Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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11 abril, 2013 | 09:11

La publicación del informe titulado "Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español" es buena noticia. Hasta cierto punto. Está bien que el gobierno elabore las consultas que considere oportunas y que pretenda transformar las dinámicas del entorno universitario español. El grupo de trabajo, presidido por la catedrática María Teresa Miras-Portugal, ha presentado unas ideas que pueden servir de punto de partida para la discusión. De momento, incluye una adenda con el voto particular de dos profesores, lo que indica que ni siquiera dentro de la comisión se ha llegado a un acuerdo total.

El informe diagnostica el estado del personal docente e investigador de las universidades públicas, la evaluación de la calidad de las universidades en términos de excelencia y competitividad, sobre el gobierno de las universidades, sobre la financiación (incluye costes y política de becas) y sobre los propios estudios universitarios. Cada capítulo cuenta con unas consideraciones y una serie de recomendaciones. Y eso es todo. Porque me temo que este informe no pasará el corte, como tampoco lo hicieron otros documentos interesantes sobre el estado de la universidad y la educación superior en España. Recuerdo el informe Universidad 2000 (conocido como informe Bricall) o Audacia para llegar lejos: universidades fuertes para la España del mañana, en 2011 bajo la dirección de Rolf Tarrach. Hace unos días, se hablaba del "eterno retorno de la reforma universitaria". Pues eso.

La serie de informes muestran varios hilos argumentales coincidentes. El primero consiste en la falta de vocación internacional de las universidades. Ya hemos escrito que España tienen las capacidades para ser un hub de educación superior, pero que no llegamos a despegar. Hay que salir del aislamiento en todos los niveles para salir de la crisis, como asegura Cristina Manzano (@ManzanoCr).

El segundo elemento es la homogeneización. Si analizamos el catálogo de títulos, los planes estratégicos o las perspectivas, casi todas las universidades son idénticas. El tercero, el inmovilismo, propio de las instituciones weberianas. El cambio no vendrá de dentro, sino que tiene que ser motivado, apoyado y promovido por el gobierno. Por eso no vale este o aquel informe, sino un consenso amplio que dote a las universidades de un sistema para el futuro.

En mi opinión, la conclusión es simple: el modelo de universidad basado en una organización piramidal y unas estructuras estables autosuficientes se ha agotado. La aplicación de los principios de la economía fordista, caracterizado por la producción y el consumo masivo de títulos universitarios, no cuadra con la sociedad red. El paradigma consiste en que la productividad y la competitividad de los agentes económicos (empresas, organizaciones y estados) residen en la capacidad para la generación, el procesamiento y la aplicación de información basada en el conocimiento. Ahí es donde la disrupción supera a las actuales universidades.

En la misma línea, las universidades tienen que diferenciarse, abandonar esos principios fordistas y refundarse sobre las bases de un nuevo modelo. El reciente informe An avalanche is coming: Higher education and the revolution ahead, elaborado por el grupo Pearson para el think tank Institute for Public Policy Research, propone cinco vías de desarrollo estratégico para sobrevivir a la oleada de cambios tecnológicos, económicos y sociales.

Las cinco vías son las siguientes:

  • Las universidades de elite
  • Las universidades de masas
  • Las universidades especializadas
  • Las universidades locales
  • Las universidades orientadas al Lifelong Learning

 

Leído el informe, pienso cómo podrían aplicarse al entorno español. Las universidades de elite serán pocas, con alta capacidad de financiación y una marca global. Pensamos en Yale, Harvard o Cambridge, pero España puede competir en ese nivel si concentra los esfuerzos en no más de cuatro centros (uno en la franja atlántica, otro en Madrid, un tercero en Barcelona y un cuarto en el sur). La competencia global exige la mezcla de fondos públicos y privados, la promoción de la investigación de alto nivel y la apertura de fronteras administrativas. La misma idea del visa start-up va en esa línea.

