Sobre el autor

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Asociados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

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El ejercicio onanista por antonomasia del político español del ramo es cantar las estadísticas de Turismo al cierre de cada ejercicio: ¡hasta el cielo y más allá! Setenta y cinco millones de almas, con sus respectivos cuerpos, pisotearon un ratito la piel de toro y archipiélagos adyacentes.
No caeremos en el tan español vicio de despreciar, criticar y hasta demonizar las buenas noticias. Ya se sabe, no son noticias. Año tras año batimos récord de visitantes, y con él, aunque no va de suyo, récord de ingresos. Tan importante es -a mi juicio- el sector turístico para España que es este rubro y no otro el que nos mantuvo en pie en plena hecatombe económica bajo la égida del de la conjunción planetaria. Empleo precario, temporal y mal pagado, pero empleo, a fin de cuentas. Más de un millón y medio de ocupados, y subiendo.
Esta semana se celebra en Madrid la mayor y más importante feria turística mundial: FITUR 2017. Buen momento para medir la temperatura del sector.
Huyendo de mi proverbial dispersión me gustaría centrarme en dibujar algunos trazos de nuestra industria hotelera, sobrevolando su coyuntura para decantar algunas tendencias estructurales que a mí me parece detectar y que en ocasiones pasan desapercibidas entre tanto follaje de cifras de ocupación, ingresos y presencia internacional.
Aparentemente, los hoteleros tienen dos preocupaciones: los tíos de la colchoneta hinchable en el salón, también conocidos como AirBnB, y sus imitadores de toda suerte y condición (Home-away, couchsurfing et alii); y Montoro, por lo de la subida del tipo de IVA, que del resto mejor no hablar no vaya a ser que se dé por aludido y se marque unas paralelas (no es un ejercicio gimnástico a pesar de su nombre). Adicionalmente, en un alarde de geo-estrategia, a veces pueden hasta valorar el impacto de coyunturas políticas internacionales tipo BREXIT, pero poco rato, se les pasa en cuanto ven la evolución de las reservas y, sobre todo, del precio medio (ADR, ese acrónimo tan elocuente).
Vaya por delante que yo de hoteles no sé nada, que para eso ya está mi hermano. Pero con el atrevimiento que da la ignorancia y desde una cierta distancia con el día a día de la industria, a pesar de mis vínculos con la misma, oso afirmar que se trata de un claro ejemplo de árboles que no dejan ver el bosque.
No deseo ser agorero, ni encarnar al tipo que enciende la luz para gritar que la fiesta se acabó, pero considero que en términos generales y con contadas y honrosas excepciones, la industria hotelera española está mayoritariamente obsoleta, adolece de una preocupante falta de competitividad, se muestra particularmente reacia al cambio y la transformación digital, presenta una oferta tremendamente fragmentada, sin una clara propuesta de valor, ni posicionamiento ni diferenciación de producto. Evidentemente lo anterior no es en su mayor parte predicable de las grandes cadenas hoteleras españolas, pero estas son una escasamente representativa minoría dentro del universo hotelero. E incluso tampoco son ajenas a alguna de las debilidades apuntadas.
Y Ustedes dirán que esto es lo de Galileo … e pur si muove, y que ojalá todos los sectores productivos en España lo hicieran “tan mal” como los hoteles, visto lo visto. Pues bien, yo les diré que el turismo en España se sostiene en gran medida por el mundialmente reconocido efecto Rajoy, de moda en las mejores escuelas de negocio y estudiado en todas las cancillerías europeas, que consiste básicamente en hacerse la estatua de sal (en plan mannequin challange) esperando que el mundo se hunda en tu rededor … ¡y se hunde! ¿No me creen?
