Comiendo con Arthur Laffer
La pasada semana la Fundación del Pino me invitó a comer con Arthur Laffer en su Foro Libre Empresa. Por este Foro han pasado los mejores economistas del planeta pero este es de los más flojos con los que yo he estado. Hay que reconocer que es un gran polemista, brillante en la exposición y con una fina ironía que siempre se agradece. Pero sus fundamentos económicos reflejan bien su fama. Laffer se hizo famoso por explicar a Reagan los problemas de la economía de EEUU en 1981 en una servilleta mientras comían en un restaurante. Reagan se lo creyó, bajó los impuestos pensando que aumentaría la recaudación y provocó el mayor aumento del déficit público en EEUU durante una expansión económica desde la declaración de Independencia el 4 de julio de 1776.
Laffer se presentó en Madrid con el mismo rollo de siempre. Apenas comió y no usó las servilletas que eran de tela. Nos dio las cinco reglas de oro para que explican la riqueza de las naciones: i) bajos impuestos, ii) control del gasto público, iii) dinero estable, iv) libre comercio y v) buena regulación. Sobre las cuatro últimas reglas hay poco que discutir dichas así de simples. Otra cosa es que cuando a esos conceptos huecos se les llena de contenido y el debate acaba en dogmas de fe.
Sobre los bajos impuestos no hay evidencia empírica concluyente. De hecho los países con mayor renta por habitante del planeta tienen también la presión fiscal más alta y los países más pobres tienen la más baja. Esto no significa que subir los impuestos sea bueno por concepto. La tautología que le explicó Laffer a Reagan se cumple en los extremos. Si los tipos impositivos son el 0% la recaudación es cero y si los tipos son del 100% la recaudación también es cero. Entre medias la relación funcional deja de ser una simple campana de Gauss como defendía Laffer. Sabemos que hay relación pero es extremadamente compleja y depende de muchas variables. O sea caos.
No obstante, cómo nos enseñaba Einstein “dentro del caos siempre hay un orden”. Las economías con mayor renta por habitante son mixtas. El sistema se basa en la economía de mercado y la libertad individual pero el estado cumple un papel como regulador, supervisor de las reglas y dinamizador desarrollando infraestructuras y bienes públicos y preferentes que el mercado no puede dotar o los dota por debajo del óptimo social.
Lo más impactante para este economista observador es que Laffer dijera que sus reglas se basan en el efecto sustitución de Slutsky. Su tesis es que si aumentas los impuestos para aumentar el gasto, la mejora de PIB se ve compensada por la caída de consumo e inversión de los que sufren la subida del impuesto. Como le recordé a Laffer al acabar la comida, Slutsky resolvió un problema teórico para una decisión de un consumidor individual que es continuo, convexo y transitivo y decide sin incertidumbre. En el mundo real tenemos serios problemas para agregar decisiones individuales y conseguir funciones convexas sociales. Pero tenemos más problemas aún para modelizar la incertidumbre. Cuanto más compleja es la ecuación que define el mundo incierto en el que vivimos, más caótica es y nos permite explicar y predecir menos cosas que los modelos lineales simples.
Pero este economista observador sólo tenía oportunidad para hacer una pregunta y decidí no perder el tiempo sobre cuestiones metodológicas. Le hice una pregunta más del mundo real. Le dije a Laffer que en España teníamos un pequeño problema de endeudamiento y que a los economistas españoles nos hacían preguntas algo más complicadas que las que sus reglas de oro podían resolver. Le expliqué que la deuda pública era del 35% en 2007 y se proyecta al 100% y que sólo se han aplicado estímulos de gasto discrecional por el 2% del PIB. Que el estado ahora estaba en una crisis fiscal y estaba socializando deuda privada, especialmente bancaria. Y entonces le hice la pregunta del millón de dólares. ¿Seguimos socializando deuda privada o forzamos a que paguen los bonistas privados, la mayoría internacionales? Es la misma pregunta que le hice a Krugman y a Roubini y ninguno me respondió pero al menos no me dieron argumentos tan absurdos como Laffer.
Me dijo que “odiaba mi pregunta” y reconoció que no tenía mucha idea de España. Pero que en EEUU si le dejan a él en 6 meses acaba con la mitad de la deuda pública. Con una amnistía fiscal y vendiendo activos e inmuebles. Le volví a repreguntar que si socializábamos o forzábamos a los bonistas a pagar. Y me contó un chiste: “uno que va al médico y le dice que al subir el brazo le duele. Y el médico le contesta, pues no suba usted el brazo”
Pues eso. Como diría Grouchu si vienen los libertarios a resolver esto “que se pare el mundo que yo me bajo”.
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