Las universidades de masas serán parecidas a las que tenemos actualmente. El alumno graduado recibirá los fundamentos básicos para desenvolverse en el entorno laboral. El catálogo de títulos tendrá que ser más flexible y apostar por un modelo que combine presencial y metodologías online. Habrá pocas oportunidades en la escuela de doctorado o postgrado. Intuyo que se verá reducido su número a una o dos por Comunidad Autónoma. Como reconoce el propio informe de expertos, esta decisión requiere una apuesta decidida por una política sólida de becas. Si no, repetiremos errores del pasado.

La universidad especializada se ocupa de un mercado reducido y concreto, sin interés en desarrollarse en otras áreas de conocimiento. Podríamos citar Babson College, que se ha especializado en emprendedores. Todos los procesos y mecanismos de aprendizaje se orientan hacia el autoempleo y el desarrollo de iniciativas empresariales. Otro caso de referencia es Saint John's College y su programa de Liberal Arts. O Wellesley College orientado solo a las mujeres. La lista sigue. ¿Podría una universidad española concentrarse en tres o cuatro grados y cerrar todos los demás? ¿Dónde tendría que ubicarse? ¿Tendrían que ser Derecho y Empresariales o podríamos hablar de una universidad especializada en Ciencias del Mar, Agronomía o Administraciones Públicas?

La cuarta propuesta es la universidad local. Consiste en el desarrollo de profesionales ligados a un territorio concreto y a un entorno menos internacional. Proveen de la primera experiencia universitaria y certifican el conocimiento para determinadas profesiones reguladas. No tiene ambición investigadora, sino de atención primaria. Este modelo lo hemos visto en España, si bien parece que puede ser uno de los principales damnificados de la expansión de las universidades online o los MOOC.

Por último, las universidades concentradas en Lifelong learning atienden a los nuevos estudiantes que la crisis ha creado. Me refiero a desempleados mayores de cierta edad, a jóvenes que abandonaron sus estudios o bien a personas que quieren reorientar su carrera profesional. Se trata de dotarles de nuevas habilidades, de un segunda oportunidad. También requiere programas más flexibles y adecuados a las necesidades de unos estudiantes diferentes. No conozco universidades españolas con este perfil.

En síntesis, no existe un camino único para la transformación de la universidad española, pero sí parece acertado señalar que toca plantear un escenario para los próximos 25 años. La universidad puede y debe ser el motor de la sociedad del conocimiento, tiene potencial para arraigar empresas, es el punto de partida del I+D y renueva su alumnado cada año. Por eso, tenemos que romper el aislamiento y el inmovilismo. Ojalá, como se repite, la crisis sea una oportunidad de transformación y mejora. ¡Suerte a los gestores!

 

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Sígueme en Twitter @juanmanfredi

 

04 abril, 2013 | 08:52

 

Joe Haslam es un irlandés afincado en España. Es un emprendedor en serie (Hot Hotels es su último proyecto) y profesor asociado de IE Business School. Me recibe en el Área 31, un espacio para el emprendimiento y la innovación dentro de la escuela de negocios. Hablamos sobre cómo las escuelas de negocios han reorientado el currículo para adaptarse a un mercado global completamente nuevo: el del talento emprendedor. Le apasiona el fútbol y sus metáforas (Messi, la Ley Bosman y la selección española) explican bien cómo afrontar este desafío.Puedes seguirle en Twitter @joehas

"Solo hay dos tipos de escuelas de negocios: las que compiten por los rankings internacionales y las que no. Por eso, si quieres competir en esa liga tienes que adaptar tus servicios a una demanda concreta. No es de recibo defender prácticas antiguas en un mercado abierto y global", así de directo empieza Joe Haslam para explicar por qué las grandes escuelas de negocio han repensado sus programas de formación para poner especial énfasis en el emprendimiento y en la innovación. El emprendimiento es the new normal o como relataba Boston Magazine: "Tech entrepreneurship is the new sexy", al explicar cómo el MIT ha desplazado a Harvard Business School como punto de encuentro preferente para quienes quieren lanzar su propio proyecto tecnológico.

