29 noviembre, 2010 | 16:37
¿Lecciones aprendidas?
Todas las crisis dictan lecciones de economía y finanzas. En la actual, la política monetaria es una de las materias que más se está sometiendo a revisión, tanto en lo que respecta a sus objetivos (frente a la tradicional lucha contra la inflación, los riesgos están ahora más sesgados hacia la deflación), como a sus herramientas (cuando los tipos de interés están cercanos al 0%, cobra más relevancia la base monetaria). Pero el campo de análisis y debate más novedoso sobre la capacidad de los bancos centrales se encuentra en aspectos como la mejora del funcionamiento de los mercados financieros o la ayuda a la estabilidad de las entidades crediticias y de los propios Gobiernos. La Reserva Federal, dirigida por uno de los más firmes defensores de la actitud proactiva de los bancos centrales, ha demostrado que el recurso al balance es eficaz para poner fin a ciertas situaciones desestabilizadoras. Herramientas como la TALF, la CPFF o la MMIFF sirvieron para normalizar el funcionamiento de los mercados financieros tras la quiebra de Lehman Brothers. La segunda vez que aumentó su balance, comprando emisiones de Fannie Mae y Freddie Mac, consiguió, no sólo la caída de estas entidades, sino que las relajaciones de toda la curva de tipos de interés se transmitieran a las condiciones de financiación de las operaciones hipotecarias, tanto a las vivas, como a las nuevas. Los más críticos resaltarán que éstas últimas apenas se han dinamizado, pero tendrán que aceptar que si no hubiera sido por la Fed, la situación de la economía estadounidense sería significativamente peor a la actual. Convencida de su capacidad, la Reserva Federal ha puesto en marcha de nuevo el quantitative easing, pero ahora dirigido a la compra de bonos emitidos por el Tesoro estadounidense. En el Área euro, parece que la situación es muy diferente, y ni el BCE ni el principal país aceptan la heterodoxia monetaria. No sólo la provisión de liquidez extra al mercado interbancario está prácticamente compensada, sino que, a pesar de contar con herramientas de expansión del balance similares a las de la Fed, su utilización es ridícula en términos comparativos. Entre junio de 2008 y de 2009, nuestro banco central compró, a través del programa CBPP, algo más de 60.000 millones de covered bonds, una tipología de instrumentos de renta fija que, salvando las distancias, podríamos asimilar a los que adquirió la Reserva Federal. La principal diferencia es que ésta lo hizo por 1,4 billones de USD, es decir, 23 veces más. Y hace seis meses, en una situación de tensión en la periferia muy similar a la actual, el BCE aprobó el Securities Markets Programme (SMP) al tiempo que los Gobiernos hacían lo propio con el ya famoso European Financial Stability Facility (EFSF). Mediante el SMP el Eurosistema puede adquirir emisiones de deuda de los Estados miembros, es decir, de forma similar a lo que va a hacer la Fed. Pero si ésta va a adquirir 900.000 millones de USD hasta junio, en el Área euro, y sin conocer posibles compras de los últimos días (no parece que se hayan producido), la cifra sería de 60.000 millones de EUR (que, además se ha esterilizado).
David Cano Martínez
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