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Normalización monetaria

Siempre he defendido el recurso a la política monetaria, tanto la convencional como la no convencional, para tratar de resolver la crisis económica y, sobre todo, mitigar los efectos negativos derivados de la menor solvencia de las entidades crediticias. Eran necesarias medidas extraordinarias en situaciones extraordinarias. Pero este ya no es el caso de EEUU, una economía que ya en 2011 recuperó la caída del PIB sufrida en la Gran Recesión y que crece al 2,0%, con una inflación del 1,5%, en pleno empleo (tasa de paro del 4,9%), con una avance de los salarios del 2,5%, una renta variable cotizando en PER 18x, un precio de la vivienda acercándose a máximos históricos y cuyo banco central atesora en su balance deuda pública por un importe equivalente al 25% del PIB.

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Sé que el diagnóstico positivo sobre la posición cíclica de EEUU es debatible (muchos colegas afirman que no es favorable) pero donde creo que debe haber consenso es en considerar que existe una desproporción entre las condiciones económicas y las monetarias (excesivamente laxas). Porque el tipo de intervención del 0,0% se impuso a finales de 2008 (es decir, apenas unas semanas después de la quiebra de Lehman).

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Y, sí, es verdad que la fortaleza del USD equivale a un endurecimiento de las mismas, pero que ni mucho menos compensa unos tipos de interés que en términos reales están en negativo. Se debe recordar que tipos nominales en zona de mínimos (0,5% el tipo de intervención y 1,5% el T-Note a 10 años) coexisten con una inflación en niveles de entre el 1,0% (la general) y el 2,0% (la subyacente).

Hace un año, el temor a una intensa desaceleración económica en China activó el debate sobre la idoneidad del inicio de las subidas de tipos de interés por parte de la Fed. Finalmente, en diciembre, el banco central de EEUU los elevó, aunque con un retardo temporal de varios meses respecto a lo que consideramos era el plan inicial del FOMC. Tras esa primera subida, y ya a lo largo de 2016, también el contexto internacional (dudas sobre la salud de la banca europea y, especialmente, el Brexit) ha condicionado las decisiones de la Reserva Federal, provocando la inacción a pesar de las nuevas muestras de dinamismo interno.

Pero con un contexto externo “más tranquilo” y nuevas señales de dinamismo de la demanda interna, es tiempo de que la Fed retome el camino de la normalización monetaria. Como nos han recordado recientemente varios miembros del FOMC, se han cumplido los objetivos y es oportuno ir elevando los tipos. Como es sabido, la política monetaria tarda en impactar sobre la economía y es recomendable ir subiendo los tipos poco a poco. No defiendo una política monetaria restrictiva (ni mucho menos), sino ir poniendo fin a una excesivamente laxa que puede generar no sólo riesgos para la estabilidad de los precios al consumo (IPC) sino de ciertos activos, especialmente inmobiliarios y acciones.

David Cano Martínez, Asesor principal de Españoleto Gestión Global.  @david_cano_m

02 noviembre, 2007 | 13:28

La subida imparable del precio del petróleo y la amenaza de cambio climático no deja dudas sobre la necesidad de optimizar los recursos energéticos renovables. A mediados de la pasada década, la Administración apostó decididamente por la energía eólica, y el resultado exitoso es evidente para cualquiera que se desplazamiento por la península. La energía solar es la siguiente frontera de las energías renovables, y, también en este caso, el impulso desde la Administración ha sido contundente. No en vano nuestra privilegiada latitud nos otorga una radiación solar muy superior a la que reciben la mayoría de nuestros socios de la Unión Europea. Sólo hay un inconveniente: Con la tecnología actual, la conversión de la energía solar en energía eléctrica es un proceso extremadamente caro en relación con otras alternativas de producción eléctrica. El Real Decreto del pasado mes de mayo asignó un precio de 41,75 céntimos de euro por kWh solar fotovoltaico, retribución que supone multiplicar por 5,7 veces el precio asignado a la energía eólica, y por 10 el precio del mercado eléctrico ordinario. Para reducir la incertidumbre del promotor fotovoltaico, el Real Decreto garantiza el precio durante 25 años mediante su actualización anual con el IPC menos 0,25 por ciento hasta 2012, y menos 0,5 por ciento a partir de entonces.

El alto nivel del precio fotovoltaico justifica la vinculación de dicha retribución por parte del Ministerio de Industria a un determinado objetivo de capacidad instalada. La intención del Gobierno es ir aumentando la potencia solar desde los 100 MW existentes a finales de 2006, hasta 1.200 MW en 2009, pero con reducciones en el precio garantizado. El atractivo de precios garantizados a largo plazo, los riesgo operativos relativamente acotados de los proyectos fotovoltaicos, y la existencia de un objetivo límite de potencia instalada, han provocado una autentica burbuja fotovoltaica que han disparado las peticiones de licencias y los precios de las placas y de los terrenos cercanos a puntos de conexión. Además, al contrario que sucede con la energía eólica --en la que el promotor debe afrontar el coste de locación del emplazamiento y de la medición, durante al menos dos años, de la intensidad del viento--, la radiación solar cae sobre todo el territorio y hay datos fiables de su intensidad.

La abundancia de solicitudes de huertas solares es el mejor indicador de la generosidad de la retribución. En consecuencia, la Administración apunta a una reducción significativa del precio de la energía fotovoltaica, cuya industria deberá realizar un esfuerzo considerable de ahorros y aumento de eficiencia para acercar el coste de producción a niveles cercanos al resto de las energías renovables. No tiene sentido pagar más de cinco veces el kWh solar frente a otras energías igualmente renovables, y durante 25 años, si no es para que la mayor demanda de placas solares abarate espectacularmente los costes de fabricación.

En todo caso se echa en falta una política decidida y valiente de ahorro energético por parte de las Administraciones Públicas, y que sea aceptada por las empresas y los ciudadanos. La timidez a la hora de gravar los vehículos más contaminantes, los precios de la electricidad ajenos a la subida de los combustibles, y, en estas fechas, el adelanto y los excesos de la iluminación navideña, no son actuaciones coherentes en una sociedad que se tiene por concienciada ante el deterioro del medio ambiente.

Arturo Rojas

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