Crimen y castigo (en los mercados)
Sin embargo, no podemos obviar el hecho de que, hasta hace unos días los principales bancos centrales (Fed, BCE, BoE, etc) estaban observando las turbulencias financieras con relativa comodidad, considerándolas –de forma consensuada- como un episodio de normalización tras un período de excesos en la asunción de riesgos por parte de los inversores. De esta forma, los mínimos diferenciales crediticios y el boom de las operaciones corporativas con ratios de apalancamiento y una laxitud en las protecciones ofrecidas al inversor crecientes , no reflejaban “condiciones normales” y se observaban como un “exceso”. La rapidez y contundencia con que Fed y BCE han acudido al rescate puede generar ahora críticas por el “moral hazard” (riesgo moral) que implica no dejar que el mercado corrija, por si mismo, los excesos. ¿Tan grave era lo que estaba ocurriendo?.
El Banco de Inglaterra, cuyo gobernador Mervin King ha sido, desde 2005, uno de los banqueros centrales más insistentes y claros a la hora de advertir al mercado de lo insostenible de algunos comportamientos y actitudes hacia el riesgo, no ha tomado ninguna medida excepcional. Y eso que los mismos problemas experimentados en los mercados monetarios de EEUU y la UME también se han reproducido en el el mercado interbancario de la libra (los tipos de interés a muy corto plazo se han elevado muy por encima del tipo de intervención, el base rate). O las cosas “no estaban tan mal” realmente, o la máxima autoridad monetaria ha preferido que fuera el mercado el que se auto ajustara, penalizando a aquellos que más riesgo han asumido, en una suerte de proceso de “selección natural” a la que no estamos acostumbrados en la última década. Posiblemente, ambas explicaciones tienen su parte de razón.
Si no hay problemas que amenacen la estabilidad del sistema financiero a medio plazo, y si “sólo” estamos ante un proceso de normalizacion del (excesivo) riesgo asumido por muchos agentes en los últimos 2-3 años, quizás la medicina promulgada por el Banco de Inglaterra sea mucho más adecuada a medio y largo plazo que acudir apresuradamente al rescate de los mercados. Al final, los inversores tienen que asumir que la inversión en los mercados financieros es una apuesta de doble dirección, en la que la excesiva asunción de riesgos comporta una elevada probabilidad de pérdida. Y ésta suele, de tiempo en tiempo, materializarse.
Jose Manuel Amor

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