Hoy Canarias lo peta. Todo el año es primavera, es decir, temporada alta, que ni en el Corte Inglés. Han exiliado de sus playas hasta a los jubilados del IMSERSO. El archipiélago de las Afortunadas se ha erigido en el epítome del éxito turístico español. Sin embargo, no hace falta remontarse al Pleistoceno para recordar como Canarias tuvo que ser rescatada del abismo mediante la aprobación de urgencia de un Plan Canarias dotado con 25.000 millones de Euros, de los cuales 10.000 millones a invertir en el cuatrienio que seguía a su fecha de aprobación: ¡Año 2009! ¿Qué ha pasado entre entonces y ahora? Es cierto que la coyuntura económica mundial, y singularmente la europea, se encontraba entonces en sus horas más bajas, y el hundimiento del turismo se emparejó con el estallido de la madre de todas las burbujas inmobiliarias, pero la “recuperación” del mercado turístico, y con ella la de la economía canaria, no se explica sin computar como merece el efecto de la Primavera Árabe, que social y políticamente, para su desgracia y la de la humanidad, ha sido más bien invierno.
En efecto, España reina en el panorama turístico europeo por muchas razones, pero de las mismas unas cuantas de gran peso resultan absolutamente ajenas y fuera del control de nuestra industria turística. En el exterior, el desolador panorama político y social de todos nuestros vecinos mediterráneos del Sur y Este, que no solo no va a mejor, sino que incluso se complica (v.gr. Turquía); efecto éste agravado por una timorata población europea en acelerado proceso de envejecimiento que está para sopitas de marisco y buen vino. En el interior, unas infraestructuras físicas a la cabeza de cualquier país desarrollado, a las que por su juventud no ha dado aún tiempo a deteriorarse, y el modo de vida español, dicharachero e indulgente con los pecadillos capitales que proporcionan alegría al cuerpo; a los que sumar la calidad de nuestra Sanidad y a la Guardia Civil.
Y más allá de coyunturas, que no todo es empedrado, bien se puede afirmar que la distribución en la industria hotelera ha cambiado en los últimos años. Para nuestra suerte, como país y como industria, los empaquetadores de producto han ido sucumbiendo a las fuerzas de internet, lo que ha emancipado a viajeros y destruido (parcialmente) el sistema de garantías que tanto magro ha expropiado a nuestros hoteleros, quienes corriendo con la inversión y el riesgo se llevaban las migajas del pastel a mayor beneficio de los Tour Operadores que pastoreaban rebaños desde origen. Sin embargo, estos han sido sustituidos por fuerzas no menos voraces e incluso más poderosas, las OTAs (Bookings y Expedias varios), plataformas de distribución on-line de nuestra oferta que por una módica mordida de hasta el veinte por ciento de los ingresos canalizan a viajeros de toda procedencia hacia los hoteles españoles. ¿Qué margen hay que tener para resistir un mordisco del veinte por ciento de las ventas brutas por parte de un distribuidor?
¿Hay remedio? Sí claro, la venta directa. Pero para vender hay que posicionarse, diferenciarse, comercializar en origen … en fin, estrategia, trabajo e inversión. Es algo más que una página web bonita y un video 360.
A esta hora muchos hoteleros no se han percatado de que no venden “estancias”. De que un hotel es una plataforma física, y hasta virtual, de distribución de productos a unos clientes por cuya captación pagan un alto precio, y que una vez en su casa, e incluso antes de llegar a ella, abandonan a la suerte de todo tipo de comisionistas, intermediarios, y rapaces variopintos.
Hay dos palabras que deberían estar grabadas a fuego en el frontispicio de cualquier hotel, y cinceladas en la cabeza de sus gestores: UP-SELLING y CROSS-SELLING … En Ibiza ya lo han entendido, y así les va.
¡Buena semana, y buen FITUR!

