Sobre el autor

Nací en Gijón, emigré a Madrid en 1994 para estudiar la carrera de periodismo y ya me quedé aquí. Tras penar como becario de un sitio a otro, llegué a Cinco Días en el año 2000; primero en la sección de Economía y desde el año 2004 en Mercados.

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25 julio , 2012 | 11 : 44

ZP, o hacer el ridículo para salvar a España

En el Congreso de los Diputados se celebra estos días el acto de expiación política por la crisis económica brutal en la que han sumido a los ciudadanos. Los políticos no han decepcionado y han ideado una fórmula de comparecencias que resta toda enjundia posible al asunto. El procedimiento es el siguiente: el compareciente de turno comienza la sesión dando un discurso exculpatorio de toda responsabilidad y explicando lo acertado de su gestión; es decir, se trata de un discurso que sobra. A continuación, son los portavoces de hasta nueve partidos políticos los que hacen sus preguntas pertinentes al interpelado, todos seguidos, unos detrás de otros, sin posibilidad alguna de diálogo con el compareciente. Como es de esperar, PP y PSOE desperdician el tiempo recurriendo a la palabrería vana, haciendo preguntas vacuas o imposibles de responder, incluso cuando se anuncia que se van a hacer cuestiones "muy concretas". En resumen, la mayoría de las preguntas sobran. Por último, el compareciente medio-responde a las cuestiones planteadas, volviendo a exculparse. Hay una última ronda, en la que está prohibido abrir nuevos debates y que algunos diputados aprovechan para decir: "No me ha respondido a nada de lo que le he preguntado, pero lo entiendo". Y fin del asunto. Ayer fueron el ex secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, y el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Mañana será el día grande, con Rato, Salgado, Narcís Serra (como ex presidente de Caixa Catalunya) y Julio Fernández Gayoso, ex presidente de Caixa Galicia. Si estas comparecencias siguen el mismo guión que ayer, existen grandes probabilidades de no ir a ningún lado. Aún así, algo de miga siempre hay. Así, Fernández Ordóñez, conocido popularmente como MAFO, habló del rídiculo providencial de Zapatero.

En su discurso inicial, MAFO hizo referencia a lo obvio, que es que España estaba en unos niveles "relativamente alejados del rescate" en diciembre y que ahora ya no es así. No hace falta de lo diga MAFO para caer en la cuenta. En diciembre, la rentabilidad del bono a 10 años era del 5% y ahora es del 7,6%; la prima de riesgo era de 325 puntos y ahora es de 640. Sin embargo, MAFO sí hizo otras observaciones interesantes, como la idea de que a veces no está mal hacer un poco el ridículo. La idea central es que los mercados se basan en la confianza, que no es lo mismo que la lealtad. El mercado se mueve más por expectativas que por hechos consumados, así que la confianza bursátil consiste en dar la impresión de que todo está bajo control y que nada se va a desmadrar. En cambio, la imagen que transmiten los responsables económicos del actual Gobierno es la de una jaula de grillos aturdidos por la magnitud de la crisis.

Y a todo esto, ¿por qué defendió MAFO la idea de hacer el ridículo? Se trata del mensaje que Zapatero transmitió al principio de la crisis de que la banca española era "la mejor del mundo". Esta fue la respuesta de MAFO a las interpelaciones de los diputados: "Será ridículo lo que ha hecho el presidente del Gobierno anterior (...) pero ha hecho más daño decir que tenemos un sistema financiero fatal y tenemos que arreglarlo porque le falta no sé cuántos. Al final, lo que uno dice es muy importante. Lo otro será ridículo, pero no hace daño. En cambio, decir que tenemos un sistema financiero fatal y que hay que arreglarlo, hace daño. Y decir que el supervisor no supervisa bien, hace daño".

Negar la realidad no es nada bueno, porque ésta termina abriéndose paso con una fuerza devastadora y multiplicada. Pero exagerar la situación tampoco es bueno, porque se corre el riesgo de que termine haciéndose verdad, que es lo que está empezando a pasar ahora. Por ejemplo, España nunca tuvo un problema de deuda pública, sin embargo ahora está a punto de tenerlo. Otro ejemplo, el déficit insostenible. Una gran parte del desequilibrio no se debe a la errática y derrochadora política de ZP, sino al descalabro económico. Es decir, el déficit es de carácter coyuntural en gran medida y buena parte de él se corregirá cuando regrese el crecimiento. De hecho, el desafase en el equilibrio presupuestario de 2011 se debió sobre todo, además de a las Comunidades Autónomas, a la caída de la recaudación, motivada por el descenso a plomo de la actividad.

Ahora, ¿tenía razón MAFO al afirmar que decir que la banca española es la mejor del mundo puede ser ridículo, pero no hace daño? Es cuestionable. Un componente esencial de esa confianza de la que hablaba MAFO es la credibilidad. Y ese tipo de comentarios no lograron la credibilidad suficiente en los parqués. Era necesario dar la impresión de que estaba haciendo algo... en serio. En eso, el Gobierno de ZP falló estrepitosamente. En cambio, el Ejecutivo de Mariano Rajoy sí que transmite la sensación de estar haciendo muchas cosas, pero a lo loco y de forma precipitada. Con lo que volvemos al punto de partida: confianza. El Gobierno debe revisar su política de comunicación y dejar de dar puñetazos en la mesa, reclamando enrabietadamente la intervención del BCE.

Twitter: @FernandoM_Badas

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