¡Qué pocas alegrías nos da el Banco Central Europeo!. Muchos dirán, y con razón, que la autoridad monetaria no se creó para hacernos reir (Greenspan dice que “rara vez un banco central es popular”), pero de ahí a introducir más ruido y nerviosismo a los mercados financieros, hay importantes diferencias. Y es que el BCE sigue empeñado en que la inflación es el gran enemigo a batir y que es mucho más fiero y peligroso de lo que nos imaginamos... ¡cómo si no lo fuera el elevado y creciente riesgo de recesión en la UME!. Su negativa a recortar tipos ha compensado el efecto positivo que sobre las bolsas tuvo la intensa caída de las materias primas desde mediados de julio, de tal forma que los índices vuelven a la zona de mínimos anuales, donde deberían encontrar soporte y, de ahí, rebotar, no mucho (5%), pero sí lo suficiente como para alejar el gran riesgo de que si los perforan, el margen de pérdidas adicionales podría ser de hasta el 25%.
Pero hoy me quiero centrar en la otra decisión del BCE que, según una parte del mercado, ha provocado la reacción a la baja de las cotizaciones. No niego que los inversores hayan decidido vender por la medida, pero lo que no comparto es que la restricción en las condiciones de financiación tenga un impacto tan negativo sobre las valoraciones. En fin, que en esto el BCE no tiene la culpa y que si los mercados lo han aprovechado para caer no hace más que poner de manifiesto el grado de nerviosismo que les caracteriza en la actualidad. Y que, si tengo razón, la caída de estos días de las bolsas debería recuperarse en próximos días.
¿En qué ha consistido la medida? Como es sabido, el BCE concede financiación a las entidades crediticias en euros a plazos que oscilan entre 1 día y 6 meses (mayoritariamente a una semana). La cantidad total casi suma 500.000 millones de euros y para concederla, el BCE exige que los bancos otorguen garantías (colateral en lenguaje técnico), en concreto, títulos de renta fija. Pues bien, toda vez que una parte importante de estos títulos ya no tienen la calidad crediticia de hace meses, el BCE, para compensarlo, ha elevado los recortes de valoración. Para entenderlo mejor, pongamos el caso del sistema financiero español. En la actualidad capta del BCE unos 40.000 millones de euros (el 10% que “le corresponde” a partir del tamaño relativo, no más por mucho que algunos medios de comunicación anglosajones digan lo contrario) y cuentan con 180.000 millones para utilizar como garantías (es decir, podrían pedir hasta esa cantidad al BCE). Pues bien, los nuevos recortes de valoración puede significar una reducción de unos 10.000 millones de euros. ¿Es para tanto que, para pedir 40.000 millones, ahora dispongan nuestros bancos de 170.000 en lugar de 180.000 millones? En mi opinión, no.
David Cano Martínez
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