Un billón de dólares
Ya no cabe ninguna duda de que estamos asistiendo a la crisis financiera más relevante de las últimas décadas. Esta semana, el FMI cifraba en un billón de dólares la pérdida total que puede generar esta crisis en EE.UU.
Sin embargo, tras la batería de medidas establecidas por parte de la Reserva Federal y del Tesoro, los mercados de capitales han comenzado a mostrar señales de recuperación, siendo ahora la economía real la que comienza a dar síntomas de manifiesta debilidad. El daño que esta crisis financiera está generando en el sector bancario comienza a trasladarse de forma intensa a la economía real, especialmente en los países desarrollados que, tanto en 2008 como en 2009, crecerán poco más de un 1%. El sorprendente impacto que la crisis originada por las hipotecas subprime está teniendo en las economías desarrolladas, encuentra su explicación, entre otros factores, en el efecto multiplicador generado por el crédito bancario en unas economías cada vez más apalancadas.
En efecto, para entender el proceso, la clave es el sector bancario y el daño que las pérdidas acumuladas puedan tener en sus balances. El consumo de capital asociado y la incertidumbre todavía reinante acerca de la magnitud de la ralentización económica, está provocando una desaceleración muy relevante en la actividad crediticia, motivado tanto por una menor demanda –menor propensión marginal al consumo y a acometer proyectos de inversión- como por una menor oferta –ante el cierre de los mercados de capitales-.
Sin embargo, y a pesar del carácter global de esta crisis y de la escasa capacidad de diferenciación en un contexto de elevado riesgo sistémico, el sector bancario español afronta este periodo desde una posición relativamente sólida. Su favorable situación en términos de solvencia y eficiencia, la mayor transparencia operativa de los conglomerados bancarios y la prudente política de provisiones aplicada por Banco de España, permite a la mayor parte del sector afrontar esta crisis con un colchón superior al que poseen las entidades financieras que operan en los países de nuestro entorno.
Pero más relevante aún que el impacto financiero y económico a corto plazo, la coyuntura actual anuncia cambios fundamentales tanto en el sector privado como en el sector público: desde modificaciones en el marco regulatorio hasta exigencia de una mayor transparencia por parte de todos los agentes del sector financiero.
Alfonso García Mora

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