Sobre el autor

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Asociados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

Categorías

enero 2017

lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31          

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

Listado de blogs

« noviembre 2012 | Inicio | febrero 2013 »


El ejercicio onanista por antonomasia del político español del ramo es cantar las estadísticas de Turismo al cierre de cada ejercicio: ¡hasta el cielo y más allá! Setenta y cinco millones de almas, con sus respectivos cuerpos, pisotearon un ratito la piel de toro y archipiélagos adyacentes.
No caeremos en el tan español vicio de despreciar, criticar y hasta demonizar las buenas noticias. Ya se sabe, no son noticias. Año tras año batimos récord de visitantes, y con él, aunque no va de suyo, récord de ingresos. Tan importante es -a mi juicio- el sector turístico para España que es este rubro y no otro el que nos mantuvo en pie en plena hecatombe económica bajo la égida del de la conjunción planetaria. Empleo precario, temporal y mal pagado, pero empleo, a fin de cuentas. Más de un millón y medio de ocupados, y subiendo.
Esta semana se celebra en Madrid la mayor y más importante feria turística mundial: FITUR 2017. Buen momento para medir la temperatura del sector.
Huyendo de mi proverbial dispersión me gustaría centrarme en dibujar algunos trazos de nuestra industria hotelera, sobrevolando su coyuntura para decantar algunas tendencias estructurales que a mí me parece detectar y que en ocasiones pasan desapercibidas entre tanto follaje de cifras de ocupación, ingresos y presencia internacional.
Aparentemente, los hoteleros tienen dos preocupaciones: los tíos de la colchoneta hinchable en el salón, también conocidos como AirBnB, y sus imitadores de toda suerte y condición (Home-away, couchsurfing et alii); y Montoro, por lo de la subida del tipo de IVA, que del resto mejor no hablar no vaya a ser que se dé por aludido y se marque unas paralelas (no es un ejercicio gimnástico a pesar de su nombre). Adicionalmente, en un alarde de geo-estrategia, a veces pueden hasta valorar el impacto de coyunturas políticas internacionales tipo BREXIT, pero poco rato, se les pasa en cuanto ven la evolución de las reservas y, sobre todo, del precio medio (ADR, ese acrónimo tan elocuente).
Vaya por delante que yo de hoteles no sé nada, que para eso ya está mi hermano. Pero con el atrevimiento que da la ignorancia y desde una cierta distancia con el día a día de la industria, a pesar de mis vínculos con la misma, oso afirmar que se trata de un claro ejemplo de árboles que no dejan ver el bosque.
No deseo ser agorero, ni encarnar al tipo que enciende la luz para gritar que la fiesta se acabó, pero considero que en términos generales y con contadas y honrosas excepciones, la industria hotelera española está mayoritariamente obsoleta, adolece de una preocupante falta de competitividad, se muestra particularmente reacia al cambio y la transformación digital, presenta una oferta tremendamente fragmentada, sin una clara propuesta de valor, ni posicionamiento ni diferenciación de producto. Evidentemente lo anterior no es en su mayor parte predicable de las grandes cadenas hoteleras españolas, pero estas son una escasamente representativa minoría dentro del universo hotelero. E incluso tampoco son ajenas a alguna de las debilidades apuntadas.
Y Ustedes dirán que esto es lo de Galileo … e pur si muove, y que ojalá todos los sectores productivos en España lo hicieran “tan mal” como los hoteles, visto lo visto. Pues bien, yo les diré que el turismo en España se sostiene en gran medida por el mundialmente reconocido efecto Rajoy, de moda en las mejores escuelas de negocio y estudiado en todas las cancillerías europeas, que consiste básicamente en hacerse la estatua de sal (en plan mannequin challange) esperando que el mundo se hunda en tu rededor … ¡y se hunde! ¿No me creen?
Hoy Canarias lo peta. Todo el año es primavera, es decir, temporada alta, que ni en el Corte Inglés. Han exiliado de sus playas hasta a los jubilados del IMSERSO. El archipiélago de las Afortunadas se ha erigido en el epítome del éxito turístico español. Sin embargo, no hace falta remontarse al Pleistoceno para recordar como Canarias tuvo que ser rescatada del abismo mediante la aprobación de urgencia de un Plan Canarias dotado con 25.000 millones de Euros, de los cuales 10.000 millones a invertir en el cuatrienio que seguía a su fecha de aprobación: ¡Año 2009! ¿Qué ha pasado entre entonces y ahora? Es cierto que la coyuntura económica mundial, y singularmente la europea, se encontraba entonces en sus horas más bajas, y el hundimiento del turismo se emparejó con el estallido de la madre de todas las burbujas inmobiliarias, pero la “recuperación” del mercado turístico, y con ella la de la economía canaria, no se explica sin computar como merece el efecto de la Primavera Árabe, que social y políticamente, para su desgracia y la de la humanidad, ha sido más bien invierno.
En efecto, España reina en el panorama turístico europeo por muchas razones, pero de las mismas unas cuantas de gran peso resultan absolutamente ajenas y fuera del control de nuestra industria turística. En el exterior, el desolador panorama político y social de todos nuestros vecinos mediterráneos del Sur y Este, que no solo no va a mejor, sino que incluso se complica (v.gr. Turquía); efecto éste agravado por una timorata población europea en acelerado proceso de envejecimiento que está para sopitas de marisco y buen vino. En el interior, unas infraestructuras físicas a la cabeza de cualquier país desarrollado, a las que por su juventud no ha dado aún tiempo a deteriorarse, y el modo de vida español, dicharachero e indulgente con los pecadillos capitales que proporcionan alegría al cuerpo; a los que sumar la calidad de nuestra Sanidad y a la Guardia Civil.
Y más allá de coyunturas, que no todo es empedrado, bien se puede afirmar que la distribución en la industria hotelera ha cambiado en los últimos años. Para nuestra suerte, como país y como industria, los empaquetadores de producto han ido sucumbiendo a las fuerzas de internet, lo que ha emancipado a viajeros y destruido (parcialmente) el sistema de garantías que tanto magro ha expropiado a nuestros hoteleros, quienes corriendo con la inversión y el riesgo se llevaban las migajas del pastel a mayor beneficio de los Tour Operadores que pastoreaban rebaños desde origen. Sin embargo, estos han sido sustituidos por fuerzas no menos voraces e incluso más poderosas, las OTAs (Bookings y Expedias varios), plataformas de distribución on-line de nuestra oferta que por una módica mordida de hasta el veinte por ciento de los ingresos canalizan a viajeros de toda procedencia hacia los hoteles españoles. ¿Qué margen hay que tener para resistir un mordisco del veinte por ciento de las ventas brutas por parte de un distribuidor?
¿Hay remedio? Sí claro, la venta directa. Pero para vender hay que posicionarse, diferenciarse, comercializar en origen … en fin, estrategia, trabajo e inversión. Es algo más que una página web bonita y un video 360.
A esta hora muchos hoteleros no se han percatado de que no venden “estancias”. De que un hotel es una plataforma física, y hasta virtual, de distribución de productos a unos clientes por cuya captación pagan un alto precio, y que una vez en su casa, e incluso antes de llegar a ella, abandonan a la suerte de todo tipo de comisionistas, intermediarios, y rapaces variopintos.
Hay dos palabras que deberían estar grabadas a fuego en el frontispicio de cualquier hotel, y cinceladas en la cabeza de sus gestores: UP-SELLING y CROSS-SELLING … En Ibiza ya lo han entendido, y así les va.
¡Buena semana, y buen FITUR!

