Sobre el autor

Julián Díez lleva veinte años compaginando su labor como periodista con trabajos relacionados con sus aficiones, como la literatura y el cine de género, los videojuegos o la música. Además de en ‘Cinco Días’, escribe regularmente en ‘El País’ y ‘XLSemanal’

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20 abril , 2009 | 10 : 13

En cuanto me corten el ADSL,
me voy corriendo a ver cine español

Una linda parábola

Imagínese que usted va a comprar el pan. Le dicen que vale 20 euros. Usted sabe lo que cuesta la harina, el agua, calentar el horno… un euro, vamos, como muchísimo; pongamos otro par de ellos para amortizar las instalaciones, otro par de beneficios... Pero no: son veinte euros, clink, caja. Así que usted paga. Y al día siguiente. Y al otro. El panadero no mejora la calidad, pese a que sus beneficios son obviamente enormes. Es más, se pasea por el barrio con un BMW que quita el hipo, y cuando usted sugiere que tal vez podría bajar el precio, se le muere de risa en la cara. En un momento dado, cambia la calidad del producto: le pone más agua, se queda revenido en apenas unas horas. Pero le dice que va a ser mejor para su salud, que tiene menos colesterol: y sigue cobrando 20 euros, aunque el descenso de calidad y el volumen de sus ventas hacen sospechar que, puff, ni de lejos le cuesta ya ese euro por unidad a estas alturas.

De repente, un buen día, resulta que hay pan gratis. Aparece de la nada. Claro, usted lo coge. El panadero se queja: para empezar, ya no puede mantener el BMW. Primero apela a su buen corazón, luego le amenaza por acabar con su monopolio en la venta de pan. Pero no baja los precios, porque cree que es su derecho adquirido cobrar esa cifra. Usted se siente tentado a compadecerle, pero… ¿a que apetece un corte de mangas contundente, de esos que dejan un poco resentido el codo?

Volveremos luego sobre esta historia.

¿Cómo ganar dinero con productos gratuitos?

He recibido numerosos comentarios acerca del anterior post. Los que plantean una cuestión más interesante son los que mencionan el problema no resuelto de la Nueva Cultura: la forma de conseguir ingresos por la creación en un panorama de flujo libre de la información.

En el caso más complejo: si la gente, por ejemplo, puede bajarse las películas gratis de internet, ¿cómo se conseguirá el dinero suficiente para amortizar la inversión de rodarlas?

A esta cuestión puedo darle al menos tres respuestas. La primera es que tengo algunas ideas, pero no lo sé con certeza, aunque tenga mis ideas. Y quienes han dado en convertirse en gurús de las nuevas tecnologías con discursos altisonantes y mucha palabrería posmoderna, la verdad, me da la impresión de que tampoco lo saben con seguridad, porque igualmente no andan entregados a responsabilidades más relevantes que las de teorizar y escribir sus respetadísimos blogs.

La segunda respuesta es que, simplemente, ya hay gente que está labrando su carrera jugando en los términos de la Nueva Cultura. Sobran los ejemplos de músicos, escritores o cineastas que colocan toda o parte de su obra de manera voluntaria y gratuita a disposición del público; y todavía estoy escuchar a uno solo arrepentirse de haberlo hecho o afirmar que ha perdido por ello audiencia.

La tercera y última respuesta es una afirmación tajante: lo único seguro es que las cosas no van a poder continuar como hasta ahora. Porque la actitud de la industria del ocio audiovisual en las últimas tres décadas ha sido, seguramente, la más abusiva y despótica del panorama económico, cimentando su crecimiento en continuas mentiras, en la consideración del consumidor como un manipulable monigote, y en precios hinchados hasta límites absurdos.

Lo cual me devuelve a la historia del panadero.

A grosso modo (fuente, Sociedad General de Autores de España)

De cada disco que se vende, pongamos con el antiguo precio de 20 euros para redondear rápido, menos de uno es para el bolsillo de sus creadores, ese sector al que supuestamente defiende la SGAE. Por término medio, unos seis euros son para la tienda que lo vende, unos cuatro para la cadena de distribución que lo ha llevado hasta allí (es decir, para los dueños de los camiones), otros cuatro para ¡promoción! (es decir, para que las cadenas de radio lo emitan, y se mantengan los departamentos de marketing), un euro es lo que vale el cd en sí –imprimirlo, la cajita, la carátula-, y el resto asume los costes restantes -la producción, por ejemplo- y el posible margen de la casa de discos.

A estos datos, debemos sumar algunas ofensas adicionales. Cada transición tecnológica ha abaratado el coste del objeto: el cd es más barato que el vinilo, el DVD cuesta menos que la cinta VHS. Sin embargo, cada paso ha supuesto un incremento en el precio de venta al público, incluso para productos cuyo coste original estaba amplísimamente amortizado. Algunos de esos cambios de formato ni siquiera han supuesto las mejoras calidad que anunciaron: a estas alturas está claro que el cd reproduce igual o peor que el vinilo, y es un formato más endeble. La industria lo sabía, según demuestra un reciente libro de un periodista de Rolling Stone, pero mintió. Impúdicamente. Sin castigo.

