Lo que el mercado esconde
Señalaba en mi anterior comentario de finales de julio (“Santiago, San Joaquín y Santa Ana”), al hilo de la esquizofrenia provocada por unas gratas revisiones al alza de la economía mundial el día de Santiago por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el simultáneo descalabro de las bolsas mundiales pocas horas después en el día de San Joaquín y Santa Ana, que lo más preocupante del horizonte macroeconómico relativamente despejado hasta entonces era la posible contaminación de los mercados de créditos mundiales que parecía emerger por la crisis de las hipotecas de alto riesgo estadounidense.
Doce semanas después tal eventualidad no sólo se ha materializado, sino que lo ha hecho con inusitada intensidad. Además, no se percibe al día de hoy un restañamiento a corto plazo de la crisis de confianza, que se manifiesta en una exigencia de márgenes mucho más elevados por la asunción de riesgo de crédito.
Más aún, en determinados ámbitos y mercados mayoristas la actividad crediticia ha desaparecido prácticamente. El nadie sabe quien tiene qué (léase posibles activos financieros contaminados), así que todas las contrapartidas (léase bancos, compañías de seguros, instituciones de inversión,…) son sospechosas está impidiendo que fluya la liquidez necesaria en el seno del propio sistema financiero para engrasar el normal funcionamiento de la economía real a través de la financiación a empresas y familias.
Estamos en un periodo claro de intriga y suspense, calificativos que son obligados en cualquier sinopsis de la película “Lo que la verdad esconde” que parafrasea el título de este artículo. También su final es difícil de anticipar. Hasta el momento, ni siquiera con las continuadas y extraordinarias intervenciones de todos los grandes bancos centrales inyectando liquidez, bajando tipos de interés en algún caso y apoyando a entidades específicas en otros han mejorado significativamente las condiciones crediticias. El dilema del prisionero al que se enfrentan las entidades bancarias se mantiene vigente.
El tiempo pasa y tanto las probabilidades de que quede dañado el actual ciclo expansivo de la economía mundial como el alcance de dicho daño potencial crece exponencialmente con los días. La próxima semana el FMI se desdecirá de la revisión al alza que hizo en julio y, en su informe de otoño, devolverá las previsiones de crecimiento para la economía mundial a niveles incluso algo más bajos que los que contemplaba su anterior informe de primavera. Aun así, los crecimientos esperados seguirán siendo relativamente elevados.
Los santos de finales de julio han intercambiado sus posiciones sin embargo. Curiosa y sorprendentemente las principales bolsas mundiales han vuelto a recuperar sus máximos históricos. No es fácil entenderlo y a mi parecer la situación actual tiene un punto de inestabilidad.
Lo que sí es evidente es que mientras persista la escasez de financiación en los mercados mayoristas las entidades van a remunerar bastante bien la captación de pasivo. Aprovechen si pueden las atractivas ofertas que han comenzado a aparecer, y las numerosas que seguirán apareciendo los próximos días, para depósitos y otros formatos de inversión.
Daniel Manzano

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