28 septiembre, 2007 | 09:28
Pero….¿entonces estamos en crisis o no?
Lo cierto es que lo que la situación actual es atípica y novedosa. Atípica porque estamos atravesando una crisis de liquidez sin precedentes, motivada por la perdida de confianza del sistema financiero ante la incertidumbre generada por la denominada crisis de las hipotecas subprime, que está teniendo efectos en todo el mundo. En efecto, el epicentro de la crisis actual lo encontramos en EE.UU. y en concreto en las hipotecas de mala calidad concedidas con criterios de riesgo muy laxos e incluso sin analizar la calidad crediticia del prestatario. Algunos originadores de hipotecas en EE.UU. han concedido préstamos “con demasiada alegría”, no siempre siguiendo los criterios más convenientes de endeudamiento de las familias o de capacidad de pago; y las familias se han endeudado demasiado, al socaire de unas condiciones financieras que parecían muy buenas a corto plazo, pero no lo han sido tanto a medio plazo.
Esta situación ha provocado que en momentos de endurecimiento de las condiciones financieras, los prestatarios no hayan podido hacer frente a los pagos de sus cuotas, y la morosidad de estos préstamos se haya disparado hasta el 15%. ¿Pero por qué esta situación afecta a la economía española? Porque estos préstamos hipotecarios, una vez concedidos, los originadores los vendían a otra entidad financiera que a su vez los “empaquetaba” y utilizaba como garantía para la emisión de bonos en los mercados financieros, bonos que son adquiridos por inversores de todo el mundo. Pues bien, este saludable proceso de innovación financiera que ha permitido (y permite) una diversificación del riesgo entre muchos inversores -que un sólo banco no podría asumir en condiciones normales-, no es malo per se, todo lo contrario, pero la vertiginosa rapidez de su desarrollo y los abusos en que ha podido derivar, introducen riesgos evidentes para la estabilidad financiera global. En especial, cuando las hipótesis y modelos sobre los que se basa la percepción de “calidad crediticia” de los activos titulizados se ven superadas por los acontecimientos. Y así ha sido. Como consecuencia de ello, se ha generado una enorme incertidumbre en los mercados, que se ha visto reflejada en el mercado interbancario –aquel en el que se prestan los bancos- lo que ha provocado que el coste de financiación de los bancos haya aumentado de forma muy considerable. Si una entidad financiera sufre un significativo aumento de su coste de financiación, lo lógico es que trate de trasladar parte de dicho encarecimiento a los precios de sus préstamos, lo que redunda en una menor demanda de crédito por parte de las familias y empresas, con el consiguiente impacto en el crecimiento de la economía real. La magnitud y alcance de esta traslación de la crisis financiera a la economía real está por ver.
Por lo tanto, que estamos asistiendo a una crisis financiera internacional es evidente. Que esta crisis vaya a tener un impacto sobre la economía española es inevitable. Pero hay dos elementos muy favorables para amortiguar el impacto en la economía española: la situación de las finanzas públicas y la salud del sector financiero.
Alfonso García Mora









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