Con semejante estado de cosas, diríase que a la SGAE debería interesarle más que hubiera cadenas de distribución directas: pongamos que los artistas vendieran los discos por sistema de descargas a, digamos, 4 euros, y se quedaran con 3. Pero no: siguen preocupados antes que nada por mantener una cadena de valor sin valor. Quieren ser ajenos a las reconversiones que afectan a todos los sectores. Pero, claro está, no va a poder ser...

Alimento para camellos fosilizados

Llevémoslo al cine. Después de gastarme en su momento 2.000 pesetas por Lawrence de Arabia en VHS, y 15 euros por el DVD, ahora tienen la singular pretensión de que invierta 25 euros en el Blu-ray, un objeto cuya producción vale 2 euros, si llega. Seguramente, el margen adicional es porque aún están pagando, 45 años después, los intereses del préstamo para dar de comer a todos aquellos camellos, que hay que ver el saque que tenían. Aunque, al parecer, si no me compro el Blu-ray, va a resultar que es por la piratería.

La misma razón, por cierto, por la que se asegura que no voy a una sala a ver cine español. No porque tenga dos videoconsolas o 30 canales de TDT gratuitos, no: es porque a veces me descargo música, y ocasionalmente una película. Concretemos con mi caso: teniendo a mi alcance en la red la práctica totalidad de la historia de la cinematografía universal, sólo me he descargado hasta ahora El bengador Gusticieron y su pastelera madre –injustamente olvidado debut como actriz de la nueva ministra del ramo a las órdenes del gran Forges- y Canciones de amor en Lolita´s Club –lo último de Vicente Aranda, ese creador, un drama realista en un puticlub de carretera-. Soy así de bizarro.

De no ser por el malvado internet, sin duda habría pagado por ellas en el multicine del centro comercial. Es más, lo reconozco: tan pronto como me corten el ADSL, me dirigiré a la sala más cercana a mi casa para ver muestras recientes del actual cine español, que tan voluntariosamente financio con mis impuestos, porque como ya decía más arriba, es obvio que no tengo nada mejor que hacer en la vida.

Conclusión

El consumidor informado ya sabe todo esto que acabo de contar. Y si no lo sabe, tiene a gente trabajando en la sombra a su disposición, sin cobrar ni un duro, que sí que lo saben. Muy bien.

Esto es lo que ha ocurrido con la industria del disco, que anda espabilando con bajadas de precios y canales alternativos, y con la audiovisual, que justo se encuentra en la cúspide de la diarrea mental. El próximo día hablo de la del libro, esa que mira sonriente al cielo pensando que la tormenta que asola los países vecinos se disolverá por arte de magia al llegar a sus fronteras porque, oh, ellos son La Cultura, son intocables.Ya.

Comentarios

Esta quizá no sea la entrada mejor redactada de la blogosfera, pero dice verdades como puños.
La industria del ocio (musica y cine) debe reconvertirse y adaptarse a la sociedad, al igual que lo hacen todos los demás sectores.
Porque según su regla de 3, aun nos desplazariamos en coches tirados por caballos, porque oiga! las caballerias tienen que comer! y usariamos las cartas o los emisarios para comunicarnos, nada de telefono ni internet ni nada, porque oiga! los emisarios son un gremio muy noble y adaptado a los tiempos modernos que debe seguir existiendo.

No hay más alegatos señoría

El futuro de la música ya es un hecho, está en los conciertos. Y esta forma de entender la música, olvidada durante mucho por arte de las discográficas y sus beneficios de sillón, es su esencia, el disfrute en compañía de propios y extraños por un gusto en común, no se puede descargar de ningún sitio. Creo que cualquier músico lo sabe de sobra, pero algunos aún no se han enterado, siguen esperando engordar sus cuentas a base de leyes, continúan en el sillón.

El futuro del mundo audiovisual, está en el cine 3D, en un cambio radical de la tecnología, que ya pueden hacerlo, pero que no quieran introducirlo en masa es otra cosa. Desde luego, si lo que ofrecen lo tengo en mi sofá, yo no me muevo. Ellos sabrán.

Por último, quisiera dejar una pregunta... ¿qué pasará cuando Facebook, Tuentti, MySpace o cualquier otra red social, permita intercambiar fotos, vídeos y música directamente desde cada ordenador??. Esto en mi opinión será una realidad entre los grupos de amigos. Redes cerradas, dentro de redes abiertas. Creo que podrán cerrar tantos P2P como se quiera, pero siempre habrá alternativas a la comunicación, al intercambio de fotos mías o de fulanito.

Salu2

¿qué interés tiene un creador en hacer algo por lo que no le van a pagar? El amor al arte es importante pero con eso no vemos House sino reality shows... No vemos Lawrence de Arabia sino Youtube...
Hasta ahora, las respuestas son todas insatisfactorias.

