¿Es mala noticia que suban los tipos de interés?
Si la pasada semana comentaba que los máximos del euribor y del petróleo anticipan nuevas cesiones en las bolsas, me temo que hoy debo seguir manejando una visión prudente. Como si de un déjà-vu tratara, la leve mejoría que podía transmitir en los meses de abril y mayo se torna ahora en nuevos temores sobre la evolución del ciclo económico mundial. Por un lado, porque hemos sabido que otro gran banco de inversión estadounidense, Lehman Brothers, ha sufrido pérdidas multimillonarias que le han obligado a ampliar capital con un importante descuento. Por tanto, si tras la quiebra y posterior rescate de Bear Stearns en marzo pensábamos que lo peor de la crisis financiera había quedado atrás, de nuevo aparecen las dudas respecto al riesgo sistémico y al efecto contagio sobre el resto de sistema crediticio internacional.
Por el lado de las materias primas, el petróleo sigue subiendo. Los más optimistas dirán que la variación porcentual del precio cada vez es menor (y es cierto), pero lo más relevante es que ya ha superado el “umbral de dolor” de los bancos centrales, que están perdiendo la paciencia respecto a la evolución de la inflación. Los máximos de los últimos 10 años que ha alcanzado el crecimiento interanual de los IPC en la práctica totalidad de países (incluso en Japón la tasa es positiva) ha llevado a la Reserva Federal no sólo a descartar nuevos recortes, sino a preparar el terreno para futuras alzas.
Más claro ha sido el BCE, no sólo el pasado 5 de junio, sino también esta semana, al señalar que “el mercado ha interpretado bien la comparecencia de Trichet”. Cada vez es más probable que el próximo mes tengamos una elevación del repo hasta el 4,25%. Pero también han endurecido las condiciones monetarias Brasil, Rusia, Turquía, Polonia... y esta semana la India.
Éstas son malas noticias para el crecimiento económico, no sólo que los bancos centrales no adopten una posición expansiva, sino que opten por la restrictiva, una estrategia preocupante sin tenemos en cuenta el momento elegido. Es ahora cuando se va a manifestar en mayor medida el efecto que sobre el crecimiento económico tendrá la crisis financiera iniciada hace ya casi un año. En esta parte central del año es cuando el PIB podría caer, incluso durante dos trimestres consecutivos (lo que los economistas denominamos “recesión”). Por este motivo, se ha incrementado la frecuencia con la que el término estanflación aparece en informes de analistas, medios de comunicación especializados o declaraciones de expertos. La evidencia es clara al respecto: en entornos de escaso crecimiento del PIB y alta inflación, las bolsas ceden, la inversión en renta fija arroja pérdidas, los activos inmobiliarios no se revalorizan y la única alternativa válida son los depósitos a corto plazo.
Aquellos lectores que tengan ahorro están de enhorabuena, ya que la remuneración sin riesgo que obtienen es cada vez mayor. En este sentido, resulta digno destacar que algunos de mis clientes me llaman la atención cuando digo que es “mala noticia” que suban los tipos de interés. Ellos, que cuentan con patrimonio para invertir y escaso endeudamiento, lo consideran algo positivo. Y lo es, ante el enorme atractivo de los depósitos ofrecidos por las cajas de ahorro españolas, una alternativa muy recomendable en el contexto actual.
Fuente: BCE y Bloomberg
David Camo Martínez
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