Sobre el autor

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Asociados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

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04 julio , 2012 | 14 : 07

De rankings y despachos de abogados

En apenas dos días llegan a mis manos sendos rankings de despachos de abogados: uno nacional por facturación absoluta y el otro internacional por número de operaciones de fusiones y adquisiciones así como por el volumen de éstas en España y Portugal para el primer semestre de 2012.

Lo primero que me viene a la cabeza es que en un sector con tan poca transparencia como el de la práctica jurídica a través de empresas de servicios profesionales, cualquier esfuerzo en esa dirección es positivo, para el sector, para los abogados, y para la economía en general. Pero ahí prácticamente se agota la bondad del ejercicio, sobre todo en la clasificación de despachos en España por facturación.

En efecto, la cifra absoluta de ventas de una empresa, descorrelacionada de todo lo demás, apenas dice nada. De hecho, puede incluso tapar más de lo que se pretende enseñar. Desmenucemos algunos aspectos del encomiable esfuerzo de clasificación al que algunos se brindan.

Se dice ranking de despachos de “abogados”, imagino que como sinónimo de prestación de servicios jurídicos, cuando una parte muy sustancial de la facturación que se les imputa a los “clasificados” corresponde a actividades desarrolladas por otra clase de profesionales (economistas, ingenieros, et alii), lo cual resulta antónimo de lo primero, dado que en España existe una reserva de ley en favor de los abogados en lo que a la prestación de servicios jurídicos respecta. Me atrevería a decir, a la vista de los integrantes, que incluso las cifras responden en medida no desdeñable a servicios no estrictamente jurídicos, aunque relacionados, tales como la gestión de patentes y marcas, asesoramiento tecnológico no jurídico, medioambiental, representación de actores y deportistas, etc.

Es, de otro lado, impresionante y no demasiado gratificante que solo un sesenta y seis por ciento de los incluidos en el ranking acrediten las cifras de ventas que se publican, cuando imagino que sobre la práctica totalidad pesa la obligación de presentación de cuentas anuales correspondientes al ejercicio 2011. Y aquí es donde se produce también otra distorsión notable en la comparación de cifras, pues no todos los despachos cierran ejercicio a 31 de diciembre, y puede haber decalajes de hasta seis meses en los periodos que se están comparando, lo cual en un ciclo económico como el presente puede tener efectos no desdeñables.

Llama de otra parte poderosamente la atención que ninguna de las firmas del Magic Circle londinense hayan facilitado datos de sus operaciones en España (Clifford Chance, Linklaters, Freshfields y Allen & Overy) cuando es una obviedad que son protagonistas en primera persona de la abogacía de mayor valor añadido que se practica hoy en España y Portugal. Para muestra de lo dicho, los datos ofrecidos por Mergermarket para el primer semestre de 2012. Por volumen de operaciones transaccionales (M&A) para Iberia (España y Portugal) solo figura un despacho español entre los cinco primeros (Uría), acompañado de tres portugueses y un británico (Linklaters). En número de operaciones de M&A (indicador menos cualitativo que el anterior) sí figuran los tres grandes despachos españoles, encabezando Linklaters y cerrando el quinteto Baker & McKenzie, aunque las diferencias en volumen son siderales (Uría con 10 operaciones suma un volumen agregado de 7.512 millones de USD, por 921millones USD de Cuatrecasas para 12 operaciones, y 317 millones USD de Garrigues para 10).

Se podrá alegar que M&A es solo una parte de la práctica profesional y está en estos tiempos de capa caída. Sea como fuere, sigue siendo la prueba del algodón de quién es quién en el mundo de la abogacía de los negocios y ninguna otra práctica “anticíclica” es capaz de tapar la orfandad que deja su ausencia. Creo que como indicador cualitativo de quiénes juegan en primera división sigue siendo más que válida.

En cualquier caso, los dos parámetros realmente relevantes para comparar calidad y no cantidad no están o apenas son indicativos de nada. Me refiero a los beneficios por socio, conocidos en el mundo anglosajón como PPP (Profits Per Partner) y a los ingresos por abogado (fee-earner) que en el caso del ranking español habrá que reconvertir a ingresos por “profesional” a tenor de la heterogeneidad de su composición.

Para los neófitos en estas lides, es quizás útil apuntar que las firmas de servicios profesionales – despachos de abogados no generan normalmente beneficio contable de alguna relevancia, habida cuenta de que su BAI se reparte entre los socios propietarios a título de retribución de prestaciones accesorias que minoran, en tanto que gasto, el beneficio hasta acercarlo a cero. De ahí que cuando nos referimos a los beneficios por socio lo haríamos al cociente entre BAI y número de socios propietarios que perciben su retribución a título de prestación accesoria.