 

 

24 junio, 2012 | 20:04

A los españoles nos gusta la contradicción. Todos tenemos espíritu de tertulianos, y en la cúspide de la clase política, tanto más. Eso podría explicar el titánico y hasta ahora estéril esfuerzo por mutar la naturaleza del rescate en una “financiación blanda en condiciones preferentes” (vamos, un chollo) a nuestro sistema financiero, o, al menos, a la parte de él necesitada de oxigeno y vitamina B1, después de la borrachera hipotecaria de la década “prodigiosa”.

Muchos pretenden encontrar los fundamentos de la dialéctica Merkel-Rajoy, o, por despersonalizar, Alemania-España, en las raíces de nuestra cultura económica impregnada, en el caso de España, por un catolicismo teórica y tradicionalmente refractario a las cosas de este mundo (vil metal, en román paladino), frente a esa Europa del norte calvinista y ahorradora, que pretende redimir sus pecados en el trabajo diario (ora et labora). Vamos, la fábula de la cigarra y la hormiga, en versión crisis del Euro. Yo respetuosamente discrepo, para variar.

Aquí el dilema moral es – a mi juicio – de mucha menor envergadura intelectual. Se trata de asignar riesgo y, de materializarse éste, quebranto.

En efecto, como la actualidad apenas dura un segundo, y en ocasiones ni eso, porque ya está descontada antes de materializarse (verbigracia, el famoso rescate blando de los 100.000.000.000 de Euros, con todos sus ceros a la derecha), apenas recordamos el extendido debate sobre el “riesgo moral” o, en su original inglés “moral hazard” que prendió en Estados Unidos allá por el 2007/2008 con motivo de la quiebra de su sistema financiero y su posterior salvación y saneamiento por parte de las autoridades federales a través del TARP y de otros mecanismos de política fiscal y monetaria. En resumidas cuentas, se trata de la manida “privatización de beneficios y socialización de pérdidas” que tanto le gusta repetir a la izquierda en relación con la actividad financiera y bancaria. Cuando las cosas van bien en Banca, los stakeholders recolectan pingües beneficios, pero cuando la cosa va mal, o muy mal, el tesoro público, es decir, todos los ciudadanos, acaban/acabamos pagando la factura de los platos rotos, al tratarse el crédito de un insumo esencial de la economía de mercado; y asumirse al tiempo que la quiebra de una entidad o del sistema acaba por infligir un coste a la sociedad superior al requerido para evitarla (lección “Lehman Brothers”). Ello justificaría la fuerte regulación a la que se encuentra sometida la actividad bancaria y los poderes exorbitantes que se le vienen a reconocer a las autoridades supervisoras (Banco de España) precisamente para prevenir que el coste social se materialice dando pie al manido riesgo moral.

Hasta aquí la teoría. Vamos a la práctica de nuestro querido sistema financiero hispano-español, hasta hace bien poco el mejor sistema financiero del mundo en manos de un ejemplar supervisor, luz y guía de sus pares al hilo de sus famosas provisiones anticíclicas.

Resulta que con la crisis bancaria local ya abierta, el nuevo Gobierno salido de las urnas proclama a los cuatro vientos que ni un euro ciudadano iría a parar a las arcas de las malvadas Entidades financieras que no supieron hacer sus deberes, cigarras ellas en tiempos de abundancia. Con tal ánimo, se diseñó un mecanismo de saneamiento de Entidades intervenidas que giraba en torno al Fondo de Garantía de Depósitos, de modo que fuera el propio sistema bancario el que se hiciera cargo de los costes de su reestructuración. Claro que con la primera tirada se agotó el mini cañón Berta, exhausto tras el esfuerzo de saneamiento de la CAM vía recapitalización, líneas de liquidez y Esquema de Protección de Activos. A partir de ahí se abrían dos opciones, ante la evidencia de que el agujero de nuestras entidades estaba lejos de quedar colmado (ya solo la cartera de “nacionalizadas” pre-Bankia, asustaba): una que se exploró encontrando una fuerte resistencia de las Entidades financieras, que pasaba por dotar de recursos al Fondo de Garantía de Depósitos vía crédito que debían aportar los propios Bancos y Cajas; y la otra, seguir tirando de FROB, como había hecho el anterior Gobierno, en la ficción de que lo puesto eran “préstamos” casi usurarios que se recobrarían con jugosos intereses ad maiorem gloria del Tesoro público y regocijo ciudadano (para no cansar, nos olvidamos de la líneas de avales de las emisiones de Bancos y Cajas, y otras medidas varias de apoyo).

