Sobre el autor

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Asociados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

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19 diciembre , 2016 | 11 : 43

El futuro de los Jobs

Tengo debilidad por el chascarrillo fácil, remedo del estilo de titulares en The Economist. Me encanta su utilización de palabras de análoga pronunciación y diferente significado. Pero esto es un derrape. Lo cuento para justificar lo burdo del titular, a pesar de la trascendencia material del sentido que quiero darle.

Este post no va ni de Steve (Jobs) ni del Santo (Job) y su proverbial e icónica paciencia. Va de empleos. De algo que, durante años, quizás décadas, ha aparecido como la primera preocupación de los españoles encuesta tras encuesta, por encima incluso de la desazón que genera padecer a esta clase política.

España ha venido tradicionalmente siendo el peor alumno de la clase en el capítulo de empleo, y hasta en el de empleabilidad. Cualitativa y cuantitativamente. Incluso respecto de países con una coyuntura económica objetivamente más débil que la nuestra como Portugal, Italia y hasta Grecia. Hemos batido récord tras record en la carrera hacia la desolación personal y social en que deviene el desempleo masivo, estructural. Para colmo, pocos nos baten en la baja calidad de nuestro empleo tanto en términos de cualificación profesional como de temporalidad.

Ocurre, sin embargo, que la enfermedad del desempleo que tradicionalmente nos ha asolado apunta a mutar en el corto plazo en epidemia. Mal de muchos, y no solo de los españoles, triste consuelo. Y ello por encima de coyunturas económicas. Paro estructural y masivo consecuencia de la Cuarta Revolución Industrial en la que sin apenas darnos cuenta hemos entrado y para la que, ciertamente, en tanto que sociedad no estamos mínimamente preparados.

Nada más lejos de mi intención que acogerme al manido recurso de anunciar el apocalipsis. El español por naturaleza adora vocear malas noticias. Las buenas no son noticia. Pero jugar al avestruz con un asunto de la trascendencia social del empleo de poco o nada servirá.

Pensemos en el coche autónomo, necesariamente eléctrico. Por definición, un vehículo auto-conducido no necesita conductor. Es más, anticipo que en menos de diez años a los humanos no se nos permitirá conducir un automóvil por razones de seguridad propia y de los demás. Ni las compañías de seguros cubrirán los riesgos inherentes a un vehículo con conducción humana. ¿Por qué? Por la inferioridad demostrada del hombre frente a la máquina en estas lides. La tasa de accidentes en un entorno de vehículos autónomos se reducirá exponencialmente. Anticipo por pura intuición que en más de un noventa por ciento.

¿Qué significará todo ello para el empleo? Pues como efecto inmediato la desaparición del empleo de “conductor” sea éste repartidor, taxista, camionero o conductor de autobús. Pues bien, solo en los Estados Unidos se estima una destrucción por encima de los diez millones de empleos, incluyendo conductores, aseguradoras, concesionarios, talleres y trabajadores de industrias auxiliares del automóvil como los parkings.

Es más, se anticipa un cambio de paradigma en la relación del hombre con el vehículo a motor, icono de libertad y emancipación en el siglo XX. Hasta los propios fabricantes abjuran del automóvil. Ahora desean erigirse en proveedores de soluciones de movilidad. Miren si no el éxito de Car2Go en Madrid, promovido por empresas tan poco sospechosas de jugar a la disrupción de mercados como Daimmler (a la que en los próximos días se suma el grupo PSA-Peugeot-Citroen). En efecto, se anticipa que el coche dejará (puede que haya dejado ya entre las nuevas generaciones) de ser objeto de deseo, y el segundo gasto más importante de los hogares tras la vivienda.

¿Sabían que un vehículo se utiliza de media un 4% del tiempo de su potencial disponibilidad? Es decir, durante un 96% del tiempo está parado en el garaje o en la calle, deteriorándose material y financieramente, y ocupando un espacio físico que, al menos en el caso de las grandes capitales, tiene un coste superior al del propio vehículo (a la plaza de garaje me refiero).

Y es que con la llegada del coche autónomo y su corolario de abandono del paradigma de la propiedad al uso en tanto que solución de movilidad se prevé una disminución de la flota de vehículos de casi el 99% solo en los Estados Unidos.

¿Se imaginan los millones de metros cuadrados de suelos y vuelos liberados en nuestras ciudades? Sin duda, los ciudadanos podrán recuperar la ciudad para el peatón, el ciclista, el skater. Los cielos estarán más limpios, y correr por Madrid no entrañará, como hoy, un mayor riesgo para la salud que atiborrarse a donuts delante del televisor. Hasta Carmena se libraría de las críticas por cerrar al tráfico la Gran Vía, o el Paseo del Prado, o Fuencarral.

Indudables efectos positivos y deseables. Pero ¿con las legiones de desempleados que generará a ciencia cierta el coche autónomo que haremos? ¿Y con las gasolineras? ¿Y con los talleres? ¿y con los Concesionarios? ¿Y con los Parkings?

Dice Bill Gates que tendemos a exagerar los cambios que acaecerán en el corto plazo (dos próximos años) y a subestimar los cambios a diez años vista. Pero en estas previsiones, por suerte o desgracia, poca especulación hay.

Nos enfrentamos a la inminente desaparición de multitud de industrias, valga la del automóvil en propiedad como ejemplo, sin que nadie por estos lares se haya parado a pensar cómo nos preparamos para un tsunami de tal magnitud.

Y, entre tanto, seguiremos discutiendo de la LOMCE.

Emiliano Garayar
@EmilGarayar

Comentarios

Lola

... pero en 10 años seremos capaces de cambiar un modelo por otro ?
La industria actual se va a dejar ? Creo qué hay muuuucho por hacer todavía para acoger la sustitución de los vehículos actuales por vehículos limpios ....
Saludos.

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