 

 

28 enero, 2013 | 13:00

A estas alturas, todo el mundo sabe que SAREB se brinda hoy a un ejercicio esencialmente introspectivo. ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Anuncian cada fichaje como si estuvieran completando la plantilla de galácticos de un club de fútbol. Llevan ya ocho. Todos talentosos, de seguro, pero parece poco ejército para tanto frente.

A trazo grueso, les han entrado ya  más de medio millón de activos (financieros e inmobiliarios). Haciendo una cuenta gorda, tocaban hasta esta misma semana a casi doscientos mil por cada uno de sus tres integrantes (Presidenta, Director General y Secretario General antes de las recientes cinco contrataciones). No es demagogia. Manifiestan que SAREB no “gestiona”, gestión que teóricamente reposa en las Entidades cedentes, pero que las directrices las marcan ellos. ¿Cómo? 

Las Entidades de Grupo 1 (las cuatro nacionalizadas por el FROB) recibían una instrucción en diciembre en cuya virtud a partir del día 15 de ese mismo mes no debían realizar operaciones sobre los activos objeto de transmisión a SAREB. Orden de meter todo el paquete inmobiliario en el congelador por parte de BANKIA, NovaCaixaGalicia, CATALUNYA BANC, y Banco de Valencia. Y es un paquetón de más de 37.000 millones de Euros de valor económico (No el nominal que más que duplica esa cifra).

