día. Sólo que la gente, por ese dinero, sí quiso ir al cine. Porque ir al cine nos gusta: es un evento, es divertido, la pantalla es estupenda, comes palomitas sin temor a enguarrar el sillón, echas la tarde, todo eso.
Una vez más, una de muchísimas, se demuestra que el problema no está en que las nuevas tecnologías acaben con las industrias existentes, sino que éstas han optado por perseguir y criminalizar a sus posibles clientes en lugar de adaptarse a la coyuntura.
Soy lo suficientemente mayor para recordar el cine en
programa doble. Algo verdaderamente entrañable. Por un precio módico, pasabas
una tarde entera viendo películas en una pantalla excelente. Era un fenómeno
social, una salida con los amigos. Llevabas la merienda a
El cine en programa doble sucumbió al vídeo, por razones que puedo comprender: ante el retraso con el que llegaban las novedades a esas salas, se hacía más interesante alquilar las películas. Pero ahora que ese mercado sucumbió, que el cine es antes que nada un acto social, cuando tenemos una crisis encima que hace difícil el gasto en ocio, ¿por qué nadie ha recuperado esta opción económica? ¿Por qué un montón de películas malas que se estrenan cada semana –o españolas, pongamos por caso, sin señalar- no optan por esa vía “de refuerzo” a modo de oferta?
Supongo que las razones son las mismas por las que las discográficas no supieron evolucionar: las cifras de venta, la necesidad de ingresos crecientes, la dinámica creada por un largo periodo de subidas, crecimientos, y sagrados destinos de ganancia infinita. La Fiesta del Cine ha demostrado que lo que no se quiere es correr el riesgo de pagar 7,50 € por persona –más parking, palomitas etc.- por un bodrio. Busquen nuevas fórmulas, el público existe.
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