28 mayo, 2009 | 00:00
Vida después del depósito (y 2)
Ayer vimos como los grandes inversores empiezan a buscar alternativas a la baja rentabilidad de los depósitos, incluyendo prudentes inversiones en renta variable. Menos dispuestos a intercambiar depósitos por acciones se muestra el pequeño inversor, que percibe que la volatilidad bursátil es todavía muy elevada y de que su “umbral de insomnio” no es tan alto como pensaba hace dos años. La mejor alternativa para estos casos (al menos desde un enfoque de binomio rentabilidad / riesgo) parece ser la renta fija privada y, en concreto, la que goza del denominado “grado de inversión” (el “high yield” queda reservado, de momento, a los perfiles más arriesgados), es decir, rating por encima de BBB+.
Los diferenciales (rentabilidad adicional que ofrecen los bonos emitidos por las compañías frente al activo libre de riesgo al plazo equivale) se sitúan en niveles muy atractivos (en el entorno del 2,5%), de tal forma que las referencias de renta fija privada rentan entre el 3,5% y el 7,5% anual, en función de la calificación crediticia. Podríamos decir, por tanto, que en media, una cartera diversificada por emisores ofrecería una rentabilidad del 5%.
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