Y es en este punto, sí señor, donde se plantea el dilema moral, pues si en la órbita del FDG son las Entidades financieras las que corren con la carga del saneamiento de un sistema fallido, en el caso de la intervención del FROB y demás instrumentos públicos de apoyo, son los ciudadanos con sus impuestos y su parte alícuota de deuda pública los que aseguran en el sentido más financiero posible del término (underwriting) la bondad de tales intervenciones y saneamientos. Así los españoles de a pie y demás contribuyentes en suelo patrio acabarían expiando los pecados de los gestores bancarios (por cierto, muchos de ellos “públicos” por aquello de la naturaleza etérea de las Cajas), supongo que justificado a título de imputación por la deficiente supervisión del Banco de España y demás entes competentes, encarnación ciudadana y aparentemente fallida del Gran Hermano bancario.

En esto llegó el efecto Bankia, y se acabó de un plumazo con la dubitación. FROB y a por fondos europeos, porque con lo de aquí no había suficiente para apuntalar el sistema. Y es ahí donde la pretensión de que el “rescate blando” europeo se realice directamente a las Entidades financieras españolas que lo necesiten resulta a mi juicio absurda, al menos desde el punto de vista del “riesgo moral”. ¿A qué título debe el contribuyente europeo asumir el riesgo de saneamiento del sistema financiero español? Los fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad no crecen en los árboles, los ponen a escote los Estados Miembros en garantías y aportaciones. Y los Estados no son otra cosa que el sujeto de derecho internacional de las respectivas naciones europeas, integradas ellas por probos ciudadanos y en esa misma condición, contribuyentes.

¿Qué culpa tienen los alemanes, holandeses, finlandeses, austriacos y demás “hormiguitas” de los desmanes del carpe diem en la orgía del ladrillo español? Alguna se pretende ahora encontrar, por aquello de que la causa última del crédito fácil vino motivada por unas disponibilidades de financiación y unos tipos de interés acrónicos para el ciclo económico español del momento, pues se ajustaban entonces a las necesidades de financiación del esfuerzo pangermánico por digerir a la antigua Alemania del Este, lo que acabó resultando en un coste real negativo del dinero (sí, sí, sí, nos pagaban por endeudarnos) en España.

A mí este amago de causalidad remota, al estilo “efecto mariposa”, no me convence. Como dice Merkel, que cada palo aguante su vela. Ellos prestan el dinero a España y que España asegure que está bien empleado porque, a término, lo tendremos que devolver. Y si no lo devuelven las Entidades, lo haremos nosotros, contribuyentes, como fiadores solidarios que somos del crédito blando.

No anatemicemos a quienes nos echan una mano para salir del hoyo, aunque sea a título de préstamo, porque como decía el otro día un ministro alemán: “hombre, tan mal con Grecia no nos estamos portando, llevamos puestos más de 40.000 millones de Euros, y aún estamos esperando que alguien nos dé las gracias”.

Pues eso, en nuestro rescate blando, más de veinticinco mil millones de razones les avalan.

@emilgarayar

17 junio, 2012 | 20:47

Siento decepcionar, pero mejor despejar de salida infundadas expectativas. No voy a elaborar sobre la fotos del Vogue zapaterista. Más prosaico mi propósito se limita a una cuestión que revolotea desde los penúltimos anuncios de nombramiento de altos cargos por este Gobierno: ¿Hay que ser insider de la cosa pública (esto es, funcionario) para sentarse en el consejo de administración de España S.A.?

No he emprendido el recuento, mas parece asentado que todos los miembros del Gobierno, salvo uno, son funcionarios de carrera (¿quién será la oveja negra?).

