Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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01 marzo, 2015 | 18:44

No me cabe duda: iremos al modelo 3+2 porque es el estándar europeo. Lo raro, lo excepcional, es que siguiéramos un sistema alejado de los patrones llamados a liderar la docencia, la investigación y el mercado laboral europeo. Alguien nos tendría que explicar por qué no tomamos esa vía hace más de diez años. Tampoco sé si la aprobación del actual 3+2 llegará a ejecutarse o si estaremos otra década  entre demoras, agendas de calificación y puesta en marcha de los nuevos proyectos docentes. Tampoco sé cómo se resolverá el asunto de las becas o los precios públicos del grado y el posgrado. Ahí rige la incertidumbre política.

Mi interés ante el nuevo panorama universitario es la agenda de innovación y emprendimiento que necesitamos para transformar el ecosistema económico español. Tras la crisis, ahora sabemos que es urgente más tejido industrial basado en el I+D, más internacionalización y más tamaño. En los tres ejes, las universidades pueden actuar como catalizadores, gestores de información, formadores de investigadores y científicos, patrocinadores de eventos y comunicadores de la innovación. Esta suerte de hub de ciencia e innovación requiere una agenda de cambio y actuación, sea para las ciencias básicas o para la promoción de la industria del español.

No existe un modelo único de éxito y, en mi opinión, la universidad española debería huir de la homogeneización y apostar por la diferenciación. Las universidades del futuro no pueden ser clones dispersos, sino nodos con sus particularidades, adecuadas a la ubicación geográfica, el perfil institucional o el desarrollo local. En la agenda, la apuesta por el conocimiento como impulsor de nuevos modelos de desarrollo económico, social y político. En la economía del conocimiento, la producción industrial y fordista de titulados carece de sentido. El mercado laboral y el desarrollo personal requerirá la adquisición de nuevas competencias y habilidades de forma permanente con cursos, MOOC o cualesquiera sea la fórmula futura de aprendizaje. Ésta es la agenda de innovación y emprendimiento que se requiere para reorientar la misión de la universidad ante el siglo XXI. Claro que hay una oportunidad para las humanidades y las titulaciones con escasa orientación al mercado. Mi punto es precisamente ése: si queremos reforzar su posición en el campus, tendremos que afrontar que se desangran y preguntarnos por qué. En los estudios de Periodismo, ya estamos trabajando en ello con nuevos manuales y seminarios de formación de profesorado.

La agenda de innovación y emprendimiento se cimenta sobre tres ejes interrelacionados. El primero es creación de rutinas de trabajo que vinculen a los estudiantes, los profesores, los investigadores, las empresas, los gobiernos y otros stakeholders en la conversación en torno a la innovación. Ésta tiene que ser abrazada por los responsables académicos y los departamentos. Ante el 3+2, la innovación pasa por repensar qué mapa de titulaciones queremos, cómo podemos inventar grados combinados (¿Ciencias sociales de la informática, bioingeniería, matemáticas y medicina?) que reflejen las nuevas fronteras de la ciencia. La innovación puede verse en campus pequeños y grandes, en ciencias y en letras, en inglés o en español. Lo que es seguro es que no podemos replicar el modelo LRU para la España del siglo XXI.

El segundo punto es la búsqueda de nuevas fórmulas de colaboración entre la investigación pública y privada. Ante la limitación presupuestaria y la reducción de puestos de investigadores, ¿cómo podemos equilibrar el fondo privado con el interés público? Quizás sea la universidad quien tiene que plantearse soluciones de innovación abierta, que comienzan a cuajar en el ámbito de la tecnología. El dilema es recurrente: las empresas necesitan los resultados y las patentes, mientras que la gestión pública apuesta por la ciencia básica. ¿Cómo llegamos a un punto medio?

El tercer elemento es la estrategia de la universidad. La CRUE ha solicitado un aplazamiento antes de aplicar el 3+2. Parece oportuno dar un margen antes de aprobar la enésima reforma educativa, pero en este ínterin ¿qué planes se han de desarrollar? ¿seguimos con los informes para las agencias de calificación? ¿aprobamos presupuestos? La parálisis también puede ser perjudicial. Si hay consenso sobre los futuros de las universidades, quizás sea el momento de pensar la ejecución de las políticas públicas educativas, recuperar los niveles presupuestos anteriores a la crisis, motivar e incentivar a los alumnos y profesores, ajustar la misión a la sociedad del conocimiento y transformar los procesos de evaluación. Esto es la estrategia: recursos, procesos y valores.

En innovación, la métrica preferida es la simplificada: número de patentes e invenciones, número de spin-offs, número de publicaciones de impacto y otras tantas. Pero este enfoque es limitado y captura solo un tipo de indicadores. Un enfoque más amplio de la cultura de la innovación en las universidades debe incluir también las metodologías docentes, los proyectos educativos, la formación continuada de profesorado en capacidades y habilidades innovadoras, la apuesta por titulaciones para la nueva economía, la vinculación con el tejido emprendedor local, la dotación de recursos para la internacionalización o la globalización del currículo de estudio.

En emprendimiento sucede algo parecido. El número de empresas creadas por egresados, el incremento de la intención emprededora o la estimulación de las junior empresas son indicadores estables y recurrentes. Pero la medición del éxito de la cultura emprendedora deberá incluir otros ítems: el liderazgo de los departamentos en la materia, la vinculación con incubadoras de empresas, la articulación de métodos de investigación en nuevos modelos de negocio, la explotación de recursos digitales o la naturalización de la relación entre empresa, estudiante y profesor más allá de las prácticas.

No creo que sea sencillo. Pero estoy persuadido: la agenda de innovación y emprendimiento de las universidades es uno de los temas de nuestro tiempo.

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Seguimos la conversación en @juanmanfredi

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