Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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15 abril, 2015 | 15:26

La diplomacia corporativa está de enhorabuena. Las empresas del IBEX 35 crean puestos directivos con esta competencia y se naturaliza su inclusión en los consejos de dirección. Las escuelas de negocios amplían la oferta formativa con cursos específicos sobre la materia o programas avanzados para el reciclaje del directivo global. La revista Esglobal, referente en asuntos internacionales, organiza un desayuno sobre la materia. Parece que la denominación se hace hueco en el mercado laboral y que las empresas y las organizaciones reconocen el valor de estos nuevos profesionales. Si la dirección estratégica convencional consiste en la asignación de recursos, el establecimiento de procesos y la defensa de valores, el liderazgo global es la elección y la decisión. Elegir es liderar. En suma, la diplomacia corporativa se ha incorporado al lenguaje directivo.

La diplomacia corporativa consiste en la aplicación de las prácticas, los principios y los usos diplomáticos a la gestión de asuntos de interés público de las organizaciones de naturaleza privada. En la práctica, persigue el incremento de la competitividad de las instituciones en la globalización porque es el profesional que aglutina y articula la estrategia internacional de la firma. Se espera que articule la internacionalización del proyecto institucional, comprenda la legislación multinivel, abrace la revolución tecnológica y comprenda el empoderamiento ciudadano. La diplomacia corporativa introduce en la agenda del primer ejecutivo tres perspectivas suplementarias a su gestión: la gobernanza de los asuntos públicos globales, la gestión de la incertidumbre y la comprensión de economía global. Solo así se puede diseñar y ejecutar una estrategia internacional adecuada al nuevo entorno abierto, global, digital y transparente. El diplomático influye en el comité de dirección cuando su comentario, su análisis, influye en la planificación, como una suerte de GPS institucional que sirve para mantener el rumbo de la compañía y asegurar la supervivencia a medio plazo. Como bien indica Jorge Cachinero, la gestión de la diplomacia corporativa es "asunto prioritario del CEO de la compañía. Poco importa que sean áreas que tradicionalmente había permanecido lejos de su campo de acción".

Shaun Riordan, Senior Visiting Fellow at the Clingendael Institute, escribe que el profesional de la diplomacia corporativa tiene asignadas cinco funciones principales. La primera es el análisis de cuáles son los riesgos geopolíticos que afectan a la compañía y cómo las operaciones pueden verse afectadas por turbulencias en el mercado global y local. En estrategia global, la inteligencia de negocio es un instrumento preferente para la planificación y el liderazgo en tiempos de incertidumbre. El segundo punto consiste en la identificación de los stakeholders, sean reconocidos, oficiales o privados. Por ejemplo, las redes sociales y los medios digitales han favorecido la aparición de nuevos líderes, de nuevas formas de organización social y lobby ante las compañías. Los poderes ya no son monopolio del boletín oficial de cada gobierno. El tercer punto es el establecimiento de redes, coaliciones y alianzas que contribuyan a la consecución de los objetivos establecidos en el plan de dirección general. En la sociedad digital, las redes tienen más valor que el estilo jerárquico convencional. La autoridad ha cambiado y, en una economía globalizada, la colaboración y la confianza son activos principales. En palabras de Tíscar Lara, la sociedad red premia al que más comparte, no al que más sabe. Por esta razón, las redes de interés y de confluencia son cada vez más heterogéneas y diversas. El cuarto punto sigue la misma secuencia lógica. Las coaliciones, puro lenguaje diplomático, suman y se construyen sobre puntos comunes, acuerdos, proyectos conjuntos. Es difícil, pero necesario para la internacionalización de las empresas y la rendición de cuentas. Asimismo, las alianzas y las redes son más poderosas que la actuación unilateral: aísla a quienes generan problemas y desautoriza a quienes ponen trabas. El punto final es el compendio diplomático: la diplomacia corporativa integra estos elementos y otros que no aparecen en el balance en la estrategia de la dirección general que requiere, de forma definitiva, de un liderazgo global.

La diplomacia corporativa, con esta denominación u otra parecida, está llamada a ocupar un papel central en la innovación directiva. Tiene que ser clave en la gestión de la incertidumbre, palanca de innovación en el diseño de las operaciones mercantiles, creadora de oportunidades de negocio compartido y promotora de los nuevos vehículos de influencia. Todo un reto para el liderazgo global.

 

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Hablamos en @juanmanfredi

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