También se nos ilustraba no hace tantos días sobre que no sé cuántos miembros de una misma y sola promoción de Abogados del Estado nutrían altas posiciones de Gobierno. Vaya por delante, que soy de la opinión de que en España sobran/sobramos abogados y, a mayor abundamiento, sobran en la política, sobran en las Cortes y sobran en el Gobierno. Del Estado, autonómicos, locales y del Común. Con tal congestión, no es de extrañar la pertinaz diarrea normativa que padece nuestro BOE, particularmente, desde la consolidación del Estado de las autonomías.

Pero, a lo que íbamos. ¿Es bueno para el País que en la selección gubernamental jueguen diez defensas, por aquello del símil futbolístico en tiempos de Eurocopa? Pues “depende”, que respondería algún gallego. Yo me mojo. Creo que no lo es, y aún menos en la actual coyuntura política, económica y social.

Los Altos Cuerpos de la Administración han cumplido un papel esencial en la reciente historia de España. Tanto más en una época en la que tras la traumática Guerra Civil el país sufrió una fortísima y empobrecedora descapitalización de sus élites profesionales e intelectuales, que no comenzó a enmendarse hasta el tardofranquismo. Fueron vivero de políticos vocacionales que realizaron una aportación esencial en la Transición, y contribuyeron decididamente al advenimiento y consolidación de la democracia… pero hoy vivimos y sufrimos otro mundo.

Éste es un mundo global, interconectado, vertiginosamente cambiante, cuya gestión parece demandar unas cualidades que no son las que de natural adornan, a mi modesto entender, una vocación funcionarial, por alto que sea el cuerpo en que se encarne. Y lo digo sin acritud, pues nada tengo yo contra la función pública dado que, parafraseando a Josep Pla, nunca aspiré a ganar tal condición.

Hoy las guerras se libran en los mercados, la economía, las finanzas. La prima de riesgo, la deuda pública, el tipo de cambio. No hacen falta tanques para poner a un Estado de rodillas y empujarle a rendir su soberanía a un Directorio tipo Versalles. Y para muestra un botón: el de los ya rescatados en la precaria Unión Monetaria Europea, y los que están en el purgatorio de igual destino, ya no en lo universal. Piensen en el libro de cabecera de los banqueros del Reino. ¿Conocen el título? Yo se lo avanzo: El Arte de la Guerra. Tratado milenario de estrategia militar. Y en la guerra, Señores y Señoras, más vale halcón que paloma.

No escribo estas líneas desde la envidia ni la frustración. Tengo buenos y grandes amigos en la función pública. Admiro en muchos de ellos su generosidad y vocación de servicio. Pero España, en esta hora, necesita en el puente de mando una tripulación con otro pedigrí. Miren al Gobierno “tecnócrata” italiano, y comparen; y, si encuentran algo mejor, ojalá pudieran comprar…

¿Por qué en un momento en el que nos jugamos el bienestar de muchas generaciones presentes y futuras no están los mejores al frente, en el Estado Mayor de España S.A.? A Ustedes les dejo la respuesta, que de seguro no es unívoca, pero algo tendrá que ver la endogamia de un sistema político-económico-financiero-judicial en circuito cerrado, que sufre la deriva genética propia de tal consanguinidad durante ya muchas décadas.

¿Pacto de Unidad Nacional para salvar España protagonizado por los (mismos) Partidos Políticos, Sindicatos, Asociaciones empresariales “oficiales”, y resto del establishment que nos han traído hasta aquí? Pues mi respuesta, al estilo referéndum OTAN, “de entrada, no”.

@emilgarayar

13 junio, 2012 | 07:31

Y después del rescate, ¿qué? Esto de la macro está bien para Krugman y el FMI, junto a las demás cohortes de altos funcionarios de organismos multilaterales, pero al ciudadano de a pie, que no tiene quien le rescate, ¿qué?

