Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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21 mayo, 2014 | 07:13

Las habilidades directivas son el conjunto de competencias que una persona ha de tener para dirigir una organización, establecer una misión, fijar una prelación de objetivos y ejecutar una estrategia. Un análisis del currículo del MBA, el programa de formación por antonomasia, nos da una idea del perfil ideal de ese directivo que ha triunfado en la economía industrial. Ahora sabemos que esas competencias son condición necesaria, pero no suficiente. El perfil directivo tiene que redefinirse y adecuarse al nuevo entorno competitivo.

The Economist ha avanzado en esta línea y ha publicado The Learning Curve, un informe completo sobre cómo las habilidades no cognitivas son cada vez más relevantes. Por supuesto que leer, escribir o las métricas financieras son necesarias, pero centrar la toma de decisión solo con esos instrumentos puede ser imprudente.  El documento comparte algunas ideas esenciales con "Cultura digital y transformación de las organizaciones. Ocho competencias digitales para el éxito profesional", un trabajo de RocaSalvatella que ha contado con la colaboración de Carlos Magro, entre otros.  

¿Cuáles son, entonces, esas habilidades directivas? La primera es el liderazgo. Como explicaba recientemente Elena Pisonero, consiste en "contar al equipo que te rodea dónde estás y dónde quieres llegar y, por eso, no es una tarea delegable. Es responsabilidad del directivo aprender a ejercer el liderazgo de acuerdo con nuestras condiciones y entorno, y es una actitud ante la vida: estar abierto al cambio, aceptar los desafíos, rodearse de diversidad, la capacidad de gestionar las incertidumbres y la comunicación inteligente".

El segundo elemento es la alfabetización digital. Alrededor del 45% de la población mundial tiene menos de 24 años. No podremos influir o transmitir un mensaje si no estamos en las redes sociales. Esto significa entender cómo funcionan esas redes, cómo se transmiten los mensajes o qué prácticas socioculturales son habituales. Tuitear no es una habilidad, sino una herramienta que sirve para algo. Es tarea del directivo aprender qué es ese algo en su industria, sector de actividad o profesión.

La comunicación es poder. Se define como el proceso por el que se influye en las ideas, las creencias, las actitudes y la conducta de las personas mediante la transmisión de mensajes en una sociedad abierta. De la publicidad a la diplomacia corporativa, cualquier iniciativa es buena para comunicar con el entorno. El reciente informe de Boston Consulting Group incide sobre esa "Brand Advocacy" en un contexto de cambio.

La inteligencia emocional es el compendio de empatía, capacidad de relacionarse con otros individuos. Importa sobre todo porque en un mundo globalizado, el directivo debe comprender cuáles son las motivaciones, las expectativas del otro. Igualmente, esa inteligencia se demuestra con el trabajo con el equipo, otra competencia esencial. Ninguna empresa va a salir adelante si no es con el esfuerzo coordinado, dirigido y liderado. Son tres funciones complementarias que van del pensamiento a la ejecución.

El emprendimiento es la oportunidad de explotar nuevas oportunidades y crear yacimientos de empleo. Nos encaminamos hacia una sociedad donde los profesionales, a través de sus proyectos e iniciativas individuales y en grupos pequeños, van a crecer en influencia. El directivo tiene que ser capaz de emprender fuera de su entorno, pero también dentro del mismo. El denominado intraemprendimiento no es más que la habilidad para sembrar, alimentar y recoger los frutos dentro de la propia compañía.

La siguiente habilidad es interesante. Consiste en la capacidad de resolver problemas. La globalización es el contexto que tenemos y necesita grandes dosis de creatividad, originalidad. Hoy tenemos muchos desafíos sobre la mesa que exige un nuevo replanteamiento de los negocios, del entorno económico y de la forma de emprender. Eso es la innovación.

La última habilidad es entender la ciudadanía global. Es el nuevo reto de las firmas, cuyos nuevos procesos empresariales deben orientar las decisiones para que los valores compartidos emerjan. Explica Manuel Bermejo en El País: "Parece evidente que se proponga una nueva tendencia de gobernar compañías que se aborde con una perspectiva mucho más holística. Que tenga en cuenta un vocablo tan de moda, pero tan relevante pese a ser tan manido, como la sostenibilidad. La sostenibilidad invita a pensar en términos de creación de valor con perspectiva de largo plazo y contemplando tanto los requerimientos de los accionistas como los de la sociedad en su conjunto y el medio ambiente." Es la única fuente de innovación económica y social que contribuirá  la salida de la crisis.

En suma, el perfil directivo se ha enriquecido y se ha dotado de nuevos instrumentos, todo un desafío para las organizaciones, las empresas y las escuelas de negocio.

 

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