En el paquete hay todo tipo de producto, clasificado en las dos consabidas categorías de inmuebles físicos y activos financieros de riesgo-promotor.

En el apartado inmuebles adjudicados el problema que se está planteando, ante la abstracción intimista de SAREB, trae causa del hecho de que estos activos “piden pan”, incluso en su más inerte expresión. Me explico. Se dirá que un suelo que no se va a promocionar necesitaría de escasísima gestión, y marginal atención.  Sin embargo, como SAREB sigue con el grifo cerrado casi un mes y medio después de su orden de “quietos-paraos” ¿qué pasa con las juntas de compensación donde son mayoritarios o relevantes? ¿Cómo y contra qué se atienden derramas? ¿Y la liquidación de impuestos y tasas locales?

La situación se agrava, evidentemente, si se trata de promociones en curso de la Entidad Cedente. ¿Se están atendiendo los pagos por certificaciones de obra? Y si la respuesta es negativa ¿qué pasa con el constructor? Con las empresas del gremio ya jibarizadas por la implosión de la actividad promotora, esta situación les puede dar la puntilla.

Y ¿quién está decidiendo el precio de venta de los inmuebles adjudicados? ¿Y quién decide la eventual subrogación del adquirente en el préstamo hipotecario? ¿Subroga SAREB? ¿Puede financiar la Entidad nacionalizada cedente del préstamo hipotecario inicialmente cedido? ¿Quién se encarga del mantenimiento y gestión de los inmuebles arrendados? ¿Y de su puesta en alquiler? ¿Y de la gestión de alquileres? ¿Y del pago de las cuotas de comunidad?

Del lado de las posiciones financieras el panorama es análogo. A esta fecha, y por lo que a mí me consta, no se están liberando los tramos para atender certificaciones de obra de préstamos promotor cedidos. Es más, tampoco se liberan las disponibilidades de préstamos hipotecarios dadas en cobertura del servicio de la deuda de las ya manidas refinanciaciones de patada a seguir.

La lista de interrogantes es completa, pues, por lo que oigo, no hay nadie al otro lado del teléfono. Silencio que ya dura mes y medio. Esperando pasivamente órdenes, y buscando desesperadamente a SAREB.

¿Saben de lo que cada día estoy más firmemente convencido? De que el mecanismo de Banco Malo tiene a corto y medio plazo por objetivo fundamental no dar salida a los activos, ni malos ni buenos. Creo que su leitmotiv actual pasa precisamente por remansar un volumen ingente de activos inmobiliarios y mantenerlos fuera de mercado, de modo que se represe el caudal de oferta que hundiría aún más un mercado con una contracción tan fuerte de demanda y tamaño exceso de stock.

Ya lo manifesté hace meses en esta misma bitácora. Este asunto del saneamiento del crédito inmobiliario se me antoja un enorme cártel de crisis, con el que se persigue regular la oferta del oligopolio. Lo que ocurre es que en lugar de proceder a fijar cuotas para cada entidad, la retirada de producto se articula a través de una bolsa única, la propia SAREB, que por cierto, teóricamente controlan el resto de oligopolistas inmobliarios (al menos nominalmente, dada la participación mayoritaria en el capital de SAREB de la Banca Sana).

Con la entrada de los activos inmobiliarios de las Entidades de Grupo 2 o asimiladas (CAJA 3, LIBERBANK, CEISS, y BMN) quedará ya remansado en el corto plazo producto equivalente a cerca de la mitad de todos los activos financiero-inmobiliarios del país. Al menos en términos de volumen de riesgo anterior a la cesión de activos a SAREB. Ello supone que la Banca Sana tendrá un hueco temporal de más de un año para achicar sus sentinas, sin la competencia de la mitad de la oferta de producto inmobiliario nacional.

Otro efecto colateral de SAREB se concretará en una contribución relevante a la más que probable desaparición de todos los actores no financieros del mercado inmobiliario español. Aunque se trata de una competencia ya muy debilitada para las Entidades financieras (por  su asimetría de balance y nula capacidad de financiación), la misma desaparecerá, sin remisión, a corto y medio plazo.

En fin, que cada día que pasa estoy más convencido de que lo que se nos ha vendido como saneamiento de la Banca enferma, en realidad apenas encubre el apuntalamiento de la Banca “Sana”. 

