El pasado lunes participé en la reunión anual de economistas jefes de bancos europeos, principalmente alemanes, franceses, italianos y españoles. Tras un inicio titubeante, el debate se centró en el riesgo de recesión global y la extrema tensión que estamos padeciendo en los mercados financieros, especialmente en Europa. Se percibe una sorprendente relajación de los economistas alemanes, cierta angustia de los franceses, desconfianza de los italianos sobre la debilidad de su Gobierno y resignación de los españoles acostumbrados por desgracia a padecer tensión extrema en los mercados desde hace más de un año. Tras el evento tuvimos una recepción en el Bundesbank.
La posición oficial en Alemania es que hay que aprobar la hoja de ruta acordada en la Cumbre extraordinaria de julio y ver sus resultados, por lo que no tienen pensado cambios en los próximos meses. Este economista observador ya planteo que la hoja ruta va en la dirección correcta pero es insuficiente para retornar a Grecia a la sostenibilidad. Es un misterio en Frankfurt saber quien está asesorando al Gobierno alemán que parece ha roto bastante líneas de comunicación con economistas privados. El economista jefe de Deutsche Bank presentó su propuesta de convertir al EFSF en un banco con acceso a las subastas del BCE con el fin de liberar a la autoridad monetaria de las intervenciones en los mercados. El Gobierno alemán ha dicho que no le disgusta su Plan pero no lo ha incorporado a su agenda ya que lo consideran una monetización de deuda encubierta. Esto apunta a que el sector privado tiene escasa influencia en estos momentos sobre Merkel que acosada por las derrotas electorales y los problemas de liderazgo en el partido se ha protegido con su guardia pretoriana más próxima.
El resultado del pasado Ecofin tampoco permite ser muy optimistas sobre la posibilidad de agilizar contactos en el G-20 de cara a un Plan coordinado para hacer frente al riesgo de recesión global. Los economistas del grupo ya hemos incorporado ese riesgo en nuestro escenario, aunque sigue sin ser el central, por lo que la sensación en nuestra reunión fue un poco de frustración por la lentitud de la respuesta de los gobiernos y bancos centrales. El desencuentro entre Geithner y sus homólogos europeos fue total. EEUU está presionando para agilizar la resolución de la crisis griega, frenar el contagio a Italia y España y para relajar los planes de consolidación fiscal, pero en ambas cosas no ha conseguido muchos avances. Lo único en claro que salió del Ecofin es que los europeos, tras renegar durante dos semanas de los consejos de Lagarde, reconocen que la banca necesitará recapitalización. Pero de nuevo se anuncia a los cuatro vientos sin presentar un plan concreto, con las entidades concretas y las cantidades concretas y una red pública de protección, lo cual tiene un impacto nefasto en el mercado ya que los inversores dudan de todas y se refugian en el bono alemán.
Mi postura en el grupo de trabajo fue bastante provocativa para generar debate. Todos los ponentes hablaron de los efectos de la consolidación presupuestaria de una manera descriptiva. Yo pregunté si en 2010 fue un error precipitar la consolidación y si vamos a cometer los mismos errores que los japoneses en los noventa. No hubo mucho debate, una muestra de falta de valentía preocupante de la profesión para enfrentarse al paradigma moral dominante impuesto por los alemanes. Yo advertí a los colegas italianos de la más que probable recesión que registrará su país en 2012, basándome en la experiencia española. En abril de 2010 España estaba inmersa en una intensa fase de recuperación y el contagio financiero de la crisis griega y los efectos de las medidas de ajuste estancaron la actividad. Tan sólo el buen comportamiento de nuestras exportaciones de bienes con un crecimiento del 20% anual y del turismo evitaron que España entrara en recesión. Advertí que las perspectivas de comercio mundial son preocupantes y que Italia no contará con el apoyo de sus exportaciones, por lo que la recesión es el escenario central. La recesión aumentará las dudas de los inversores sobre la capacidad de pago de Italia y la tensión en los mercados, lejos de mejorar, empeorará.
