Sobre el autor

Juan Luis Manfredi (@juanmanfredi) es periodista y profesor en la UCLM. Es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Periodismo e Historia. Es International Executive MBA por IE Business School, así como Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales y en Administraciones Públicas. Escribe regularmente en diferentes medios y ayuda a entidades a organizarse en el mundo digital.

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21 julio, 2011 | 18:34

En los últimos meses, Peter Thiel, fundador de PayPal e inversor en Facebook, ha removido el debate sobre la educación universitaria en Estados Unidos y, por extensión, del sistema educativo. Sus ideas han aparecido recogidas en medios tan variados como The Economist, Tech Crunch o The Huffington Post. En medios especializados, hay también opiniones para todos los gustos. La visión libertaria de Thiel tiende a ser radical, pero sus ideas merecen una reflexión. 

La crítica de Thiel consiste en que el sistema ha generado una burbuja que sobrevalora los títulos y la formación académica en detrimento del talento y de otras habilidades. Como resultado, los alumnos pagan un alto precio por la matrícula, se endeudan antes de licenciarse a costa de reducir su capacidad de invertir capital en proyectos emprendedores y se sobrevalora la recompensa que se obtiene. Según su argumentación, si la educación universitaria se convierte en un servicio de lujo al servicio de las elites es porque el valor no reside en la educación en sí misma, sino en la capacidad de crear redes sociales y garantizar un futuro mejor. Si no es por esta razón, Harvard podría crear 100 filiales en todo el mundo y expandir su negocio.

¿Dónde está la burbuja? La deuda que cada alumno contrae antes de acabar los estudios universitarios alcanza la cifra de 22.900 dólares de media, un incremento agregado del 47% durante la última década. Si el ritmo de crecimiento de la deuda se mantiene y los alumnos sólo garantizan su pago con los “mejores” empleos que conseguirán como graduados, ¿qué pasaría si la crisis se alarga y no se pueden pagar los créditos contraídos? La hipótesis es arriesgada, pero tiene fundamento.

¿Cuál es la propuesta de Thiel? Abandonar el sistema actual y crear un modelo alternativo de educación centrada en los emprendedores. Con este motivo, a través de su fundación, ha creado el programa “20 Under 20” (quiénes son) que tiene como objetivo el impulso de proyectos científicos y técnicos, fomentar el emprendimiento y dar sustento a nuevas compañías de base tecnológica. Durante un periodo de dos años y con una dotación de 100.000 dólares los becarios podrán desarrollar su proyecto en campos como la biotecnología, la economía, la energía o la robótica.

En mi opinión, las ideas de Thiel responden al modelo universitario estadounidense, pero no encajan en el sistema público europeo. Los problemas que describe son ciertos y no se pueden obviar. Las políticas educativas han multiplicado el número de alumnos y de centros, pero ni siquiera el problema es tan nuevo. La tribuna Lexington, en The Economist, bromeaba con la “actualidad” del asunto refiriéndose a un reportaje de 1976.

No cabe duda de que el sistema está en proceso de cambio y que la propuesta de Thiel, sean nuevas o no, tendrán eco. Habrá que ver cómo se redimensionan las universidades y a qué precio. De momento, la única pista que tenemos es la subida de matrículas en Reino Unido. Veremos qué sucede en España.

En cualquier caso, su enfoque acierta en el análisis económico, pero minusvalora la función investigadora básica, la capacidad de crear redes de iguales entre futuros profesionales, su actividad certificadora del conocimiento mediante la expedición de títulos y diploma, así como otras externalidades positivas en la vida política y social del entorno donde se incardina. Además, es una vía probada para el ascenso social y la integración de minorías. La Universidad (así, con mayúsculas) es algo más que una expendedora de títulos. Debería ser el espacio (y el tiempo) dedicado a formarse tanto en la dimensión profesional como en la humana. Es el tiempo de leer, de viajar, de tener menos compromisos de horarios y reuniones, así como de experimentar y probar sabores e ideas. La pregunta que los gestores académicos tenemos que responder es si estamos en esto... o no.