Sigamos conversando por aquí o en Twitter: @emilgarayar

14 enero, 2013 | 11:10

Al grito de “compre español, y veranee en su patria” vamos hacia el mismo lugar de donde hoy partimos. Cuando ese ¡Santiago y Cierra España! se envuelve en la bandera del interés público ¡agárrense los machos!

Los americanos tienen un acrónimo que describe la posición adecuada para preparar ese advenimiento: BOHICA (bend over here it comes again). Nosotros, mucho más quevedianos, rimamos con el “cinco” para un fenómeno con análogo final.

Esto viene a cuento de ciertas reacciones de las representantes institucionales de las profesiones putativamente afectadas por el contenido de un powerpoint que incluiría determinadas consideraciones sobre la inspiración de las hipotéticas medidas liberalizadoras del borrador de anteproyecto de ley de liberalización de servicios profesionales, que se habría filtrado. Como podrán fácilmente anticipar, el sarpullido sale del lado de la colegiación obligatoria para el ejercicio profesional (y correspondiente exacción a los colegiados para solaz de las arcas colegiales y sus administradores), y de la no menos doliente imaginaria contracción del ámbito de las reservas de ley que dibujan los respectivos monopolios legales del profesional colegiado de turno.

Pues bien, según refleja la prensa económica del fin de semana, no hay uno que no haya invocado el interés público como principal (si no única) motivación para justificar su radical oposición a unas no-medidas que pudieran poner en cuestión, si quiera remotamente, sus privilegios.

El fin del monopolio de los farmacéuticos como propietarios de boticas menoscabaría la salud pública; el hecho de que ingenieros pudieran desarrollar tareas reservadas a arquitectos supondría un menoscabo de nuestro acervo cultural; si otros ingenieros suficientemente cualificados se pusieran a hacer puentes u obras hidráulicas se perjudicaría el medio ambiente y se pondría en solfa la reputación internacional de nuestros ingenieros de caminos; si los abogados se metieran a hacer de procuradores se socavaría la acción de la justicia, y si se nos liberara del yugo de la colegiación obligatoria (pagando) nos pasaríamos por el forro la deontología profesional, al asalto del pobre e indefenso justiciable.

En lo que a mí me toca, reproduciré textualmente lo que le dije antes de la campaña electoral a la hoy Decana de mi Colegio el día que la conocí: “si abogas por la desaparición del Colegio, tienes mi voto”. A punto han estado entre todos de contribuir al resultado que yo añoraba.

Este país tiene muchos problemas y éste no es el mayor de ellos. No deja de sorprenderme, empero, que sus elites profesionales hagan gala de una tal tolerancia, por indiferencia o inacción, hacia el status quo pseudofuncionarial que mora en la órbita de los Colegios, y que, con las consabidas excepciones, se erige en garante, fundamentalmente,  de su RPT (los funcionarios conocen de memoria el acrónimo).

Pero es que, más allá del muy humano instinto de conservación de la especie, lo que a mi juicio pone de manifiesto este entramado colegial es un problema más de estructura que de coyuntura. Es la negación de la mayoría de edad de los profesionales, y, lo que es más grave, la censura preventiva de su libertad. Estos controles previos –en mi opinión- implican una concepción del ciudadano, y en el caso presente del profesional, necesitado de la tutela pública para no errar, incluso antes de actuar. Supongo que por aquello tan Ignaciano de que “quien evita la tentación, evita el pecado”.

No, señores: libertad y responsabilidad individual. Eso sí, quien la haga, que la pague con todas las de la ley. Porque lejos de salvaguardar la recta conducta de sus colegiados, no pocas de esas corporaciones se han erigido en, haciendo honor a su nombre, adalides del más rancio corporativismo al servicio de la impunidad de los pocos que dudosamente habrían alcanzado en su desempeño profesional el estándar exigido por la lex artis ad hoc.

Señores del Gobierno ¡ánimo con el PowerPoint! Pásenselo a alguien pre-ESO con un respeto mínimo por la sintaxis, y a ver si se transmuta pronto en carne de BOE. Y no escuchen a los perros que ladran desde el establo (en sentido figurado, claro), pues como parece que escribió Goethe, que no Cervantes, “el eco de sus ladridos demuestra que cabalgamos”.

Puede seguir a Emiliano en Twitter haciendo clic en: Twitter_icon

08 enero, 2013 | 12:19

En la entrada anterior, analizábamos la situación de sequía financiera para las empresas y prometíamos exponer algunas medidas que supondrían una mejora en la posición de liquidez de la pequeña y mediana empresa.

