Petróleo y huracanes
El golfo de México afronta en estas semanas el trago más difícil del año: la temporada huracanes, que convencionalmente se extiende entre junio y noviembre. Este año, la situación podría ser especialmente problemática, a cuenta del vertido de BP en el golfo de México, que es el peor desastre de estas características sufrido hasta la fecha en EE UU. Tres cuartas partes o más del petróleo derramado ya han sido recogidas o se han descompuesto de forma natural, según ha señalado el propio presidente de EE UU, Barack Obama. Esperemos que esta afirmación sea cierta en el momento en que las aguas comiencen a agitarse. En el golfo de México, los huracanes han causado estragos humanos y materiales de proporciones trágicas y, en lo que atañe a los mercados de materias primas, también han tenido repercusiones en envergadura.
De entre los grandes huracanes que azotan con contumacia la zona, los últimos ilustres que tuvieron alguna incidencia reseñable en los precios del petróleo fueron ke y Gustav, que sembraron el pánico el septiembre de 2008. Con el recuerdo del Katrina aún fresco, el ejército se desplegó en Nueva Orleans para desalojar rápidamente la ciudad. Las reacciones en el mercado del crudo fueron, eso sí, limitadas. El barril repuntó ligeramente entre el 15 y el 22 de septiembre, cuando Ike tocó tierra, pero rápidamente prosiguió la imparable senda bajista que el crudo arrastra desde los máximos históricos del 3 de julio (146,08 dólares de cierre). Entre comienzos de julio y finales de octubre, el barril se depreció un 55%, pasando de 146 a 65 dólares. Ike y Gustav supusieron sólo una ligera perturbación en la tendencia bajista del precio. Una historia muy distinta fue la de 2005 y 2004
Entre el 25 de agosto de 2005, el huracán Katrina tocó tierra en Florida y durante una semana descargó su inmenso poder destructivo, provocando casi 2.000 muertes y creando una desoladora y duradera huella en la zona. En lo que se refiere a la actividad petrolífera, el Katrina liquidó por completo la producción del golfo de México y provocó daños catastróficos, muchas plataformas de extracción quedaron inutilizadas e incluso fueron desplazadas decenas de kilómetros de su ubicación original bajo la fuerza desatada del viento y las mareas. El petróleo hizo máximo del año el 1 de septiembre, a un precio que hoy sería envidiable, 67,7 dólares, una subida de más del 70% sobre los niveles a los que había comenzado el ejercicio. El Gobierno Bush se vio obligado a liberar parte de sus reservas estratégicas, localizadas precisamente en cavernas de sal distribuidas a lo largo del golfo de México, para contrarrestar el ascenso meteórico del crudo.
En 2004, el huracán Iván ya se llevó por delante parte de la instalación petrólífera, así que era la segunda vez que ocurría en un lapso de un año. La acción simultánea de los huracanes Frances e Iván, llevaron las cotizaciones a niveles entonces críticos, 45 dólares, y provocaron que los estadounidenses corrieran en masa a las estaciones de servicio para hacer acopio de reservas ante el temor a un colapso del suministro.
De las aguas del golfo de México se extrae el 30% del petróleo que produce EE UU, además, otro 30% del crudo que importa el mayor consumidor del mundo también pasa por la misma zona. Habrá que vigilar cómo evoluciona la temporada de huracanes. El Centro Nacional de Huracanes es la institución encargada en Estados Unidos de vigilar la situación. Se puede consultar en la siguiente dirección:
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