27 mayo, 2009 | 00:00
Vida despues del depósito
Desde las primeras sesiones de marzo estamos asistiendo a una recuperación de los mercados bursátiles, lo que supone un reflejo de la mejora de las perspectivas para el crecimiento económico. Aunque algunas otras señales positivas ya se observaban desde unos días antes, como por ejemplo la estabilización del precio de las materias primas, la apertura del mercado primario de bonos o la cesión de la volatilidad implícita de los principales índices, no cabe de duda de que son las cotizaciones bursátiles la prueba más clara de que la situación no es tan dramática como a final de año. De momento, nos conformamos con poder constatar un cambio de tendencia en la crisis económica (hasta ahora, parecía que estábamos dentro de un “agujero negro”). Obviamente, la recesión va a continuar varios meses más, pero los indicadores más adelantados (sentimiento empresarial) que apuntan a que el crecimiento podría volver a final de 2009 y, sobre todo, en 2010.
¿Justifica este cambio en las perspectivas para el PIB un rebote en la renta variable? Obviamente sí, aunque es matizable la magnitud del movimiento, y para su correcta interpretación tenemos que analizar claves que van más allá de las argumentaciones tradicionales (“perspectivas para el crecimiento de los beneficios empresariales”). Por un lado, porque hasta marzo se había generalizado la adopción de posiciones cortas por parte de los inversores, pero no sólo los más grandes e institucionales, sino también en los más pequeños. La estrategia parecía fácil: apostar por una profundización en las caídas de las cotizaciones, especialmente del sector bancario, recurriendo a instrumentos derivados más o menos tradicionales o a productos financieros innovadores. En cualquiera de las alternativas, los beneficios obtenidos fueron importantes, y con igual rapidez con la que se adoptaron las posiciones cortas se cerraron, favoreciendo un punto de inflexión en los índices. El anuncio por parte de los principales bancos de la vuelta a los resultados positivos marcó el final de la estrategia bajista sobre el sector y, en consecuencia, sobre el resto del mercado, favoreciendo el rebote. Aquí es donde encontramos otra de las claves: la mayoría de los gestores habían adoptado un posicionamiento defensivo, con una exposición al mercado bursátil claramente por debajo de la referencia. En consecuencia, las carteras se revalorizaban mucho menos de lo esperado, especialmente en el mes de abril, lo que activó las protestas de los clientes, que habían visto cómo sufrían las pérdidas de los meses anteriores, pero no obtenían las revalorizaciones del movimiento alcista.
Comenzó así una estrategia de “compras forzadas” que pretendía reducir la distancia entre el riesgo de mercado asumido en las carteras y el contemplado en las referencias estratégicas. El flujo comprador de los agentes que deshacían las posiciones cortas y el de los que reducían la infraponderación explica un elevado porcentaje de la recuperación de los mercados bursátiles. Pero es que, además, encontramos un tercer grupo de compradores. Aquellos grandes patrimonios (a priori, más dispuestos a asumir riesgos) que se habían refugiado en los depósitos desde el inicio de 2008 y que ahora comprueban cómo vencen y no encuentran las atractivas rentabilidades de entonces. Además, son conscientes de que determinados valores (los menos endeudados, los pertenecientes a sectores más defensivos, los que mayor rentabilidad por dividendo tienen) muestran una atractiva infravaloración que justifica adoptar posiciones largas con un horizonte temporal de medio a largo plazo.
Mañana veremos como se enfrentan los pequeños inversores a la caída de la rentabilidad de los depósitos.
David Cano Martínez


Últimos comentarios