12 julio, 2011 | 17:08

La internacionalización de la universidad es uno de los pilares del proceso de Bolonia. De acuerdo con la carta fundadora y los objetivos iniciales, la universidad debe impulsar la movilidad de profesores y alumnos para que conozcan otras culturas, así como para estimular el intercambio de conocimiento y la creación de redes investigadoras. En la práctica, los programas Erasmus están extendidos y consolidados. 2.199 instituciones, procedentes de 31 países, participan en el convenio, que ya ha beneficiado a alrededor de 1,2 millones de estudiantes. Para el periodo 2007/2013, cuenta con un presupuesto de 2.788 millones de euros.

No obstante, hay otras modalidades de internacionalización que deben apoyarse para mejorar la calidad de las instituciones españolas y atraer alumnos y profesores de otros países. El potencial de crecimiento para España es tremendo, ya que en la actualidad sólo el 3,6% de los estudiantes matriculados por la vía ordinaria proceden de otros países. Como muestra, y según los datos publicados en 2009, Reino Unido cuenta con el 15% de extranjeros en los estudios superiores; Alemania, el 12,4%; y Francia, el 11,5%. También por delante están Suecia (7,3%) o Países Bajos (8,7%). Estados Unidos lidera en números absolutos, pero en proporción con el número total de alumnos matriculados en el país es relativamente bajo y concentrado en determinados centros. Además, después de los atentados del 11 de septiembre, se han endurecido las condiciones de concesión de los visados tanto para estudiantes como para permanecer un periodo delimitado posterior a la finalización de los estudios. Determinado conjunto de visados tenía como función estimular el crecimiento económico mediante la retención del talento universitario en los primeros años de su trayectoria académica.

Más interesante resulta el crecimiento de China e India, que en números absolutos han sido emisores de estudiantes universitarios. La tendencia podría estar cambiando en dos dimensiones. Por un lado, China atrae alrededor de 200.000 estudiantes cada curso, mientras que India capta unos 25.000 para sus centros de investigación e ingeniería. Por otro lado, ambos países han creado una alianza estratégica para el desarrollo de 2.000 programas conjuntos. El objetivo consiste que en el año 2020 haya 500.000 participantes en los intercambios.

España está en una posición privilegiada para la captación de alumnos internacionales. Contamos con la ventaja competitiva del español y la relación preferente con Latinoamérica, como sucede con Francia y Reino Unido, que aprovechan la lengua como un instrumento de integración en los programas superiores. Además, el clima, el sistema de salud y otros elementos del estado del bienestar son factores que pueden inclinar la balanza en nuestro favor. La internacionalización universitaria es un refuerzo para la estrategia de diplomacia pública en la medida que atrae estudiantes (y el pago de sus matrículas), refuerza la demanda de la lengua y los productos culturales en los mercados internacionales, crea vínculos personales y favorece la creación de empresas con capital humano y perspectiva global.

Pero no todo está hecho. La política universitaria española es rígida y requiere cierta flexibilidad para competir con garantías en la arena internacional. La tarea de la fundación Universidad.es es importante, pero necesita el apoyo de una estrategia más amplia que integre algunas otros elementos para competir en la liga global. Se trata aquí de facilitar los visados de estudiante y su extensión en el medio plazo para quienes quieran emprender en España, el apoyo a la marca España y su comercialización, la eliminación de trabas y barreras burocráticas, la internacionalización del claustro, la extensión de la oferta académica en inglés, la especialización por centros, la alianza entre universidades, la creación de una oferta académica con miras globales o la dotación presupuestaria para componer programas específicamente orientados a la captación de talento internacional. El objetivo para 2020 debe ser crecer en el número de alumnos, profesores e investigadores vinculados a la universidad española de acuerdo con nuestra posición como potencia media en acción exterior. Alcanzar el 10% de estudiantes extranjeros en las aulas parece ser un objetivo plausible y coherente.

¿Cuándo empezamos?

