Memorias de un "pirateado"
En un comentario a un post precedente, un amable lector se permitía preguntarme cómo voy a ganarme la vida, dada mi condición de periodista, cuando el flujo de información libre sea dominante en la red, y mis textos no valgan nada, pues cualquiera pueda descargarlos, copiarlos, usarlos etc.
Es un problema evidente para el periodismo. Lo que ocurre es
que no es una cuestión de futuro, sino actual.
Mis textos –como los de cualquiera que escriba regularmente,
y cuyos contenidos se viertan en al web- son bastantes veces citados –en el mejor
de los casos-, otras adaptados o impunemente copiados. No me refiero a este modesto blog sólo, claro, sino a otros contenidos. En ocasiones, se cita mi
nombre y el medio en el que se han escrito, de manera totalmente correcta
–aunque lo preferible, claro, sería que sólo dieran un extracto y el link, para
al menos proporcionar visitas al medio original-; en otras, sólo se incluye mi nombre, y después se hace
un cortaypega como si yo hubiera trabajado para esa web. Y no falta quien copia
párrafos y se los firma él. Hay, literalmente, de todo.
¿Cuánto me preocupa esto? Pues la verdad, ni me acuerdo de ello en el día a día. Cuando encuentro que alguien se atribuye el mérito de lo que he escrito, por supuesto que me molesta. Pero supongo que no me entero ni una cuarta parte de las veces. No hago búsquedas exhaustivas al respecto en Google. No pido a las empresas que me pagan que rastreen estos usos de mi trabajo con sus poderosas maquinarias corporativas.
Simplemente, esta es la forma en que funcionan hoy por hoy
las cosas.
En este modelo, tengo otras compensaciones. Cuando comencé a
trabajar en este oficio, camino de veinte años atrás, cada vez que debía
consultar un dato estaba obligado a ir al departamento de documentación,
buscarlo o pedirlo y esperar que me enviaran la respuesta. Cuando necesitaba el teléfono de una empresa, debía llamar a información de Telefónica,
y luego llamar una y otra vez hasta que alguien me respondía, en lugar de
remitir un email. Me enteraba tarde de casi todo. No recibía el feedback de los
lectores. Apenas conocía lo que otros profesionales de distintos países con
ocupaciones similares a las mías estaban haciendo.
Todas la facilidades de las que gozo hoy por comparación forman parte de este mismo escenario en el que mis textos son copiados.
Ahora se juega así. Y yo juego. No lloro, no pataleo, no
persigo a nadie, no pretendo poner puertas al campo. Intento averiguar cuáles serán las nuevas vías
que tendrá mi trabajo en el futuro, de acuerdo a los avances tecnológicos y
sociales. Quiero seguir.
En cambio…
Hace casi veinte años, no era posible utilizar las tácticas
de guerrilla marketing. No era posible hacer ventas directas de canciones
sueltas o álbumes completos incluso a los consumidores. No se les podía
fidelizar con las páginas webs, informarles puntualmente de la organización de
conciertos o de convocatorias para firmar autógrafos. No se podían dar a
conocer temas sueltos o adelantos de los álbumes que luego se pretende vender.
También es verdad que hoy los consumidores ya no nos prestamos vinilos
para hacer copias en cintas de casete, o cintas de vídeo con frames como puños.
La cosa ha cambiado un tanto.
Mi consejo es que aprendan a vivir en esta situación de una
puñetera vez, como otras muchas personas y yo intentamos hacerlo cada día en nuestras labores.
TrackBack
URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341c760153ef011570f42632970b
Listed below are links to weblogs that reference Memorias de un "pirateado" :
Últimos comentarios