Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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30 noviembre, 2011 | 08:33

La decisión sobre los sistemas y las tecnologías que se deben emplear en una organización es compleja. Se toman en consideración numerosos elementos de todo tipo: un modelo abierto o cerrado, la creación de una red propia o la participación en las existentes o la externalización de todo o la parte del sistema. En el ámbito de la educación, las universidades tienen que decidir qué tipo de sistemas emplean, teniendo en cuenta que muchos ofrecen un paquete cerrado de hardware y software propietario. Para terminar de incrementar la complejidad, la decisión de “subir a la nube” parece ahora inaplazable.

Para atender esta demanda, Google Apps For Education ha creado un programa que consiste en la agregación y la personalización de cinco herramientas (correo, calendario, Google Docs, sitios web y grupos). Para compartir buenas prácticas y fomentar el uso del modelo cloud ha creado el Foro de Universidades en la Nube. Según los datos proporcionados por la compañía, en España trece instituciones trabajan ya con este modelo, que atiende a 400.000 usuarios. En todo el mundo, la cifra de usuarios alcanza los quince millones de estudiantes, profesores y personal administrativo.

Campus Computing refleja que el cambio a la nube no está siendo tan rápido como se puede pensar. Este proyecto, que analiza el rol de las tecnologías en las instituciones estadounidenses de educación superior desde 1994, muestra que solamente 21 campus cuenta con un plan estratégico para desarrollarse en la nube. Las operaciones más delicadas (como puede ser los ERP o la gestión del CRM) no se desarrollan bajo este sistema, bien sea por razones de privacidad y protección de datos, la falta de competencia entre proveedores, la poca confianza en la herramienta o por la falta de presupuesto para acometer la transformación. Sin embargo, la mayoría de las instituciones sí ha apostado por la externalización del correo electrónico de los estudiantes, que es un cuello de botella permanente. La mayoría de las universidades ha apostado por Google, seguido de las aplicaciones de Microsoft y Zimbra.

El informe muestra otras tendencias al alza: las aplicaciones directamente diseñadas para los smartphones y las tabletas. Según Kenneth C. Green, director del informe, considera que estas herramientas facilitan la experiencia del estudiante y, además, en el mercado hay multitud de proveedores de servicios. De hecho, la encuesta refleja que el 55,3% de las universidades públicas ha creado una aplicación durante el pasado curso o tiene previsto realizarlo éste. Son veinte puntos porcentuales más que en 2010. En el ámbito privado, ya el 50% cuenta con algún tipo de aplicación móvil. En general, más del 70% de los encuestados considera que la tecnología móvil será un elemento esencial en el corto plazo.

En cambio, el ebook no termina de integrarse en las estrategias digitales. Según la encuesta, existe todavía confusión entre los contenidos y las plataformas. Como en otros ámbitos, la proposición de valor pasa por la combinación de tres elementos fundamentales: el precio final para el estudiante, las características técnicas y los formatos. En relación con los contenidos, la nube vuelve a poner de manifiesto la cuestión de la gestión de los derechos de autor. Existe un creciente interés por parte de las instituciones en divulgar el conocimiento y los programas académicos. Por eso se anima a los profesores a producir los contenidos en la nube mediante el uso de licencias Creative Commons. Las razones de fondo son dos. Por un lado, desde el punto de vista del marketing, la expansión de contenidos captar la atención de posibles estudiantes, generar reputación y posicionarse como un centro de referencia académica. Por otro, el uso de licencias Creative Commons reduce los problemas derivados de la gestión de los copyrights.

El proceso de digitalización continúa imparable. En mi opinión, ofrece numerosas ventajas para la gestión y la creación de un entorno. Hay que apostar por un sistema y saber qué consecuencias tiene en la vida cotidiana de la academia; la nube parece una solución válida, pero habrá que esperar un poco todavía para ver hasta dónde puede llegar.

14 noviembre, 2011 | 12:10

La producción de documentos, el intercambio de ideas y la publicación de manifiestos han revelado la necesidad de incluir la dimensión ética en los negocios. Las escuelas de negocio han comprendido que existe una demanda de comportamiento responsable, que no es incompatible con el lucro La creciente demanda ha dado lugar incluso a la elaboración por parte de la revista Top MBA de un ranking para evaluar la contribución de las principales escuelas a dicho campo, teniendo en cuenta las aportaciones en materia de ética de los negocios, responsabilidad social, liderazgo o emprendedurismo social.

Pero ¿cómo han integrado las principales escuelas la responsabilidad y la ética empresarial? Veamos algunos ejemplos de las cinco primeras escuelas del Global MBA Ranking de 2011 de The Financial Times.

En London Business School, el MBA introduce el curso “Business, Government and Society” como obligatorio para todo los alumnos y el electivo “Sustainability: Implications of Environmental Change” Los emprendedores sociales cuentan con un electivo y pueden participar en la Global Social Venture Competition. El enfoque de la LBS se centra en la lucha contra la corrupción (que actúa como elemento anticompetitivo), la introducción de la ética en la toma de decisiones y la recuperación de la confianza por parte de las empresas. Destaca la creación del Centre for Corporate Governance, cuya actividad consiste en la mejora de la prácticas corporativas más allá de la regulación con el objeto de crear valor para las compañías, los inversores y los stakeholders. No obstante, su actividad parece haber declinado.

