Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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11 noviembre, 2014 | 09:01

Startup Weekend celebrará en Burgos su cuarta edición los días 21, 22 y 23 de noviembre. Hará frío, de eso estamos seguros. Pero también de que el programa para emprendedoras será capaz de dinamizar las ideas de los participantes, cuyo reto es transformar la realidad, crear una empresa vinculada a Internet y los nuevos medios y contactar con profesionales de distintos perfiles. El premio es relevante: el apoyo de un programa de emprendedores, una estancia de seis meses en un vivero de empresas y la participación en el evento Global Startup Battle. El fin de semana dedicado a empresas de Internet se celebra en 501 ciudades de 126 países, todo un esfuerzo para la innovación en territorio urbano y la gestión de comunidades internacionales de emprendimiento. Puedes seguir la información en @swburgos

El interés de la cita es evidente: las ciudades conforma el tejido de producción, distribución y consumo de la innovación. Asimismo, crean empleo vinculado al territorio, una necesidad esencial para salir de la crisis por una vía alternativa al ladrillo. La investigación de Mariana Mazzucato explica cómo las políticas de innovación (The entrepreneurial State: debunking public vs. private sector myths, 2013) contribuyen a la configuración del modelo económico, la estrategia de crecimiento o la apuesta por unos sectores industriales. La acción política se concreta en la seguridad jurídica, la inversión en infraestructuras, la investigación en ciencia básica o el refuerzo del sistema educativo. Sin estos fundamentos, no hay capital riesgo que cree un hub. España tiene su oportunidad en torno al diseño, la educación y la cultura, pero requiere transformar los tangibles.

Esta vez es diferente en la medida que las tecnologías han modificado las fuentes de competitividad en la economía global. El control sobre las materias primas no asegura el dominio del mercado. En cambio, sí son determinantes la capacidad tecnológica, el acceso a un mercado grande e integrado y la capacidad de incrementar el diferencial entre el coste de producción y el precio final en el mercado destino. Ahí las ciudades son núcleos referentes ya que pueden articular estas capacidades. Más aún, la combinación de un ecosistema de emprendedor orientado hacia la creación de empresas tecnológicas ha sido uno de los temas del World Economic Forum 2014. Los tres ejes sobre los que pivota cualquier decisión al respecto son los mercados abiertos al libre comercio y el capital humano, así como el fomento de modelos de financiación diversos.

En esta carrera por la reconfiguración del sistema económico, la creación de hubs tecnológicos es una apuesta recurrente para las ciudades. Consiste en la concentración de compañías e instituciones dedicadas a una actividad económica e industrial particular en una ciudad o región. Tal agregación multiplica las capacidades de un área geográfica a través de la creación de redes formales e informales de trabajo. El hub es por sí mismo un sistema de innovación inclusivo, que cuenta con instituciones públicas e iniciativas privadas. Las tecnologías, y las actividades que de él se derivan, se emplean para crear, modificar o transformar la economía del conocimiento. En el hub, la productividad y la competitividad dependen de la capacidad de generar, procesar y aplicar información basada en el conocimiento.

Las propias ciudades (hinterlands) se convierten en polos de atracción y crecimiento económico. Londres, Estocolmo, Boston y Silicon Valley compiten por el liderazgo en el ámbito de la economía digital. Ofrecen diferentes propuestas de valor, que tienen en común el deseo de liderar la nueva generación de desarrollos tecnológicos. Las ciudades actúan como anclas de una industria tecnológica de alto nivel que necesita organizarse en mercados regionales para competir en la globalización.

Desde el punto de vista económico, el hub contiene dos elementos esenciales. Por un lado, la aglomeración de actores y elementos de un mismo sector de actividad económica e industrial. El valor está en la red antes que en las firmas individuales. El segundo análisis relevante es el funcionamiento de la economía de las redes. Los polos tecnológicos compiten entre ellos, pero a su vez colaboran para el desarrollo y la consolidación de proyectos, nuevas aplicaciones e innovaciones. La colaboración tiene como objetivo la creación de bloques comerciales extensos y con pocas trabas, así como la generación de economía de escala y alcance. El éxito de un polo depende de la concatenación de tres factores. El primero es la posición que ocupa el polo en la cadena de valor. La producción y el ensamblaje generan menos valor que la innovación, el diseño o el desarrollo tecnológico. En el caso de España, estamos en una posición media alta en los dos primeros, pero podemos mejorar aún más en las tres últimas áreas. La creación de valor en I+D+i es intensiva en capital, talento y tecnología.

En segundo elemento a considerar es la localización. Aún pesa la geografía para influir en el éxito de algunos polos. Singapur ofrece una posición en medio de las industrias manufactureras de Asia Pacífico que favorece sus capacidades logísticas, potenciadas a su vez por la inversión en infraestructuras. Aquí se distingue entre los hubs que son destino final de la producción (porque la demanda es elevada o porque se dan aglomeraciones urbanas) y aquellos que intermedian en la misma.

El tercer elemento es la combinación de especialización y rutinas de trabajo. Consiste en la capacidad que tienen las regiones de ubicarse en el centro de una actividad económica reduciendo los costes de producción (porque se ubican numerosos actores interrelacionados), incrementando las conexiones (hubs aeroportuarios) o controlando los servicios para terceros (banca, seguros). Es un fenómeno clásico en la economía, ya estudiado por Alfred Marshall  en sus "Principios de Economía". El conocido economista describió el proceso por el cual las empresas especializadas tienden a concentrarse en determinadas áreas geográficas, homogeneizando la demanda e influyendo en el mercado laboral. Nueva York, Londres o Hong Kong son referentes en la economía financiera, lo que supone liderar las operaciones bursátiles a escala mundial y reunir al mayor número de actores implicados en tal mercado.

Con estas premisas de innovación y economía, toca felicitarse por Startup Weekend Burgos. Ojalá sea el germen transformador que requiere España. Están a tiempo de asistir y participar.

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