Aunque resulte un tanto tautológico, si la causa del problema está en la indigestión inmobiliaria en los balances de la Banca, es razonable suponer que el efecto de la purga de Saneurito se dejará sentir precisamente en ese subyacente inmobiliario. ¿O no? 

El circulo vicioso en el que aún hoy están atrapadas las Entidades financieras patrias les ha inducido a entregarse a dos simulaciones burdas: el mantenimiento artificial de la 'normalidad' de los préstamos promotor (como dice mi amigo Miguel: "ellos hacen como que pagan, y nosotros hacemos como que cobramos") a través de la autoliquidación de intereses mediante financiación ad hoc del servicio de la deuda; y la ficción aún más clamorosa del mantenimiento irreal del valor de la garantía inmobiliaria subyacente.

Ello tenía y tiene dos consecuencias particularmente perniciosas para el conjunto de la economía. 

La primera de ellas reside en la enorme paradoja de que, en una coyuntura de escasez de crédito, solo o principalmente se financia al insolvente, razón por la cual desde el inicio de la crisis el riesgo promotor apenas ha disminuido a pesar de los más de setenta mil millones de Euros en activos adjudicados ya en balance de las Entidades. La segunda pasa por el atasco monumental del mercado inmobiliario y la práctica imposibilidad de un ajuste de precios que acerque la oferta a la demanda, o uno tan gradual que da pie a una espiral intuitivamente deflacionista, esto es, a la posposición de la decisión de compra ante la expectativa de descensos futuros de precios. Agravando lo anterior, lógicamente, se halla la no disponibilidad de financiación minorista para la adquisición de activos promotor, en competencia, por lo demás, con los propios de las Entidades financieras.

Las consecuencias descritas producen a su vez un deterioro aun más acusado de los balances y cuentas de resultados de los actores inmobiliarios, que ven como aumentan sus gastos financieros, incorporando un mayor coste a los activos ya de por sí fuera de mercado, de un lado; y de otro, como se seca la generación de flujo de caja de su actividad ordinaria por la ausencia total de ventas con algún ingreso neto (una gran parte de hecho ya se realizan por debajo de la deuda, lo que demanda quita implícitas o explícitas de la Banca acreedora si se desea habilitar la transacción).  

Y vuelta a empezar. Necesidad adicional de nuevo crédito para pagar el crédito, por parte de deudores en proceso actual o inminente de profundizar en su insolvencia. 

En este juego de las sillas musicales llevamos cinco años, y trescientos veinte mil millones (320.000.000.000) de euros en rotación. ¿Vendrán los cienmilmillones de Saneurito a romper el círculo vicioso inmobiliario financiero?¿Qué fue de Güindos 1.0 y Güindos 2.0?

Güindos 1.0 pretendía equiparar el régimen de provisiones ente activos adjudicados y financieros dudosos o subestándar, al tiempo que incrementaba notablemente su importe, con el declarado ánimo de forzar una bajada de precios de los inmuebles que diera liquidez al mercado (además de la introducción del IVA súper-reducido y el rescate de la deducción por adquisición de vivienda habitual), al tiempo que pretendía desencadenar un proceso de concentración de Entidades para engordar su balance de cara al acceso a mercados mayoristas de crédito, a pesar de que hoy por hoy siguen cerrados hasta para el Reino de España (big is beautiful y, si no, que se lo pregunten los minoritarios de Bankia). No consiguió ni lo uno ni lo otro, se quedó corto, y se erigió además en un enorme incentivo a amplificar la ficción de ''normalidad' del riesgo inmobilliario de modo que les saliera 'gratis' total. Güindos 2.0 intenta una nueva vuelta de tuerca, tapando el resquicio del crédito inmobiliario 'normal' (si tal cosa existiere), además de inventarse bancos malos virtuales aún por descubrir mas allá de su nombre de pila.

