El oro, un caballo ganador
Lo primero de todo: mi enhorabuena a los seguidores del Atlético, os lo merecéis; mi más sentido pésame y un abrazo cariñoso a los improbables seguidores del Fulham que además sean funcionarios en España, un palo por partida doble. Dicho esto, vamos al asunto. Vivimos momentos de fuerte incertidumbre, también en los mercados financieros. No es fácil en encontrar una apuesta ganadora que no se convierta en una trampa mortal al día siguiente. Uno de los activos que, de manera fascinante, funciona un año tras otro como valor refugio es el oro.
El oro ha fascinado al hombre desde el principio de los tiempos. Lo sabía muy bien el divino Julio César, que saqueó con fruición ciudades de Lusitania que le habían abierto sus puertas como aliado, expolió sin contemplaciones numerosos templos de las Galias e incluso incurrió en la bajeza de dar un cambiazo, apoderándose de 3.000 libras de oro del Capitolio y remplazándolas por cobre dorado… Perdón por la digresión, pero me parecía interesante para poner en contexto la importancia que siempre ha tenido el oro. Ahora bien, como suele suceder en el mundo de las materias primas, invertir no es fácil para un inversor de a pie.
Si lo que se busca es algo serio, entonces hay que acudir a los grandes mercados. Como explica Philip Klapwijk, presidente ejecutivo de la consultora GFMS y uno de los mayores expertos del mundo en la materia, existen tres grandes zonas financieras: Londres, Zurcí y Nueva York. La compra de oro físico o de futuros es sólo para grandes fortunas. Por poner un ejemplo, un contrato de futuros de Nueva York implica un volumen mínimo de 100 onzas, que al cambio actual, equivale a una inversión mínima de poco menos de 100.000 euros. Una vez más, para los pequeños inversores queda el recurso de los ETF (Exchange Traded Funds) o fondos cotizados, que exigen una inversión muy inferior. Una vez más, si se quiere un fondo cotizado con exposición al oro hay que salir a buscarlo fuera de España…
Es verdad que la onza de oro cotiza ya a precios récord y que sus posibilidades de revalorización pueden resultar en estos momentos limitadas. Pero el metal ha demostrado ser una inversión con cierta capacidad de resistencia. No es poco.
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