Sobre el autor

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Asociados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

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31 marzo , 2016 | 13 : 16

Uber y el taxi: ¿quién se preocupó por el caballo?

El otro día leía que a mediados del siglo XIX le preguntaban a un reputado arquitecto de Nueva York cómo veía la evolución de la urbe neoyorkina a un siglo vista. Parece que respondió que tendría unos diez millones de habitantes, más de cien edificios de diez alturas, y mucha mierda de caballo en sus calles consecuencia del aumento del tráfico.

Evidentemente se equivocó en todo, lo cual no es de extrañar con previsiones a cien años vista (como dice Bill Gates, tendemos a sobreestimar los cambios a dos años y a subestimarlos a diez). La población llegó a diez millones, la ciudad se hizo vertical y parió su Manhattan Skyline, pero el excremento equino, salvo por alguna muestra simbólica en Central Park, desapareció de sus calles.

El caballo sucumbió al tío Henry y sus sucesores, pero no el cochero. Hoy en día, en España y en muchos otros lugares, se libra una pelea de “cocheros”, dicho sea, con todos los respetos. Y como Über parece que vuelve a la carga por estos lares madrileños, el gremio del taxi sigue en pie de guerra en defensa del status quo, y la Comisión Nacional de Mercados y Competencia hace sus pinitos en esto de la economía colaborativa (remando afortunadamente a la contra del Gobierno y sus dinosaurios), pues nos desayunamos todos los días con un montón de titulares sobre batallas, pleitos y cismas.

Yo, aunque tengo claro por quien tomo partido en estas guerrillas, no quiero ni pretendo adoctrinar en favor de uno u otro bando. ¿La razón? A corto plazo van a perder los dos, o los tres, o los cuatro o los que vengan, porque más pronto que tarda vamos a asistir a “la revancha del caballo”, quien se va a llevar por delante al cochero. De hecho, ya lo estamos viendo en Madrid.

El futuro del transporte urbano de viajeros no es del taxi, ni de Uber, ni Cabify, ni de quien venga. El futuro mucho más cercano de lo que nos puede parecer es el de los vehículos autónomos (por supuesto eléctricos) auto-conducidos.

Un aperitivo de la tendencia es el propio éxito de Car to Go en la almendra central de Madrid. Para quien no lo conozca: se trata de una suscripción a través de una app de móvil que te permite coger cualquier coche disponible (smart eléctrico de dos plazas) de su flota aparcado aleatoriamente en Madrid y moverte con él dentro de la M-30, dejándolo aparcado donde te convenga y puedas (sin coste, pues están exentos de la tarifa de aparcamiento regulado). Se abona su uso por tiempo a través de la app y bye bye. Hay cuatrocientas unidades y parece que la demanda pediría muchas más y con mayor rango (fuera de la M-30).

Me indicarán, con buen criterio, que en Car 2 Go el “cochero” es uno mismo. Ya, eso es un coche “auto-conducido”, pero no autónomo. Para mi está claro que se trata del preludio de lo que está por venir. Sobre todo, después de constatar la seguridad del coche autónomo de Google y el hecho de que el entorno urbano lo hace especialmente adecuado por sus cortas distancias y bajas velocidades. Ello unido a las restricciones de tráfico de particulares o profesionales que cada día se harán mayores en las tramas urbanas de las ciudades (apuesto por una cercana prohibición de los coches de combustión, primero, y de las motos después), sugiere con una muy alta probabilidad que quedarán bicicletas eléctricas, transporte colectivo eléctrico y también autónomo (el metro ya lo es), y … google-cars a demanda. Ah, y peatones, quienes podrán por fin recuperar el espacio de lo público perdido todo un siglo a manos de la máquina.

Así que sigan discutiendo sobre si son galgos o podencos, que mientras tanto vuelve el caballo para hacerle un ERE al cochero. ¿O es que también lo van a prohibir porque no está dado de alta en la seguridad social?

Emiliano Garayar
@EmilGarayar

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