Los últimos indicadores económicos constatan la tesis central que ya manejábamos hace meses: la crisis financiera ha provocado una crisis económica. Pero no podíamos imaginar la intensidad de la corrección de la actividad observada en los últimos tres meses del año y que, según marcan los índices de sentimiento, se está profundizando en el arranque de 2009 (véase en el gráfico siguiente cómo se alejan la cota de los 50 puntos que separa la expansión de la contracción)
Evolución de los índices de sentimiento empresarial
En consecuencia, persiste el recorte de las previsiones de crecimiento del PIB que, en los países desarrollados se situará entre el -1,5% y el -2%. Este es el caso de España, como atestigua la publicación el viernes de las nuevas cifras que maneja el Gobierno, con las que estamos de acuerdo para este ejercicio, pero no tanto en la pauta de recuperación que prevé y que podría ser excesiva optimista.
Previsiones Afi vs Gobiernos para cuadro macroeconómico de España

Pero este es sin duda el punto central del debate: ¿van a ser eficaces las distintas medidas tomadas en las últimas semanas?; si es así, ¿asistiremos a una rápida resolución de la crisis?. Al igual que nunca antes hemos asistido a una paralización tan intensa de la actividad económica en tan poco tiempo, también es inédito un paquete de actuación por parte de las autoridades tan intenso, global y de rápida actuación. Contamos con iniciativas tanto desde la vertiente de la política fiscal como de la monetaria y, en los dos frentes, con medidas ortodoxas pero también heterodoxas.
En materia fiscal, se ha optado por reducir los impuestos, pero los resultados no han sido los esperados. Ante el deterioro de las expectativas de los agentes, parece que un incremento de la renta disponible derivada de la menor carga impositiva no se está destinando a reactivar la demanda agregada, sino al aumento del ahorro. Si bien, como es el caso de España, es positivo que aumente el ahorro, parece prioritario reactivar el consumo privado y la inversión empresarial con la intención de crear empleo, que se ha convertido en la principal preocupación, no sólo por las implicaciones sociales sino, además, por el aumento de la mora bancaria. Ahora que las dificultades de refinanciación del pasivo de las entidades crediticias parece que se han solucionado (en gran parte por las distintas medidas adoptadas, entre las que destaca el FAAF del Tesoro español), se debe evitar que un aumento del número de fallidos ponga bajo presión la solvencia bancaria (es claro que el impacto sobre beneficios provocará que éstos podrían ser cercanos a cero en 2009). Para evitar la mora y reactivar tanto el consumo como la inversión, también es muy útil la intensa rebaja de los tipos de interés a la que hemos asistido en los últimos meses y que podría continuar en los próximos hasta situar al Euribor 12 meses ligeramente por debajo del 2%.
Evolución del Euribor

La menor carga por intereses junto con el abaratamiento de las gasolinas generaría según nuestros cálculos 25.000 millones de EUR de renta disponible en las familias españolas, lo que supone un 2,5% del PIB, es decir, una magnitud lo suficientemente elevada como para pensar que debe servir de estímulo para el consumo. Los más escépticos dirán que este estímulo se compensa si tenemos en cuenta el millón de nuevos parados acumulados desde verano. No es del todo cierto, al menos, de momento. Por un lado, porque “sólo” se han destruido 500.000 empleos (el otro medio millón son nuevas incorporaciones al mercado laboral, no despidos: ver tabla). Por el otro, porque estos desempleados cobran un subsidido. Y, por último, porque el Fondo Estatal de Inversión Local generará, según nuestros cálculos, entre 150.000 y 250.000 empleos en los próximos meses.
Mercado laboral en España
Sin querer entrar en debates con un claro sesgo político, mi intención es confrontar dos hechos. Por un lado, una crisis económica cuya intensidad era difícil imaginar antes de la quiebra de Lehman Brothers en septiembre. Por el otro, el paquete diseñado, y ya implantado, por parte de las autoridades económicas y monetarias. Si bien es cierto que las herramientas más convencionales podrían estar cerca de su máxima utilización (el aumento del gasto público y la reducción de impuestos deben ser compatibles con la capacidad de endeudamiento de un Estado y, además, tienen un límite de actuación a corto plazo), el margen no está, ni mucho menos, agotado en las no convencionales, sobre todo porque se podrían “inventar” nuevas en caso de que se acumulen los desequilibrios económicos. Entre ellas, la famosa utilización del “helicóptero monetario”, es decir, inundar el mercado de dinero, actuación que Bernanke parece dispuesto a implantar.
En conclusión, nunca antes no hemos enfrentado a un entorno tan incierto como el actual, lo que aconseja mantener una posición prudente en las inversiones financieras. Si finalmente la economía se recupera (escenario por el que apuesto), los mercados se recuperarán, y es tan amplio el margen que no me importa renunciar al primer 5%.
Medidas tomadas para reactivar la economía
1. Política fiscal:
a. convencional: reducir impuestos.
b. no convencional: gasto público (de rápida actuación, no tanto grandes infraestructuras).
2. Política monetaria:
a. convencional: bajar tipos de interés.
b. no convencional: Préstamo directo a la “economía real”, participación en el capital de las empresas, compra de activos financieros.
David Cano Martínez
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