Pues bien, sin tiempo para instalar Güindos 2.0 ya sale en la pantalla de los mercados financieros internacionales el cuadro de dialogo "reiniciar". Y al poco, otro pantallazo que dice "el sistema ha detectado un error y se cerrará automáticamente",  el virus se llama Bankia. ¿Game Over?

La rosca se ha pasado y los mercados descuentan que: 1. El deterioro de la cartera crediticia es incluso mayor que el que pretende cubrir el régimen de provisiones de Güindos 2.0; 2. Las Entidades no tienen capacidad de generar ni captar recursos para enjuagar las pérdidas que la depreciación de la cartera y la dotación de provisiones les van a infligir, con el consiguiente deterioro de sus balances y, por ende, de su solvencia; 3. El Reino de España no tiene crédito para acudir al rescate de sus Entidades financieras y restablecer sus ratios de capital; 4.  Asistimos a una salida acelerada de capitales al exterior en los últimos meses con un riesgo real o imaginario de pánico bancario (bank run). El final de esta historia ya lo conocen: rescate blando del 9 de junio de 2012, fecha que pasará pronto a los libros de texto como el día en que oficialmente abandonamos la championslig

Y llegados a este punto ¿qué? Porque, como le gustaba repetir a mi amigo Angel, si es pa' na', es tontería.  Pues, llegados a este punto, puede que sí, que se haya conseguido por fin romper el círculo vicioso de Zombilandia, y nos encontremos con el principio del inicio del comienzo de la limpieza de los balances de la Banca, capítulo inmobiliario-promotor (están por ver el hipotecario y otros). Billy el Rápido no somos, pues sólo hemos tenido que esperar cinco años, dos elecciones generales cambio de Gobierno incluido, nacionalización de seis Entidades financieras, colapso de Entidad sistémica, cierre de mercados financieros mayoristas, y la guinda del rescate europeo. ¡Menudo paquete de incentivos! Ni los consejeros de las Cajas, oiga. 

Hoy, definitivamente, cuesta más mantener la ficción que liquidarla, por lo que a las patadas adelante les quedan los días contados, a mi modesto entender. Nos espera un desagüe virulento del deterioro embalsado en forma de concursos de empresas, adjudicaciones masivas de activos, realización de carteras de crédito y de activos adjudicados a precio de derribo, y hundimiento generalizado de los precios del mercado inmobiliario a corto plazo. No cantemos victoria tan pronto, alegrándonos del mal ajeno, porque todo eso va a hacer ricos a unos cuantos fondos oportunistas, y va a suponer a corto plazo un empobrecimiento de los hogares españoles que tienen la mayor parte de su equity en ladrillo.  

En todo caso, esta catarsis sí es necesaria para alumbrar un nuevo futuro.

Ahora bien, no se engañe nadie, no, porque nos han inventado la EPA del contribuyente, que no es la Encuesta de Población Activa, si no el Esquema de Protección de Activos a cargo el españolito paganini. Y de recuperación del crédito a corto plazo, nanay. 

@emilgarayar

11 junio, 2012 | 06:55

Sábado, después de dos semanas de pasión y dolores, con la prima disparada, pero indemne, Europa acude al rescate de… A partir de ahí vienen tantas interpretaciones de lo acaecido como opinadores. La frase se puede completar con “Reino de España”, “FROB”, “Sistema Financiero”, “Banca Española”, “Euro” y, paradójicamente, hasta “Europa”. Esto es, una esquizofrénica Europa al rescate de sí misma, que ya decía mi abuela que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Tras meses de tribulaciones ante el inefable y fatal desenlace de una intervención europea de nuestra sacrosanta soberanía nacional, todo el País se pasa el domingo absorto ante la pantalla del televisor. ¿Siguiendo la rueda de prensa “canaria” del Presidente del Gobierno (por aquello de que parece llevar una hora menos que el resto)? No. No. No. Toca final de Roland Garros con Nadal batiéndose el cobre por batir el récord de Bjorn Borg; primer partido de La Roja en la Eurocopa, que se estrena contra uno de nuestros habituales y azules demonios (Italia);  para cerrar con el Gran Premio de Fórmula Uno en Canadá (Alonso sale tercero con un coche ya competitivo).

