De la crisis financiera a la crisis económica, ¿dónde estamos?
La crisis financiera internacional, con origen en el mercado hipotecario estadounidense, comenzó en agosto de 2007 cuando los bancos en Estados Unidos comenzaron a anunciar de forma continuada pérdidas importantes asociadas a la posesión de títulos respaldados por hipotecas de alto riesgo. Ahora bien, el punto de máximo estrés tuvo lugar a mediados de septiembre, cuando Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más importantes de Estados Unidos, se declaró en quiebra, y otros bancos europeos comenzaron a tener serios problemas de solvencia. A partir de entonces, la desconfianza entre las entidades se intensificó provocando la reducción a niveles mínimos la operativa en el mercado interbancario y el cierre de los mercados de financiación que, provocó a su vez, el inicio de la restricción crediticia.
La reducción de los canales de financiación provocó el deterioro de las expectativas acerca del ciclo económico y el deterioro de la confianza empresarial, que trajo consigo una reducción de la producción, de la inversión y del empleo, iniciándose así el traslado de la crisis financiera a la crisis económica. Sin el apalancamiento que proporciona el crédito y con la caída del empleo, el consumo comenzó a perder tracción de forma global al tiempo que el comercio mundial se contrajo en una intensidad sin precedentes, llevando a las principales economías del mundo a iniciar una recesión de magnitud tan solo equiparable a la gran depresión.
Esquema de la crisis económica.
Ante esta situación, los principales bancos centrales del mundo han situado los tipos de interés en niveles próximos al 0% y no han dejado de proporcionar liquidez al sistema financiero, con el fin de evitar que las entidades entren en problemas por la incapacidad de hacer frente a sus compromisos de pago y con el objetivo de que el crédito fluya a la economía, mientras que los gobiernos han desarrollado una serie de planes para estimular la creación de empleo y el consumo. El efecto de las medidas de apoyo ha sido muy positivo, contribuyendo a la significativa reducción de las tensiones en el sistema financiero y a la recuperación de la confianza empresarial. Además, la repentina recuperación del consumo ha provocado un ajuste inesperado de inventarios de las empresas, algo que se ha traducido en un rápido avance de la producción dando soporte a las primeras señales de recuperación del PIB en las principales economías del mundo.
Con las señales de recuperación, nos encontramos en un punto en el que las principales autoridades comienzan a plantearse si es el momento de comenzar a retirar los estímulos. Pero, ¿las señales son lo suficientemente sólidas como para pensar en estrategias de salida?. Creemos que no. La debilidad del mercado laboral sigue latente y las escasas señales que anticipan una reactivación desde este frente son una buena prueba de que todavía existe una enorme incertidumbre acerca de la recuperación del ciclo económico. Bajo este contexto pensamos que hasta que no se consoliden las bases del crecimiento será demasiado pronto para pensar en estrategias de salida.
Álvaro Lissón
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