Ese new normal se explica por la disrupción de las tecnologías en la educación ejecutiva. Ni los contactos profesionales ni la formación recibida es relevante. Hay que ofrecer algo más. En palabras de Joe Haslam, "la innovación disruptiva provoca que el reto del profesor en el aula no sea enseñar, sino inspirar a los estudiantes. Tu producto convencional, el MBA clásico, no vale para la nueva coyuntura".

"En el momento actual, nadie te asegura un trabajo para toda la vida. Los conocimientos adquiridos requieren actualización permanente. Por eso, los programas de emprendimiento enseñan las habilidades y las capacidades para sobrevivir en la nueva era de incertidumbre", asegura Joe Haslam. Así, la creación de tu propio empleo y la búsqueda de soluciones a problemas reales son oportunidades para el emprendedor. Hace unos días, Len Schlesinger, presidente de Babson College, escribía que el empredimiento es una práctica, como el derecho y la medicina, que puede ser codificada, desarrollada y enseñada en el aula. En síntesis, como le gusta subrayar a Joe, ser emprendedor es dirigir tu propia vida: "I manage my life".

El área de emprendimiento ha calado en las escuelas de negocio. La demanda de cursos y seminarios específicos ha crecido de forma exponencial. En Estados Unidos, el número de centros que ofrecen formación en este campo ha pasado de 100 en 1977 a más de 2.000 en la actualidad. Un buen área de emprendimiento es fuente de ventaja competitiva para la captación de alumnos. Según Joe, "no se puede seducir a un alumno candidato para que se matricule en tu escuela por los cursos de contabilidad, pero sí por el entorno emprendedor y por los proyectos generados dentro de ese marco. Por eso, a medio plazo, una escuela de negocios no tendrá éxito si más de la mitad de los egresados no monta su propio negocio. Será un criterio para matricularse en la liga global de las escuelas de negocios".

Unas ideas para España

El emprendimiento es una tarea pendiente. "España cuenta con buenos emprendedores pero el sistema es desalentador: no fluye la financiación y hay innecesarias trabas administrativas", asegura Joe Haslam. En su opinión, "cualquier extranjero con máster debe recibir una visa para cinco años. Los emprendedores internacionales eligen tu país: hay que apoyarlos porque quieren quedarse a vivir, crear sus empresas y negocios en España". Por eso, apuesta también el desarrollo de iniciativas como la visa start-up o proyectos parecidos que proponen Javier Santiso o Cristina Manzano.

El mercado del talento emprendedor es global. "Va a parecerse mucho al mercado del fútbol, porque los países van a competir por los mejores proyectos para que se instalen aquí o allí. La selección española ha sabido aprovechar esa oportunidad para ser los mejores del mundo. Es una lección a considerar", explica Joe con una buena analogía.

La competencia por los mejores emprendedores está a la orden del día. "Sí, hay cazatalentos que buscan a los mejores proyectos por el mundo porque está en juego el desarrollo económico de un país", explica Joe, que pone como ejemplo Chile e Irlanda. "Han creado programas excelentes de captación de talento. Se ofrecen buenas condiciones de crédito y apoyo a cambio de instalar la compañía. Por ejemplo, Start up Chile ofrece hasta 40.000 dólares para empezar. ¡Es el mundo al revés! No pagas ese precio por la matrícula de un MBA de una prestigiosa escuela de negocios, sino que lo recibes para montar un negocio. Es una buena idea porque estimula la economía local: ese dinero se queda en el país. La gente tiende a quedarse, a instalarse, recibe visitas. Todo suma".

En síntesis, el emprendimiento se ha convertido en un motor necesario para las escuelas de negocio. Se trata de atender a un tipo de alumno especial, que viene con una idea o un proyecto en la cabeza. Por eso, España tiene que aprovechar la oportunidad porque es un destino preferente para la educación ejecutiva. Hagamos del visa start up un eje para la salida de la crisis. A ver.

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