La teoría dice que el precio del petróleo sube cuando el dólar baja. La explicación es sencilla, la base de demanda del petróleo es tan fuerte que, tarde o temprano, la cotización tiende a subir. Al estar negociado en dólares de manera universal, parece una estrategia adecuada acumular barriles cuando más barato es hacerlo, bien por necesidades de actividad económica, como las aerolíneas o las empresas de transporte, bien como táctica de inversión.
Por supuesto, esta dinámica ni es directamente proporcional, ni se cumple siempre. Por ejemplo, entre febrero y mediados de abril de este año, el dólar se encareció un 7,4% y el petróleo lo hizo también y en mucha mayor medida, un 28%. Sin embargo, es muy interesante ver la distinta evolución del crudo medido en dólares y medido en euros.
En lo que va de año, hay una disparidad de nada menos que 18 puntos porcentuales. Mientras la cotización del barril de crudo Brent ha subido un 9,85% tomada en euros, en dólares, que su precio oficial de cotización, ha caído un 8,4%. Lo que esto significa es que el petróleo le está saliendo mucho más caro a los europeos que a los americanos, que además pagan menos impuestos por los combustibles.
La perspectiva histórica es, sin embargo, muy diferente. El euro comenzó a ser moneda de uso corriente en 2002 y desde entonces, la cotización oficial del petróleo ha subido un 259%, sin que se haya hundido por ello el planeta (ni siquiera ahora), al contrario de lo que muchos vaticinaban. Medido en euros, el encarecimiento es del 168%. Tampoco está mal, pero la subida acumulada es un tercio menor.
Ahora, los carburantes. Entre enero de 2002 y abril de 2010, el precio medio de la gasolina sin plomo ha subido en España un 54%, según los datos del Ministerio de Industria (de 76,2 a 117,8 céntimos por litro); el del diésel se ha encarecido cinco puntos más, un 59%, de 67,6 a 107,5 céntimos). Es de esperar que algo más haya bajado en el último mes. A propósito, mal que les pese a algunos, lo cierto es que mientras el precio sin impuestos del combustible en España está por encima del promedio ponderado de la UE, una vez añadida la carga impositiva, el precio es sensiblemente menor que la media de la UE. Hagan cuentas.
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