Sobre el autor

Julián Díez lleva veinte años compaginando su labor como periodista con trabajos relacionados con sus aficiones, como la literatura y el cine de género, los videojuegos o la música. Además de en ‘Cinco Días’, escribe regularmente en ‘El País’ y ‘XLSemanal’

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09 julio , 2009 | 00 : 00

Showrunners, los nuevos genios creadores

No he hablado aún mucho por aquí de una de las ramas más florecientes de la Nueva Cultura: la televisión. Concretamente, las series estadounidenses y británicas que están llevando a este medio a lo que muchos especialistas más documentados que yo califican como una Edad de Oro de la ficción televisiva. Para información exhaustiva al respecto, no puedo sino recomendar el excelente y sobradamente conocido blog Espoiler.



Sin embargo, me gustaría al menos comentar un fenómeno que está pasando inadvertido a buena parte de los espectadores: el del crecimiento de la figura del showrunner. Este término describe, en la jerga de la televisión estadounidense, a los tipos que tienen la responsabilidad última de las series. Que no son casi nunca los directores, que varían por episodio; son por lo general guionistas que propusieron el proyecto, supervisan los guiones posteriores, escriben algunos, y en general mantienen la coherencia del producto, además de actuar como “jefes” en último extremo. El cargo que reciben generalmente es el de “productor ejecutivo”, pero lo cierto es que este término define hoy también a bastante otra gente implicada –por ejemplo, se usa como forma de justificar que las estrellas perciban un porcentaje de su sueldo en concepto de beneficios-.

Lo interesante del asunto es que estamos asistiendo a la progresiva conversión de los showrunners en estrellas a la manera de los directores de cine. Ya en los medios especializados se presentan las series como “el nuevo trabajo de fulanito”. Hay showrunners de indudable acierto comercial, y los hay de culto con una línea coherente en su carrera. Los hay que escriben todos los guiones de la serie, o incluso que también la interpretan –caso de Tina Fey con la desgraciadamente no muy conocida en España, pero magnífica, Rockefeller Plaza-.

Stephen Bochco, el creador de Canción triste de Hill Street y La ley de Los Angeles, quizá fue el primer showrunner estrella del que tuvimos noticia en España, pero los hubo antes –como Rod Serling- y son numerosos hoy por hoy. Entre los más conocidos, puede citarse a J.J. Abrams –Perdidos, Fringe-, Joss Whedon –Buffy, Angel, Dollhouse-, Matt Groening –Los Simpsons, Futurama-, Chris Carter –Expediente X, Millenium-, David Chase –Los Soprano-, Alan Ball –A dos metros bajo Tierra, True Blood-, Josh Schwartz –Gossip Girl, Chuck-, David Shore –House- o Matthew Weiner –Mad Men-.

Para mí, lo digo con sinceridad, varios de estos tipos se encuentran entre las mentes creadoras más importantes del arte actual. Mueven presupuestos de millones de dólares, mantienen a millones de personas enganchadas a su trabajo en todo el mundo, y están consiguiendo crear una iconografía reconocible, una suerte de panteón mítico contemporáneo de incalculable influencia posterior: ¿quién no reconoce hoy la personalidad del doctor House, de Gil Grissom, de Mulder y Scully, o de Homer Simpson?

A cambio, el medio impone ciertas carencias. Las series con “arco argumental” –es decir, con una trama continua, a diferencia de las más tradicionales en las que cada episodio es una historia con protagonistas comunes- se ven comprometidas en su coherencia y continuidad por la incógnita de cuántas temporadas considerarán las cadenas que quieren emitir la serie. Aún más frustrantes que las series interrumpidas, con un final precipitado o directamente inconclusas, resultan aquellas cuyo éxito obliga a continuar más allá de lo previsto.

Sin embargo, en esas limitaciones, ciertos talentos grandes pueden encontrar un apoyo. En cierta forma, como los poetas con las restricciones de un soneto.

Una vez más, el último párrafo debe dedicarse a la situación en España. Un lugar donde las series tienen buena audiencia, pero los capítulos son de duración indeterminada, se ponen y reponen sin un sentido comprensible, las cadenas raramente tienen paciencia para mantener proyectos a largo plazo, las marcas de leche ocupan media pantalla en muchos planos, y casi todo –casi- tiene ese reconocible aire chapucero.

Comentarios

Totalmente de acuerdo. Y eso que no has tratado el tema de los contenidos de esas series, dirigidas a adolescentes y que presentan una sociedad en el que el papel de la mujer, es poco menos que del siglo XIX... puro objeto para el hombre.
Me llama la atención otra cuestión relacionada con la creatividad en nuestro país, no en las series de televisión sino en los anuncios. ¿No os habéis dado cuenta de que pocos son los que tienen su propia banda sonora? Se vestirá de moda, el echo de que muchos anuncios suenen con banda ochentera, recuperando temas o versionándolos, de por ejemplo Alaska o Miguel Ríos..., pero lo cierto, es que hay una gran crisis en este sentido en el sector. Supongo que la SGAE se estará poniendo las pilas...

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