04 julio, 2011 | 09:48

Los medios sociales han contribuido a romper las barreras de la educación superior en la medida en que se ha transformado en altavoces de nuestro trabajo y han generado nuevos criterios de reconocimiento profesional. Según Alfred Hermida (@hermida), profesor de periodismo de la Universidad British Columbia, explicaba recientemente que los medios sociales son de manera inherente un sistema de evaluación por pares, como el que rige en las revistas científicas. Tales cambios modifican la manera en la que los académicos diseminan su investigación y cuestionan la forma en que se evalúa la autoridad académica.

Junto a las menores restricciones para la difusión del conocimiento, pienso que los medios sociales plantean cuatro grandes ventajas para el profesor. En primer lugar, se es mejor profesor en tanto que se está conectado con la comunidad y el entorno en que actúa (¿stakeholders?). El establecimiento de redes profesionales, el contacto con asociaciones y la participación en la vida civil demuestran un compromiso cívico relevante. En segundo lugar, en la línea de lo expuesto por Hermida, los medios sociales contribuyen a promocionar las investigaciones en las que trabajamos. A menudo, se trata de pequeños avances en la ciencia pero es fundamental compartirlos con la comunidad y con otros colegas. Gracias Twitter, podemos enlazar nuestras historias con #hashtags reconocidos y facilitar su búsqueda a otros colegas de la misma materia. También es interesante destacar la red social Academia.edu, que segmenta por áreas de conocimiento y permite la publicación libre de documentos relacionados con nuestro trabajo. Seguidamente, la conexión con la vida civil y la promoción de la investigación ayuda a crear audiencias, nichos interesados en la línea de investigación. Aquí, las escuelas de negocio han sabido rentabilizar el conocimiento de sus profesores mediante la generación de contenidos auténticos. El marketing consiste en mostrar aquello que se conoce antes que en convencer a un lector de las bondades de tal o cual programa. Otras instituciones, incluso, venden a su conocimiento a través de videos promocionales. Por último, las redes sociales mejoran la escritura. Contar en 140 caracteres (Tweet) o en un post (alrededor de 500 palabras) qué estamos haciendo, cuál es el avance, cómo afecta a nuestras vidas o qué novedad presenta requiere un buen trabajo de gramática y ortografía. Puede que sea la única oportunidad que tengamos para conectar con nuevos lectores, por lo que hay que cuidar el mensaje.

Como estrategia general, las instituciones educativas deben tejer una red social en torno al conocimiento, que no es ya la barrera de entrada. En Internet, podemos encontrar información, libros, artículos, conferencias o extensas entradas de Wikipedia. El valor añadido reside, pues, en la capacidad de ordenar ese conocimiento, generar una experiencia única y facilitar el acceso a una red de contactos exclusiva. La elaboración de tales recursos complementarios favorecerá la creación de una ventaja competitiva única.

Esta estrategia gira en torno a la identidad digital, que consiste en la alineación de los profesores, los intereses académicos y los recursos disponibles. Lo más importante es saber quiénes somos y cómo construimos el mensaje y, sólo en segundo lugar, tenemos que elegir unas plataformas en detrimento de otras. El 90% de la decisión depende de qué contenidos son relevantes y cómo pueden nuestros profesores contribuir a la construcción digital. Sólo dejaría el 10% a la elección de Twitter, Linkedin, Academia.edu u otra herramienta similar.

En definitiva, la digitalización favorece la ramificación de la red social del profesor y, por extensión, de la institución educativa. La visibilidad, la influencia y la reputación son elementos esenciales que pueden decantar la elección de un alumno por un centro u otro. No es una decisión exclusiva de marketing, sino que debe incardinarse en la cadena de mando y en la estrategia institucional.

PD. Para saber más…

Daniel Torres-Salinas (@torressalinas), doctor en Documentación Científica, ha publicado la presentación “Cómo comunicar y diseminar tus resultados científicos a través de la web 2.0”.

http://sites.google.com/site/torressalinas/

http://www.slideshare.net/torressalinas/cmo-comunicar-y-diseminar-tus-resultados-cientficos-a-travs-de-la-web-20

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