Pues bien, ese parámetro de PPPs que es, como decíamos, el de mayor importancia en el mundo anglosajón resulta total y absolutamente ignoto por estos lares. ¿Por qué es el más relevante? Se podrá criticar arguyendo que el dinero no es la medida de todas las cosas, pero sí que es sin duda el exponente de la mayor realización del “ánimo de lucro” que persigue una sociedad mercantil, en el caso presente, de servicios jurídicos (que no de abogados). Su relevancia viene motivada fundamentalmente por dos factores: el primero concierne a la atracción del mayor talento y el segundo a la retribución del mejor talento. Me explico. En el mundo anglosajón (y no sólo, también en Alemania y en otros países centroeuropeos) adquirir la condición de abogado en ejercicio supone una inversión muy importante en términos de esfuerzo, de dedicación y también económicos. A menudo esa formación se financia con créditos onerosos (student loans) que es preciso amortizar desde el inicio de la carrera profesional. Los mejores estudiantes se sienten en consecuencia atraídos e, incluso, cortejados, por los mejores despachos, es decir, los más rentables, que les aseguran una importante retribución a la altura de la inversión realizada y de su talento, así como mayores posibilidades de desarrollo profesional y reconocimiento social. En el reverso de la moneda, también se podría afirmar que su mayor rentabilidad es la consecuencia precisamente de su calidad, pues en un mercado eficiente y en competencia mayor margen es sinónimo de mayor valor aportado, reconocido y retribuido. Los mejores clientes y los asuntos más atractivos y lucrativos para los mejores despachos. De ahí que la publicación de ese parámetro no responda a un prurito de transparencia, sino a una estrategia de marketing de la propia firma y de proyección de su éxito empresarial.

¿Por qué no se publica este indicador en España? Desconozco la respuesta. Imagino que se piensa que es irrelevante tanto para la atracción de talento como para la diferenciación de marca. O quizás hay algo cultural en no mostrar las riquezas propias por miedo al agravio o al fisco.

¿Y la facturación por profesional? Esta sí que se publica, y si fuera buena, debería ser ilustrativa de la calidad del trabajo de cada despacho, pues la mayor facturación por abogado debería venir acompañada e ilustrar un mejor servicio, de más calidad, con seniority y expertise (perdón por el abuso de anglicismos). Desgraciadamente, conociendo un poco el sector, la clasificación en su conjunto, salvo honrosas y escasas excepciones, clarifica menos de lo que enturbia. ¿Por qué? Pues porque si bien el numerador es susceptible de alguna manipulación (solo servicios jurídicos o también de otra naturaleza, facturación bruta o neta, con gastos y refacturaciones o sin ellos, etc.), es en el denominador donde se dan las mayores distorsiones, hasta el punto de inhabilitar la relevancia del ejercicio en su conjunto. Hay firmas que incluye a juniors (que en las grandes son legión) y otras no, ello puede suponer diferencias de entre veinte y cien unidades menos en el denominador. También hay casos donde en el numerador se incluye toda la facturación de la empresa de servicios profesionales por cualesquiera servicios de toda naturaleza y condición, mientras que en el denominador solo se incluyen “profesionales”, o simplemente “abogados”, lo cual resulta particularmente distorsionador en las firmas que desarrollan trabajos de escaso valor añadido y poco margen, pero alto volumen, en muchas ocasiones gestionado por personal integrado en el staff que no se incluye en el denominador de “profesionales”.

Finalmente, aún de menor relevancia es el indicador relativo a la facturación por “socio” porque a las distorsiones ya apuntadas que enturbian el parámetro de facturación por profesional se suma el proceloso mundo de la categoría de “socio”, un concepto jurídico y fáctico indeterminado que pertenece a la ciencia de la ontología.

En fin, que como todo el mundo hace rankings, pues nosotros también, pero ahí se agota, desgraciadamente, la utilidad del ejercicio.

@emilgarayar

Comentarios

Lucia

Llevas mucha razón, me parece difícil de creer que solo un sesenta y seis por ciento de los incluidos en el ranking acrediten las cifras de ventas que se publican

Ale

Gracias.

José Martín

Estupendo artículo. Pues sí, como en tantas cosas, cuanto más sabes de un asunto, más te das cuenta que no lo conoces. También me sorprende que las firmas que podrían "sacar pecho" y con la publicación de sus ratios reafirmar su posición; no lo hacen, ¿no lo necesitan? ¿es su visión aún, algo decimonónica siendo esquivos a la publicidad? sospecho que no.

Carlos

Supongo que ocurrirá como en todos los gremios, los datos aportados difieren bastante de la realidad. ¿A quién beneficia? A quienes a quienes nos gobiernan supongo ¿no?

Abogado Madrid

Enhorabuena por tu articulo. Estoy muy de acuerdo contigo en la manera en la que has enfocado el tema y la actualidad. Un saludo

Arte Abogado

Ser abogado de verdad que es un arte!


Arte del Abogado

Madrid abogado penalista

En realidad creo que en estos años la lista ha cambiado, la falta de transparencia no

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