Por dos veces en el ejercicio 2012 se ha legislado la inversión del sujeto pasivo del IVA, con el indisimulado propósito de privilegiar los intereses de la Hacienda Pública. ¿Por qué no invertir el sujeto pasivo de IVA en todas las transacciones PYME cuando el destinatario de la factura sea una administración o una gran empresa? ¡Los autónomos se revuelven con razón ante varios cientos de millones ingresados en concepto de IVA por facturas cuyo principal no han cobrado! Por cierto, los morosos number one son precisamente las Administraciones y utilities varias.

¿Por qué no habilitar a las PYMES para que compensen los créditos que ostenten frente a cualesquiera administraciones públicas (incluida la local y autonómica) con sus obligaciones frente a cualquiera de ellas? Si ello produce desbalances entre ellas, que se arreglen, que para eso se pasan la vida liquidando transferencias. Y no esgriman en contra el control del déficit, que el objetivo es global y para el conjunto de las administraciones públicas. ¿Que ello puede deteriorar la posición de caja de algunas? Toma, y si no el deterioro es el de la caja de la PYME de turno.

Finalmente, ni Adam Smith ni yo creemos en el buenismo en esto de la financiación bancaria. Es verdad que el principal negocio de la banca era la intermediación crediticia, pero  rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras. Hoy les cuesta un Congo prestar un euro, gracias a que somos más chulos que un ocho y que por obra y gracia del desastre cajero nos han anticipado en varios años los estándares de capitalización de Basilea III. Alemania ya ha anunciado que este año no lo introduce, y Estados Unidos lo retrasa un par de años para que no constituya un incentivo a la contracción del crédito ante la débil recuperación de su economía ¡Toma ya! Y mientras tanto, en España al 9 por ciento de core capital.

Conclusión. Se han de arbitrar medidas contundentes, inmediatas y eficaces  para abrir el grifo de la financiación PYME por todas las vías posibles. Mis propuestas las dejo para la próxima entrega. Mis mejores deseos para el año 2013, no será bueno, pero ha habido peores.

@emilgarayar

03 enero, 2013 | 12:11

Afirmar lo obvio no te hace precisamente ocurrente. ¡Ay… si al menos manejáramos la prensa (de imprimir billetes)!

España se ha pasado todo el año corriendo delante de los vencimientos de su deuda y al entrar en el nuevo año, en lugar de alivio, encuentra una nueva montaña de deuda que alimentar con papel y más papel. Sísifo pero con la piedra engordando en cada viaje.

Y mientras tanto, nuestro Gobierno en plan Cid Campeador con el discurso de la unidad bancaria europea en ristre. Un sofisma: con ella se lograría desacoplar la crisis financiera privada de la crisis de deuda soberana. La realidad es otra y bien conocida: pretensión apenas indisimulada de que los europeos apechuguen con la factura de nuestra resaca inmobiliaria, ahorrándonos unos cuantos cientos de puntos básicos a sumar a nuestra hipertrofiada deuda. Va a ser que no.

No parece posible que las crisis gemelas puedan desacoplarse sin matar a ambas criaturas: son siameses unidos por la cabeza, con órganos vitales compartidos. Ya todos nos sabemos de memoria lo del carry trade: el BCE riega con liquidez a la Banca a coste real negativo, porque ésta tiene los mercados mayoristas de financiación cerrados, y con el chorro de billions se dedican a suscribir deuda soberana española (que nadie tomaba en 2012 salvo a punta de pistola) con una rentabilidad dopada gracias a la denostada actividad de los taimados especuladores en los mercados secundarios de deuda. Preciosa aportación a la cuenta de resultados de las Entidades, y un matchball tras otro salvado por nuestro eficiente Tesoro público.

¿Resultado de todo lo anterior? Se consolidó el crowding out. Contracción del crédito privado en todas sus declinaciones: a hogares, PYMES, industria, servicios (todos out). Una única y obvia excepción: nuestra querida Administración Pública (crowding, pues son legión), que sigue devorando hijos so pretexto de salvarnos del caos. Ya se sabe: aprés moi, le déluge.

La Banca nacional, lejos de erigirse en instrumento de asignación eficiente del crédito que tanto necesita nuestra economía, ha invertido la marcha hasta convertirse en una gigantesca aspiradora de los cada vez más magros y disputados recursos. Entre FROBs fallidos e inyecciones europeas debe haber consumido más de 100.000 millones de Euros y sumando, sin contar los milmillonarios LTROS del BCE (long-term refinancing operations). Ello, en una economía hiperbancarizada como la española es, efectivamente, el preludio del diluvio que ya está aquí, ahogándonos en una charca de iliquidez. No hay dinero en el sistema más que para Banca y Administración, y al común no le queda otra que apretarse el cinturón y aferrarse a la caja cual náufrago.

