El Estado y la deuda empresarial
La noticia saltaba el jueves cuando se filtró que el Gobierno aprobaría un plan para pagar la deuda de los ayuntamientos a las empresas. La primera reacción de este economista observador fue positiva. En 2008 cuando la recesión ya era un hecho advertí que había que articular medidas para evitar que el estado retrasase el pago de sus facturas a proveedores, como sucedió también en 1992. Dos tercios de la financiación de las pymes es con crédito comercial y el retraso tiene un efecto multiplicador y devastadores sobre la mortalidad empresarial y el empleo, amplificando los efectos de la deuda bancaria.
Sin embargo, leyendo la información hoy sobre el tema cada vez me surgen más dudas. No hay alquimia financiera para hacer desaparecer una deuda. Lo que parece que se está planteando es cambiar deuda comercial por deuda bancaria. Los bancos ya tienen una elevada exposición de deuda con ayuntamientos y CCAA y hace tiempo que decidieron no aumentarla aún más. El cambio es necesario pero no saldrá gratis. La primera implicación supone aumentar la deuda pública de España. La deuda comercial no computa como deuda pública en el perímetro definido por Eurostat pero al transformarla en bancaria si lo hará. Se habla de 30.000 mill. más 15.000 mill que le dará el ICO a las CCAA estaríamos aumentando nuestra deuda pública en 4 puntos porcentuales. La recesión en la que estamos inmersos aumentará la deuda a finales de 2013 hasta aproximarse al 85% del PIB y esto supondría llevarla hasta niveles del 90%.
Para las empresas el principal problema, en muchos casos de supervivencia es la deuda, pero para este economista observador la principal preocupación son las necesidades de financiación. Primero hay que reducir el déficit para estabilizar la deuda y luego tener superávits y crecer para reducirla. Por eso la prioridad debería ser parar la recesión y luego atacar el déficit estructural que se concentra en CCAA y ayuntamientos.
El principal problema es que el gasto en ambas administraciones creció exponencialmente durante el boom y se financió con impuestos vinculados a la burbuja, sobre todo la venta de suelo. La burbuja de suelo en nuestra querida España ha sido equivalente a la de los tulipanes en Holanda en el siglo XVIII. Nuestros ayuntamientos, con una falta extrema de visión estratégica, contabilizaban los ingresos de la venta de suelo derivados de esta burbuja como corrientes y se los gastaban en el mismo año. La burbuja pinchó y no hay perspectivas de venta de suelo en décadas por lo que ahora toca decirles la verdad a los vecinos de tu municipio o comunidad, priorizar el gasto público en las necesidades básicas de la sociedad y eliminar le resto y subir los impuestos para financiar el agujero.
Pedirle una quita a los proveedores para anticipar el pago además de seguir caminos tenebrosos como los que han seguido los países intervenidos que asustarán a los inversores internacionales, es el camino fácil para no reconocer la realidad. El problema es que no reconocer la realidad te puede llevar a no corregir el problema. Manguerazos de liquidez condicionados a planes de ajuste ya los hizo el gobierno anterior y sólo sirvieron para diferir el problema y de nuevo cometemos el mismo error. Vale ya de aumentar la deuda, reconozcamos los errores, aumentemos nuestros impuestos y asumamos un empobrecimiento ordenado. Si no lo hacemos el empobrecimiento será desordenado y a todos nos saldrá mucho más caro.
El problema es que estamos en un Club y la Unión Europea nos exige resolver nuestro déficit. Los temores que anticipé en este blog se han cumplido y estamos en el peor de los escenarios. El Comisario Rehn no ha cumplido con la solicitud del Gobierno español de que la Comisión elaborase un cuadro macro y nuevas previsiones de déficit y nos ha dado un tratamiento igual que al resto de los 27. Simplemente se han limitado a meter los datos del PIB del 3tr11 en su senda de previsiones y les salé una caída del -1% en 2012 y advierten que “no están contempladas las medidas de ajuste fiscal adicionales que deben aprobarse”. Ahora el Gobierno va a hacer lo que debería haber hecho en enero que es elaborar su propio cuadro macro y su propio presupuesto. En la rueda de prensa Rehn advirtió que necesita información completa sobre el cierre del déficit de 2011, detallando si la desviación ha sido cíclica o estructural, y el nuevo presupuesto con los objetivos pactados para 2012 y sobre esa base empezará la negociación para hacer “ligeras” revisiones del objetivo.
Esto significa que nuestra querida España tendrá que presentar un presupuesto con un déficit del 4.4% del PIB. Se habla de 40.000 mill de ajuste pero se olvida que la recesión se concentra en el consumo y el empleo que caerán en 2012 próximos al 3-4% por lo que la recaudación del IPF y el IVA sufrirá y que los beneficios empresariales están en caída libre por lo que el impuesto de sociedades también perderá recaudación. Por lo tanto, el ajuste será mayor de 40.000 mill.
Luego esperemos que la Comisión permita a España y a otros países, especialmente a Italia y Reino Unido, presentar un plan de estímulo para compensar el impacto sobre actividad. Recuerda que la evidencia empírica de estos ajustes nos indica que cada punto de reducción del déficit supone una caída del PIB y del empleo de 0.7 puntos. El plan de estímulo simplemente supondrá suavizar el ajuste pero la política fiscal seguirá siendo restrictiva.
Aquí surgirá el mismo dilema que en 2008 ¿bajar los impuestos o aumentar el gasto público? El Gobierno entonces aplicó ambas y el resultado de la bajada de impuestos de los 400 € fue decepcionante ya que se tradujo 100% en aumento de ahorro y no generó ningún estímulo sobre la actividad y el empleo. La otra medida discrecional fue el Plan E que con todas sus críticas permitió implementar gasto rápido y ayuda a estabilizar la caída de la actividad doméstica y permitió que el crecimiento de las exportaciones afianzara las bases de la recuperación. Desde el pasado verano los ayuntamientos y CCAA han parado en seco el gasto en construcción y en el próximo verano será necesario implementar gasto para actuaciones necesarias de acerado, asfaltado, mantenimiento de carreteras, etc.
Veremos que decide el Gobierno primero para cumplir el objetivo de déficit en el presupuesto, lo cual supondrá reducir medidas de gasto socialmente extremadamente sensibles o incumplir su enésima promesa de que no volvería a subir los impuestos. Y posteriormente será interesante conocer donde concentra el plan de estímulo, en la bajada de impuestos o en el aumento de gasto. Lamentablemente ahora ya no hay margen fiscal y habrá que elegir sólo una de las dos.
La clave para España es que nuestros clientes internacionales crezcan, especialmente Francia y Alemania, y que sean ellos los que implementen estímulos fiscales. Si gana Hollande en Francia ya ha prometido planes de estímulo pero en Alemania Merkel sigue sin dar ninguna señal como ya sucedió en 2008. Difícil panorama.
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