Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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26 marzo, 2014 | 08:55

La internacionalización de las universidades españolas es un tema recurrente. Estoy persuadido: la educación tiene que ser el motor de la transformación económico y tenemos la oportunidad de construir EuroHarvard. que permita a España apostar por otro modelo social y económico, que emplee sus ventajas intangibles para captar innovadores y emprendedores, que transforme en suma el paisaje de la educación superior. Las visa start-up para los estudiantes de las escuelas de negocios están ya sobre la mesa gracias a la ley de emprendedores, pero es necesario profundizar y concretar ideas para la internacionalización de las universidades españolas.  

El nuevo informe de la Cátedra UNESCO de Gestión y Política Universitaria de la UPM (Madrid) ahonda en estas ideas y propone acciones concretas para conseguir este objetivo en dos ámbitos, los estudios y las instituciones. Aunque se centra en el caso de la Comunidad de Madrid, sus recomendaciones son relevantes para todo el sistema español.

La primera recomendación tiene que ver con la propia definición de qué es la universidad. Hemos completado una etapa de nuestra educación superior (modelo fordista y red capilar) y toca replantearse qué modelo necesita España en el siglo XXI. La internacionalización ha de ser una pieza clave.

Es contingente transformar el marco que define el sistema universitario para que se capten más estudiantes extranjeros a tiempo completo (no solo Erasmus o alumnos de posgrado), así como profesores e investigadores. Habría que revisar el régimen de contratación laboral con fórmulas similares al de otros países del entorno. Pueden habilitarse reservas para titulados procedentes del exterior o premiarse una trayectoria profesional fuera de las universidades españolas. La tarea ocupa también a las administraciones públicas, que deberían simplificar los procedimientos y favorecer las labores de promoción externa.

Sería útil crear un sistema de indicadores sobre la internacionalización, que sirva de guía y buenas prácticas. No se trata de fijar un sistema cerrado, sino de orientar las tareas de los Rectorados para definir procesos, poner en común buenas prácticas y premiar los resultados. Esta puesta en común se concreta en el establecimiento de objetivos claros y medibles, metas factibles que dirijan los esfuerzos, asignen responsabilidades, afecten la financiación y ordenen las actuaciones. Se trata, en suma, de que la internacionalización cale en todos los ámbitos universitarios y no sea un esfuerzo individual de Vicerrectorados o departamentos concretos. La naturaleza de la internacionalización exige una estrategia transversal, que reúna los esfuerzos de los investigadores, el profesorado, el alumnado, los servicios generales y de PAS y de todos aquellos implicados en la gestión de la universidad.

En relación con los estudios, hay que diseñar una oferta atractiva, internacional, que supere la visión localista de la universidad. La dimensión internacional se concreta en el aprendizaje de la lengua y cultura españolas destinado a los que llegan y la promoción de la internacionalización del profesorado con programas oficiales y otros propios para los que ya están en la universidad.

En el ámbito institucional, el informe recomienda que se promocionen las alianzas que favorezcan este proceso, que se dote de recursos para la creación de estructuras y servicios de alto nivel, que se apoye la formación del personal de administración y servicios y que se haga un seguimiento de las acciones. Se culmina el documento con una mención específica a la definición de estrategias de comunicación y promoción en sintonía con los objetivos estratégicos de cada universidad.

No hay excusas. Tenemos una propuesta de hoja de ruta, que establece hitos en el camino y que da ideas concretas para las administraciones públicas y las universidades. Es necesario entender que, en el nuevo marco global de competencia por el talento, las universidades desempeñan una función esencial. Por eso, este informe debería ser lectura obligada para los rectores, los consejeros, los profesores y todos aquellos preocupados por el futuro de la universidad.

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Sígueme en Twitter: @juanmanfredi

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