Wharton apuesta por la vinculación entre los estudios legales y la ética de los negocios. Ofrece dos cursos en el primer año de MBA como son “Ethical and Legal Responsibility” y  “Corporate Reporting and Control” estrechamente vinculados a la ética de los negocios. El Zicklin Center organiza una serie de seminarios temáticos. El eje de las acciones es la “buena ciudadanía corporativa” de las corporaciones, que consiste en la responsabilidad cívica y su compromiso con el entorno inmediato. Una segunda línea de actividad es The Wharton Program for Social Impact que apoya las iniciativas sociales en el currículo del MBA.

Harvard Business School incluye la materia en el segundo periodo obligatorio del MBA. Vincula la rendición de cuentas al programa de liderazgo (“Leadership and Corporate Accountability”) en la medida en que la toma de decisiones tiene consecuencias legales, económicas y éticas. La propuesta de valor en empresa social se enmarca en el establecimiento de una relación intensa entre la responsabilidad corporativa, la educación, el medio ambiente, la lucha contra la pobreza, la estrategia y la gobernanza de las instituciones nonprofit, la filantropía y el emprendedurismo social. Por último, establece en su informe anual un apartado dedicado a la responsabilidad social que consiste en la contribución positiva de la escuela, los estudiantes y los profesores a la comunidad de Allston y la ciudad de Boston.

INSEAD imparte “Business Ethics” en los dos periodos obligatorios. Es el único curso que se establece con carácter anual. Se presenta como una exploración de los desafíos éticos a los que se enfrentan las personas al frente de las compañías en un entorno global, así como las herramientas con las que se cuenta para la implementación de programas éticos. El Social Innovation Centre se dedica a la introducción de nuevos modelos de negocios y mecanismos de mercado con el objeto de conseguir la triple sostenibilidad económica, medioambiental y social. Ofrece un portfolio de cursos para los alumnos interesados en la línea que incluye los cursos impartidos en materia de responsabilidad corporativa y ética, la gestión de salud, los asuntos humanitarios, el emprendedor social y la sostenibilidad. Además, cuenta con un amplio programa de investigación en cinco áreas: la responsabilidad corporativa, el negocio y el márketing ético desde una perspectiva normativa, el consumo responsable, la ética del incumplimiento o la apertura de las firmas.

Por último, el primer año de MBA en Stanford cuenta con un curso general de ética y gestión. Se plantea en tres dimensiones: el análisis ético (cuáles son los fundamentos para considerar que una acción es ética o no), los dilemas (el conflicto de intereses) o ética práctica (cómo afrontar los problemas de la gestión cotidiana). Además, el segundo curso ofrece una serie de electivos relacionados con la sostenibilidad, la gestión y el emprendedor social. The Center for Social Innovation promueve el intercambio de ideas y valores entre las disciplinas de gestión para aportar soluciones innovadoras para resolver los problemas contemporáneos. Apuesta por una teoría del cambio: mediante la acción se puede cambiar el entorno que nos rodea. Cuenta con un blog que trata los asuntos de más interés en la materia. Es muy recomendable.

¿Es una moda o es un cambio de ciclo? Entiendo que el auge de la formación ética tiene que ver con la creciente demanda de los actores por un sistema más transparente, por la necesidad de rendir cuentas y, en definitiva, por la necesidad de contribuir a un capitalismo sostenible. The Financial Times (gracias a @jorge_cachinero por la pista), un diario poco sospechoso de idealismo kantiano, sostenía recientemente que el capitalismo se cimenta sobre la confianza y el respeto mutuo. Sin estas piezas, el engranaje se desmorona. Algo parecido ha escrito Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum, cuando aboga por un replanteamiento del modelo.

El sistema económico que hemos vivido durante los últimos treinta años ha resultado poco fiable en este sentido. La burbuja, entre otros factores, es consecuencia de premiar los resultados a corto plazo sobre la sostenibilidad del negocio. Y es que ya nos lo advirtió Gordon Gekko: Greed is Good

Por eso, estoy seguro de que no es una moda. El capitalismo necesita gestores que entiendan que la administración de un negocio no puede obsesionarse con el Q1, Q2, Q3 y Q4, sino que pongan en valor toda la cadena, genere estrategias ganadoras para todos y que base su competitividad en las relaciones a largo plazo. La sostenibilidad no es un informe sobre publicidad social o un programa de becas a familiares; tiene que ver con la concepción del negocio y con la creación de una relación transparente, la lucha contra la corrupción y  los contratos irregulares, la remuneración de los directivos y sus conflictos de interés, la relación con la administración y la innovación. El desafío radica en encontrar las fórmulas que agreguen valor al negocio, que genera estrategia competitiva y que sea responsable con los otros actores de la cadena.

A las escuelas de negocio les toca el turno de implementar esta visión empresarial en sus programas académicos. El primer paso, que consiste en ofertar cursos y seminarios electivos, está dado. Ahora toca que la rendición de cuentas, la transparencia y la integración de la sostenibilidad en la gestión sea transversal y se incorpore a todo el sistema. Veremos.

 

PD. Ni rastro de MBA Oath en las cinco escuelas.

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