En esto, como en otras cuantas cosas, el diagnóstico de nuestros gobernantes es tan acertado como contumaz su inacción. El MOU ya lo prescribió: medidas urgentes para financiación empresarial no bancaria. Hasta para la burocratizada Bruselas resultaba obvio que el saneamiento financiero de los balances bancarios no traería una reactivación del crédito, sino todo lo contrario. Mas aquí se sigue farisaicamente con la matraca de taparse las vergüenzas del incondicional apoyo a las Cajas y desmanes cajeros varios prometiendo un futuro de arroyos y fuentes de billetes verdes regando nuestro tejido empresarial, hoy anémico y desangrado.

Vuelve la temporada de los “brotes verdes” con todo su vigor, a pesar de lo lejos que está la primavera. Pero al tiempo, se anuncian toda suerte de medidas dirigidas a la reactivación del crédito empresarial, al margen, claro está, del manido saneamiento bancario. Por cierto, a esta hora aún ninguna ha visto su reflejo en el BOE, a pesar de la emergencia financiera nacional que implica esta situación y de contar con un Gobierno campeón histórico en el recurso a la legislación de extraordinaria y urgente necesidad.

Pues bien, el género que se enseña dista a mi juicio de convertirse en un alivio a corto plazo de la sequía de financiación empresarial (y, particularmente, PYME) que padecemos. La genial idea que se lleva la palma es la del mercado organizado de deuda (pagarés y obligaciones) de pequeñas y medianas empresas al estilo MAB, pero en renta fija. Y yo me pregunto, si para estabilizar el mercado de deuda soberana España hemos necesitado el bazuca del BCE (recuerden aquel “haré todo lo que tenga que hacer” del Supersheriff Draghi), ¿cómo vamos a conseguir inversores interesados en deuda de PYMES españolas? Y ello sin contar con el capítulo del coste de esa deuda, pues si a España SA le piden casi un siete por ciento a diez años, ¿a qué tipo se financiaría Talleres López S.L.?

Ya, ya. Se me dirá que ha funcionado en Alemania y Japón. Pero por si alguien no se ha dado todavía cuenta, no se nos percibe ahí fuera como Alemania o Japón. Por cierto, dos de los países con mayor tasa de ahorro doméstico del mundo.

Después viene el capítulo Banca nacionalizada, que daría casi risa de no habernos costado la broma las decenas de miles de millones de euros que el contribuyente español lleva gastados en su apuntalamiento. Pedirles una expansión del riesgo PYME es pretender que soplen y sorban al tiempo. ¿No tienen que contraer balances por el lado del activo? ¿No necesitan reforzar su capitalización mediante la disminución de sus Activos Ponderados por Riesgo? ¿No deben limitar su riesgo a la casi total cobertura del activo por depósitos? Además, por la vía de la subasta acelerada de Entidades, salvo Bankia, no tengo muy claro que otra Entidad nacionalizada va a quedar como putativo instrumento de política industrial.

Por el lado de la mitigación de riesgo PYME se anuncia un refuerzo del papel de las sociedades de garantía recíproca. Pero es que éstas no dan financiación, sino que mutualizan riesgos a través de la prestación en comandita de garantías frente a terceros financiadores. ¿Quiénes son estos últimos? Me remito a los dos párrafos anteriores: no están y no se les espera.

Y por último, más activismo del ICO en sus líneas a la pequeña y mediana empresa. Sin embargo, el ICO no es una banca pública ni una Entidad de Crédito Industrial. Para realizar su labor se apoya en las redes de la banca universal que “filtra” el análisis de riesgos, y en algún que otro caso aprovecha su intermediación en una suerte de arbitraje para substituir el riesgo propio por el público, en un juego de suma cero.

¿Qué nos queda más allá del pataleo? Desde luego que hay unas cuantas medidas que aunque no den, al menos no quitan, lo que ya de por sí supone una mejora en la posición de liquidez de la pequeña y mediana empresa. En el próximo post, esbozaré algunas ideas.

@emilgarayar

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Abogados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

© Prisa Digital S.L.- Gran Vía, 32 - Edificio Prisa - Madrid [España]