Bienvenidos a los nuevos tiempos
Dentro de quince años, usted podrá ir al trabajo en su
coche eléctrico o empleando el transporte público, donde podrá ir leyendo las
noticias en su e-book con conexión wi-fi. Todo dependerá de si tiene lugar donde
aparcar y de cómo está el tráfico, no del consumo: por un par de euros podrá
hacer doscientos kilómetros, y es posible de hecho que, si tiene un terrenito,
genere su propia energía eléctrica con paneles solares. En el coche o en el
tren, escuchará música a la carta, a través de un servicio por el que abonará
una ínfima cantidad al mes. Por el camino, llamará por teléfono cuantas veces le
parezca, porque las llamadas son gratuitas. Ya en la oficina, a través de su
ordenador accederá a los servicios online con los que podrá llevar a cabo todas
sus tareas de gestión –siempre sincronizado con su e-book y su ordenador de
casa-, y por los que no pagará un euro.
Nada de esto es disparatado o improbable: sólo es una
descripción de los planes con los que trabajan para salir de la crisis empresas
de algún prestigio, que tal vez les suenen, como Google, Ikea, Sony, Apple o
Ford. Es un futuro que aterra a muchos: donde las estaciones de servicio deben
buscarse nuevos ingresos, las compañías telefónicas deben rediseñar su modelo de
negocios, los discos (¡y los periódicos!) ya no se venden por canales físicos,
los videojuegos son la primera industria de ocio por facturación… ah, perdón,
que esto último ya ocurre actualmente. Me despisté.
Pero ya saben: crisis es igual a oportunidad. Y existe
una gran capa social, mayor de la que tal vez piensa, que observa la coyuntura y
el futuro que emergerá tras ella… y sonríe. En España, donde la tecnología
siempre ha estado mal vista por las capas dominantes –desde la iglesia ayer
hasta la SGAE y su ministra hoy-, normalmente se les (nos) ha llamado “frikis”, raros, un
término bastante despectivo. En Estados Unidos se usan más vocablos como “nerd”
–literalmente, empollón- o “geek” –tecnófilo-.
Así, mientras usted hacía sus cosas de gente normal,
nosotros aprendíamos kanjis japoneses para leer mangas en el idioma original,
leíamos libros de ciencia ficción, ayudábamos a programar nuevas distribuciones
de Linux o nos interconectábamos en redes sociales. Y sabíamos, sin decirlo en
voz alta para no parecer todavía más raros, que llegaría nuestro
día.
Vaya, parece que llevábamos razón.
Ahora somos los veteranos de internet a los que pide
consejo, los que le dejamos el ordenador limpio y optimizado, los que sabemos
qué videojuegos puede dejar usar a sus chavales, los que le prestamos los
últimos capítulos de las series de televisión de moda, los que le enseñamos a
llamar por teléfono a un precio de risa por Skype, los que pagan un 30% menos
porque compran en webs extranjeras.
Somos los que no tememos al mañana, porque hemos estado
viviendo para él durante años (vaaale, tal vez
demasiados).
Nuestra cultura –los cómics, la literatura de ciencia ficción y fantasía,
los videojuegos, los chismes electrónicos, la música independiente, las series
de televisión- es la de sus hijos, presentes o futuros.
Y es, también, una nueva industria del ocio, todavía en
sus primeros pasos, pero que será hegemónica… que, en algunos sentidos, ya lo
es, pese al anacronismo de que las películas sobre la guerra civil y la
literatura del yo sigan dominando los suplementos culturales. Aunque, a estas
alturas, quién se toma en serio los suplementos
culturales.
Pero mírelo por el lado positivo. Nosotros sí sabremos
ser generosos. Ahora no vamos a considerarle un raro porque hayas estado ciego a
lo que se le venía encima durante tanto tiempo… Fíjese, por ejemplo habrá un
sitio como este para informarle poco a poco de por dónde van los
tiros.
Iremos despacio. Habrá cosas
interesantes.
Ah, y si eres uno de los nuestros… Simplemente ponte
cómodo, y sé paciente con ellos.
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