Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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31 enero, 2014 | 08:31

Ya tenemos detalles del plan Eramus Plus, el programa de referencia para el intercambio de estudiantes en el ámbito universitario. La UE aportará fondos para 30.000 becas, mientras que el Ministerio de Educación financiará otras 10.000 con condiciones particulares, como son tener aprobados 60 créditos (un curso completo) y el nivel B2 del idioma del país destino. España es uno de los destinos preferentes de los estudiantes europeos. Recibe, cada curso académico, alrededor de 39.000 estudiantes. También somos uno de los países que más universitarios envía fuera.

En mi opinión, el programa Erasmus es la acción de diplomacia pública que más ha contribuido a crear identidad europea. La experiencia de conectar generaciones de europeos en su periodo de formación para que aprendan juntos tiene un impacto incalculable en el sentimiento europeo. Por eso, y probablemente porque yo también fui Erasmus, soy fiel defensor del programa de movilidad.

Cada año animo a mis estudiantes a salir fuera, a "desenroscarse la boina" como decía un antiguo compañero mío. Hay que moverse para salir del aislamiento e internacionalizar nuestras mentes. Cada año elaboro un discursito para mis alumnos con el ánimo de fomentar su participación en estas u otras becas parecidas. Por eso, el libro ¿Qué es el programa Erasmus? De Emilio García Prieto me ha interesado. El autor tiene una extensa trayectoria profesional como profesor y como gestor de programas de educación internacional. Sus ideas, comentarios y recomendaciones son precisas, muy útiles para quienes tenemos que promover el programa entre el alumnado. También es una buena guía de cifras y datos para comprender las dimensiones del programa y las razones de 25 años de éxito.

Me quedo con sus diez recomendaciones para el buen disfrute del programa Erasmus. La primera es el espíritu emprendedor. Para muchos, supone la primera emancipación del hogar familiar. Es una aventura en todos los sentidos porque siempre aparecen situaciones inesperadas, aprendemos a gestionar la incertidumbre, hay pocos recursos y muchos planes. Saber combinar estos elementos es garantía de éxito. Este espíritu se concreta en la apertura de mentes. Hay que querer conocer nuevas culturas, nuevas costumbres y formas de actuar. Es la adquisición de nuevas competencias y favorece la comunicación intercultural. Una persona que disfruta de la beca Erasmus incrementa su capacidad de empatía, una competencia esencial en el mundo del siglo XXI.

La experiencia Erasmus tiene que favorecer el desarrollo de la competencia lingüística. Se recomienda llevar un nivel básico adquirido para que el estudiante pueda avanzar. Por eso, es recomendable tomar un curso previo. El objetivo ideal sería ser capaz de trabajar en ese mismo país al finalizar la estancia. Por eso, hay que elegir bien la institución. No importa si es grande o pequeña, si un semestre u otro, sino saber qué queremos conseguir durante la experiencia. En tiempos de redes sociales, podemos conocer al detalle la realidad que nos vamos a encontrar. Localiza comunidades online, contacta con los antiguos alumnos de tu Facultad y habla con los profesores.

Hay que empezar bien desde el principio y organizar bien la estancia. Esto significa llegar con suficiente antelación al país, acercarse inmediatamente a las oficinas receptoras de la universidad destino, hacerse con los papeles y la documentación (carnets, horarios y demás). Así podremos aprovechar mejor la estancia, potenciar el rendimiento académico, ampliar la red de contactos e integrarse en el país destino. Es el momento de probar e innovar, conocer la literatura y el cine local, conocer nacionales, probar su comida y trata de motivarse cada día. Ya habrá tiempo de volver a las redes de contacto de nuestra universidad de origen.

Se trata de construir Europa. El programa ha contribuido a crear Europa y cada estudiante que disfruta de la beca es un éxito, un paso hacia delante en la construcción del sueño europeo. Hay que ser conscientes del éxito que esto conlleva.  El autor sugiere que si se puede hay que repetir con una estancia para prácticas, que es la oportunidad de crecer profesionalmente, abrirse un hueco en el mercado laboral y cimentar un futuro desarrollo competitivo. Por último, el autor recuerda que la experiencia Erasmus consiste también en disfrutar. La parte lúdica también es relevante porque en pleno proceso de formación académica y de la persona, salir fuera del entorno generará experiencias irrepetibles.

El libro está dirigido a todos los públicos, sí, pero yo desde aquí lo recomiendo a los futuros becarios. Que aproveche.

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08 enero, 2014 | 13:40

Por fin tenemos la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno. Se supone que a partir de 2015 podremos realizar consultas, acceder a los contratos, las subvenciones, los sueldos y las asignaciones, conseguir que se enumeren las actividades de la función pública, listar las reuniones con lobistas, leer los informes previos y otros tantos documentos de interés público. Es una gran oportunidad para controlar y promover un cambio en el orden político, así como eliminar el caldo de cultivo para el populismo.

