24 junio, 2012 | 10:31
Cumbre decisiva: episodio XXIV
Este viernes los líderes europeos se volverán a reunir en Bruselas para evitar la ruptura del Euro. Esto confirma la sentencia de Rudi Dornbusch “los desequilibrios duran siempre más de lo que esperamos los economistas y corrigen con mayor brusquedad de lo anticipado” Con una moneda de reserva internacional y el BCE permitiendo acceso ilimitado a la liquidez la agonía de la Eurozona puede prolongarse. Pero también sabemos que los graves desequilibrios se acabarán corrigiendo. La única opción es si se hace con la ayuda de la política económica o de manera caótica como tras la quiebra de Lehman.
El viernes la mini cumbre a 4 en Roma fue otra decepción. La rueda de prensa fue un esperpento que demostró que la partitura elegida no es la adecuada y el cuarteto es una cacofonía y dista mucho de tener un sonido melódico. De hecho ayer sábado se filtró que el dúo Merkollande se reunirá en París el miércoles para preparar la cumbre.
La situación es de extrema gravedad con la economía europea en recesión, incluyendo Alemania cuyo último PMI se situó por debajo del nivel crítico de 45, y el riesgo y los flujos financieros se están renacionalizando. Por lo tanto, la deuda es insostenible y cada día la recesión deteriora la capacidad de pago de los estados, las familias, las empresas y el sistema bancario.
El objetivo es parar la recesión y la renacionalización del riesgo. ¿Qué proponen los líderes? Un acuerdo de intenciones para avanzar en una unión bancaria y un plan de inversiones del BEI de nuevo sin detallar en que plazo y que proyectos se pondrán en marcha. La maldición europea del demasiado tarde y demasiado poco vuelve a ensombrecer la cumbre. Los inversores han dado cierto margen a los líderes y muchos especuladores han cerrado sus posiciones cortas por si el resultado es positivo, ya que un rally en los mercados les provocaría fuertes pérdidas. La especializada europea es generar expectativas y luego incumplirlas. Si esto vuelve a suceder este viernes, en julio y agosto viviremos mucha tensión en los mercados, seguramente mucho mayor de la que hemos conocido hasta ahora desde 2007.
¿Qué se debe hacer? i) En una trampa de la liquidez como la que nos encontramos la política monetaria es ineficaz para revertir la recesión y sólo la política fiscal puede poner un suelo a la misma. España e Italia deben suavizar su ajuste, Francia congelarlo y Alemania aprobar un plan de estímulo. Si las economías no crecen, no pagan. ii) Hay que avanzar decididamente con una hoja de ruta clara hacia la unión fiscal y la unión bancaria con todo lo que implica: cesión de soberanía, mayor presupuesto del centro, eurobonos, fondo de garantía de depósitos, etc. Si esto se produce, iii) el BCE ya no tendría excusas para no intervenir en el mercado como la hace la Fed. Sin combatir la deflación de activos, los mercados de financiación seguirán cerrados y las deudas no se podrán refinanciar y acabarán por no pagar. iv) haciendo todo bien ya hay deudas que no se podrán pagar. Hay que reestructurar estas deudas y ajustarlas a la capacidad de pago sin que eso suponga que el país tenga que abandonar el euro. Varios estados y ciudades de EEUU han incumplido pagos en las últimas décadas y no ha puesto en cuestión el dólar y su unión monetaria. v) Los bonistas fallaron en la medición del riesgo y ahora deben asumir los costes de sus errores. Hay que preparar un fondo para recapitalizar a la banca europea, especialmente francesa y alemana. Cuando esas deudas no paguen, no habrá capital suficiente.
Capacidad y margen de maniobra hay, sólo hace falta visión, voluntad y pragmatismo. El problema principal es la posición reactiva alemana y se basa en el temor de sus ciudadanos a la inflación y la obsesión de su líder por la austeridad. Si se rompe el euro el ahorro alemán provocará una intensa apreciación del tipo de cambio y una deflación a la japonesa. La hiperinflación de la República de Weimar la provocó el desplome y la depreciación del tipo de cambio por el pago de las reparaciones de deuda, ahora el problema es el opuesto. La clave de las finanzas públicas es su sostenibilidad a largo plazo y un ajuste excesivo a corto plazo hunde a la economía y acaba deteriorando la sostenibilidad y la capacidad de pago de la deuda y lejos de ser la solución se convierte en parte del problema.
Los deudores estamos pagando nuestros errores de la última década, mayoritariamente privados, con aumento del desempleo y de nuestra deuda pública. Los acreedores deben pagar con reducción de su riqueza que se creo durante la burbuja y que debe retornar a la realidad, igual que lo hace el precio de la vivienda en España. Hasta ahora el 100% del coste lo estamos asumiendo los deudores. Mientras, la táctica de Merkel es liberar a sus bonistas y socializar las pérdidas a través del BCE y los fondos europeos en los que diversifica el 75% con el resto de socios.
Si la austeridad da resultado y las economías crecen la jugada es maestra y el acreedor recupera el 100% de la deuda. El problema es que la historia nos enseña que nunca sale bien y que cada día que pasa sin resolver el problema el coste para el acreedor y la quita de sus deudas aumenta exponencialmente cada día. La tasa de paro en Grecia, Irlanda, Portugal y nuestra querida España ya es insostenible y
“Al final de cada siete años, deberás cancelar tus deuda… el séptimo año está al llegar. Del extranjero demandarás el reintegro: mas lo que tu hermano hebreo tuviere tuyo, lo perdonará tu mano” Deuteronomio 15:1-9
Este escenario bíblico sería caótico y tendría costes brutales para acreedores y deudores. Esperemos que haya vida inteligente y la solución sea cooperativa y de minimización de pérdidas. Si seguimos maximizando los beneficios el sistema será entrópico y en algún momento estallará por donde menos se esperaba.
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