A estas alturas mi única esperanza es la clarividencia de algunos en el uso de la palabra.
Gracias

No existe manera de evitar la mal llamada piratería, y me alegro porque hará que los señores de la Cultura tengan que evolucionar para poder vender y seguir ganando dinero y estrujarse el coco, lo cual redunda en el espectador.

UNA COSA ESTA CLARA: LAS BUENAS PELICULAS, LAS SUPERPRODUCCIONES, YO NO LAS DESCARGO. Puede que haya descargado 300, o Troya, o similares, pero siempre después de verlas en el cine.

Cualquiera que crea que se ve igual en 1.4 gigas en un disco duro en casa conectado a la tele plana una película tipo 300 o Troya, que en una sala tipo kinépolis con 20 altavoces balanceados en dolby sorround va aviado.

LO QUE VA A CONSEGUIR EL P2P (en las nuevas versiones es anónimo e incrackeable) es que los bodrios se vayan al garete, porque sí, pago por ver 300, Troya o Salvar al soldado Ryan (por cierto, ésta última la tengo descargada en casi 4 gigas y no es ni 20 veces la experiencia de verla en una buena sala, pongamos la escena del desembarco en playa omaha).

Como digo, pago por ver esas super producciones, generalmente norteamericanas. Pero mira sí, lo reconozco, no pago por ver transsiberian ni vicky cristina barcelona.

Esas las descargo, comienzo a verlas los primeros 20 minutos, me echo unas risas de lo malas que son con mi chica y entonces nos alegramos de no haber ido al cine y haber pagado por semejante bodrio, concluyendo el resto de la tarde del sábado con cualquier otra actividad lúdica gratuita como hacer el amor, por ejemplo. Que un bodrio cinematográfico le quita a uno la líbido después de pagar 12 euros en sala. He dicho. Por cierto, señores de la SGAE, aprovechénse mientras puedan, que como dicen en Asturias, a todo gochín le llega su San Martín.

Excelente post.
Añadiria que el panadero, considera que cualquiera que entre a la tienda como un ladron, y por eso le advierte que no comprar-le el pan a el, es ilegal y que el FBI se te tirara encima.

Ademas, si compras pan... no lo compartas con los amigos, es para tu consumo personal... si se te ocurre organizar una boda, recuerda que tienes que pagar mucho mas caro, o igual tienes un invitado que controla el pan que sirves y te manda luego una factura por 6000 Euros (mas los que se comio el invitado que no estaba invitado)

Y para finalizar...

Por que no reconocen que los que se bajan mas música de Internet son los que compran más música, 10 veces mas... ? (http://i.gizmodo.com/5219587/study-finds-pirates-buy-10x-more-music-online-than-non+pirates)
Genial!

Bueno, Julián: tengo que felicitarte de verdad, porque te superas día a día. El blog acaba de arrancar y la verdad es que resulta de lo más sabrosón. Enhorabuena.

Respecto al tema, estoy con redled. Por mucha televisión panorámica que tengas en casa al estilo de "Fahrenheit 451", la experiencia en un cine grande con altavoces bien equipados y una imagen en condiciones no tiene nada que ver. A lo que hay que sumar la experiencia social de "ir al cine" propiamente dicha.

Ahora bien, para disfrutar con ese continente, hay que tener buen contenido. Buen material. ¿Por qué siempre hay colas para conseguir entradas para películas QUE NO SON ESPAÑOLAS? Porque la crisis del cine será tal y cual, pero no veo tortas para sacarse una entrada para ver un bodrio hispano. Precisamente ayer me partía en dos escuchando a Antonio Banderas (ese hombre) proclamando lo "injuhhhto" que había sido Juan Marsé al criticar la falta de talento que padece el cine español.

Y me partía porque citaba Banderas a "tantos españoles" que han "triunfado" allende nuestras fronteras: el insoportable y repetitivo Almodóvar (del que sólo me hizo gracia su primera película y porque la vi cuando había que verla: en aquellos fascinantes años de nuestra adolescencia), la anodina Penélope Cruz (con un corazón tan grande como para albergar a todos los actores con los que ha rodado) o Javier Bardem (los que hayan leído el "Rip Kirby" del gran Alex Raymond convendrán conmigo en que el único papel que tendría que haber rodado este gañán en su vida es el del exboxeador y delincuente Mangler en una posible adaptación del tebeo). ¡Por no citar al propio "Zorro" Banderas, que también ha rodado cada maravilla que...!

Queda claro que a la industria audiovisual no le interesa comercializar un soporte que no se deteriore, de esa forma pueden cobrar por el mismo producto cada vez que se modifique el soporte (en principio para "mejorar" la pretendida calidad). Sin embargo ahora hay un soporte "indestructible" que se llama internet, y eso causa mucho miedo entre los culos acomodados. Buen ejemplo el de las nuevas fórmulas de pago por música, en las que la publicidad, ¿y cuándo no?, sigue siendo fundamental.
Y, por favor, Julián, vuelve al tema desde la perspectiva del libro. Me quedo ansioso por leerlo.
Un abrazo.

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