Pero una ley por sí sola no va a transformar la administración pública. Se necesita un liderazgo transformador en las administraciones, que sea asumido desde la alta dirección y que integre las competencias digitales en su rutina diaria. Solo así podremos crecer, renovar e innovar en la gestión y la administración de los servicios públicos. La administración pública necesita de esos buenos directivos de los que hemos hablado en varias ocasiones y que tan bien resume Antonio Núñez en su libro El nuevo directivo público. Claves de liderazgo para la gestión pública: la gestión pública necesita habilidades y competencias profesionalizantes, que incrementen el buen gobierno y disminuyan la arbitrariedad.

Por esta razón, me ha gustado el libro Líderes públicos en la nueva economía. 100 claves para un cambio en la Administración, escrito por Óscar Cortés (@oscarcortes), autor del blog i-Public@ y vicepresidente del Club de Dirección Pública y Política de ESADE Alumni.

El autor propone ideas tangibles, organizadas en torno a cien conceptos. Esto facilita la consulta y la precisión. Me ha interesado especialmente el capítulo dedicado a los valores emergentes en la gestión pública (sostenibilidad, calidad, flexibilidad, proactividad, eficiencia, evaluación, implicación y autonomía). Son, en efecto, palabras que deben estar en el vocabulario del nuevo directivo público, de forma que rompa la dinámica de una gestión centralizada y "asumir innovaciones organizativas que potencien modelos alternativos, aun asumiendo que no son perfectos y corrigiendo los errores aprendidos de las malas experiencias" (p.48).

Recomiendo también la reflexión sobre el gobierno abierto, que sitúa sobre una serie de principios como la transparencia, la participación y la colaboración "que suponen una obligación ética de principios que transciende el simple cumplimiento de la legalidad" (p.51). El gobierno abierto puede ser fuente de ética social. Tiene que ver con cómo se actúa ante determinados comportamientos o procedimientos. El buen gobierno, como otras acciones ejemplarizantes, vertebran la sociedad, pero no se puede regular por decreto ley. El sistema puede optar por un modelo ex ante o ex post, pero no puede dejar de rendir cuentas. El autor recuerda que hay que huir de las modas (que el Alcalde tuitee o no es poco relevante) para crear nuevas prácticas de gestión que integre las soluciones tecnológicas que están al alcance de todos.

Concluye el autor que la administración pública requiere dos nuevos ejes estratégicos: el talento y la innovación. Sin alguno de ellos, no es posible crear esa nueva administración que necesitamos para el siglo XXI, que se acerque al ciudadano. En el ámbito del talento, Óscar Cortés plantea que es necesario restringir la condición de funcionario a aquellas que realmente por su naturaleza estratégica, técnica o de alta especialización lo requiera. Donde se necesite autonomía del poder político, el funcionariado tiene sentido. En los puestos auxiliares, tiene menor sentido. Argumenta el autor que se crearían grupos profesionales de naturaleza más amplia y transversal, más acorde a los tiempos de la globalización y la economía digital. En particular, es aún más importante que se profesionalicen las escalas directivas. La "colonización de forma masiva por la política es negativo para el funcionamiento de las instituciones públicas" (p.103). En este proceso de profesionalización, las escuelas de negocios tienen una oportunidad más que interesante. Se trata de crear y ajustar la oferta de cursos y contenidos a las particularidades de la función directiva pública. Por supuesto, las escuelas (IE, IESE y ESADE, así como la propia EOI) llevan tiempo ofertando este tipo de formación. Ahora toca que sea obligatoria de una u otra manera antes de recibir un nombramiento. El modelo de la ENAP, aquí más diverso y plural, podría ser un ejemplo. Otros autores han señalado repetidamente la necesidad de crear una suerte de escuela pública de administración pública, al estilo de la Harvard Kennedy School.

Por último, la innovación consiste en conocer y emplear los nuevos instrumentos para resolver los problemas que aquejan a los ciudadanos. Como recuerda el autor, a menudo es la propia administración quien se pone límites y se hace trampas a sí mismo. Frente a la tozudez de una administración rígida, hay que explorar la cooperación con actores privados y repensar qué objetivos cumplen una privatización. En tiempos de reducciones presupuestarias, la innovación debería ser una materia obligatoria en la administración.

En síntesis, necesitamos una administración pública que funcione, que innove y que transforme el entorno. Seguro que la experiencia de las escuelas de negocio puede contribuir a la generación de un sector público abierto, basado en el talento, colaborativo con el entorno y partidario de la innovación. Esos son mis deseos para 2014. 

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