Pues bien, si aún a estas horas no sabemos si el sábado fue Trafalgar, o el principio del fin de la crisis, tan desorientados o más nos hemos quedado en lo deportivo. Hemos podido perder los muebles, hemos sorteado de momento un desenlace fatal, y la conclusión de todo ello está por ver, pero parece que seguimos dependiendo de nosotros mismos. Al menos, en lo deportivo.

Hoy, que la marca España está en horas bajas, nuestros deportistas de élite son sin duda sus mejores embajadores. Ello explica también la animadversión que generan en determinados públicos de natural hostiles hacia lo español, y campañas no siempre fundadas sobre la limpieza de sus éxitos. Pero las gestas atléticas no sirven para transformar una realidad económica y social tan complicada como la que nos toca vivir en España desde hace unos años. No podemos caer en el efecto República Democrática Alemana (DDR), donde la pobreza en casa se tapaba con la alquimia de sus gestas olímpicas.

El “circo” es alimento del espíritu, mas, desgraciadamente, no del cuerpo. Es una ilusión. Y en esta hora, precisamente de lo que se trata es de desembarazarse de los ilusionistas de la banca y la política para poner negro sobre blanco las vergüenzas financieras tanto tiempo cubiertas por el silencio cómplice de muchos. Si el foco que traiga luz y taquígrafos a los balances del sistema financiero español son los famosos 100.000 millones del “préstamo blando”  de este 9 de junio de 2012, bienvenidos sean.

@emilgarayar

04 junio, 2012 | 12:19

En tiempos de catarsis, hoy que está tan en boga lo griego, sería un buen comienzo aligerar zombilandia de sus muchos e indeseados pobladores.

Tenemos banca zombi (menos de la que los malos quieren ver), inmobiliarias zombis (muchas más de las que los bancos quieren aceptar), administraciones zombis (más de las que el País puede soportar) y un largo elenco de zombis varios (empresas hiperapalancadas en manos del capital riesgo, huertos solares famélicos, infraestructuras desérticas, sector público pseudo-empresarial con más agujeros que un colador, etc.)

Un zombi, en lo empresarial, sería un muerto con vida, pero a mí el panorama me parece más cercano al cuento del “rey desnudo”: todos los ven muertos pero nadie (en particular, sus acreedores) parece asimilarlo. Claro, no por ello deja de descomponerse…  

Disculpen el ataque de necrofilia, pero el reconocimiento del problema es el inicio de su solución. Mientras no llamemos a las cosas por su nombre, seguiremos escavando en el fondo de la crisis. Como España demuestra día a día: tocar fondo no es el preludio del rebote, y va para cinco años.

A nosotros, la schumpeteriana destrucción creativa ni nos rozó con su ala. Es sorprendente el conservadurismo de este pueblo. Ni de lo que no funciona queremos librarnos. ¿Padecemos colectivamente un síndrome de Diógenes versión socio-empresarial?

Probablemente es cierto que las cosas deben ir muy mal para que empiecen a ir bien. Visto que ya hemos cumplido con nota la primera premisa, no estaría de más que empezáramos a trabajar en positivo. Para ello necesitamos despejar el panorama de los muertos que hasta hoy no enterramos. (Como en la canción de Pereza: “que no se quede dentro, que luego huele a muerto”).

@emilgarayar

 

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Abogado de profesión, emprendedor de vocación, economista aficionado, con el prisma de una mirada heterodoxa y el verbo mordaz como herramienta. Emiliano Garayar está especializado en la gestión de la complejidad: hoy concentrado en aportar remedios imaginativos a la sequía financiera, viene siendo un actor legal destacado en los grandes movimientos del sector energético. Es socio director en Garayar Abogados, siendo reconocida su visión innovadora de la abogacía y de la gestión de despachos.

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