En mi ponencia propuse las mismas medidas de coordinación en el G20 que ya publiqué en este blog a finales de agosto. Algunas ya se han implementado como la apertura de sawps en dólares de la Fed para compensar el colapso de los mercados interbancarios. Además, hay que frenar la consolidación fiscal y los países con margen como Alemania o China deben anunciar urgentemente planes de reactivación. Merkel tarda meses en tomar una decisión por lo que debe ser China la que toma la iniciativa. Los chinos están preocupados por qué muchas provincias no están aplicando las medidas para frenar el crédito promotor y la burbuja inmobiliaria pero el Gobierno central puede desenterrar su ambicioso plan de infraestructuras anunciado en 2008 y controlarlo desde Pekín y sería compatible con seguir enfriando la burbuja. Nadie sabe cuándo va a estallar una burbuja pero las señales sobre el sector residencial en China recuerdan mucho a EEUU en 2005 o a España en 2006. Los precios de la vivienda se han alejado tanto de la realidad que la demanda de viviendas lleva un año estancada. Sin embargo, la oferta ha crecido un 30% y la banca y los ayuntamientos, un tercio de sus ingresos provienen directamente de la venta de suelo, tienen una elevada exposición. Por lo tanto, los chinos conscientes del impacto que tendrá sobre la actividad el aterrizaje brusco residencial tienen incentivos para anunciar medidas de estímulo.
Además de la intervención coordinada el BCE debe bajar los tipos, intensificar la compra de deuda periférica y reactivar el programa de compras de cédulas que tan buen resultado dio en 2009. El problema es que los funcionarios del BCE viven en su torre de acero de Frankfurt viendo vicios políticos en todos los gobiernos europeos pero cuando les toca a ellos asumir la responsabilidad de sus errores y asumir riesgos son bastante peores que la clase política a la que tanto les gusta criticar. Por supuesto que la compra de activos no servirá de nada sin una solución definitiva del caso griego. Pero está claro que si en Europa cambiásemos a todo el Consejo y lo sustituyéramos por la Fed la situación no habría degenerado hasta el extremo en el que nos encontramos. El mercado espera una bajada de tipos en la reunión de octubre y parece que el Consejo aún no está por la labor. No obstante, será la tensión en los mercados la que determinen la política monetaria del BCE, como sucedió en 2008, por lo que ellos, aunque quieran asumirlo en público ni en privado, también están "vigilados".
La última pata de coordinación global es la política financiera y la recapitalización del sistema bancario. Mi posición es muy sencilla, los agujeros de capital sólo se pueden resolver con capital. La experiencia japonesa nos enseña que es clave reconocer rápidamente los agujeros y luego hacer planes caso a caso y con tiempo para provisionar de las pérdidas. Por eso es urgente acabar la recapitalización de las entidades más débiles y no sólo en Europa, también en EEUU, Reino Unido o Suiza. Pero hay que acabar urgentemente con la estigmatización que se está haciendo de la deuda pública europea. Los propios economistas reconocen que ninguna de sus entidades necesita capital pero luego no paran de utilizar los precios de los CDS o de los diferenciales de tipos. Cuando los mercados entran en pánico los precios de los activos no reflejan los fundamentales, por lo que deben ser sustituidos por los análisis técnicos. Está claro que las técnicas de los economistas son imperfectas, pero en la situación actual son infinitamente más próximas a la realidad que las preferencias relevadas por los inversores. Ayer fue frustrante ver a los principales economistas que generan opinión en Europa hablar de sociología, ciencia política, psicología de masas y genética. Está bien ser multidisciplinar pero la teoría económica ya incorpora todas esas disciplinas y uno debe volver a los principios.
Les dije que hay que solucionar la quita de Grecia, delimitar el impacto sobre la banca y dar tres años para aflorar las pérdidas. Pero Italia y España no van a hacer quita de su deuda pública por lo que no tiene sentido obligar a capitalizar una pérdida que no se va a producir. En 2008 estigmatizamos las titulizaciones. Los AAA de titulizaciones llegaron a descontar pérdidas esperadas superiores al 80%, pero la tasa de default efectiva en EEUU ha sido del 9%, en Europa del 1% y la de los covered bonds europeos del 0%. ¿Tenía algún sentido obligar en 2008 a la banca a valorar esos activos a valor de mercado y que el BCE aplicará recortes de hasta el 50% en papeles de máxima calidad? Ninguno. De hecho, no es casual que el suelo de las bolsas en marzo de 2009 coincidiera con la eliminación del Congreso en EEUU de valorar esas carteras a precio de mercado. Por desgracia, no hemos aprendido nada y volvemos a estigmatizar activos de máxima calidad ahora deuda pública. Propuse transponer en Europa una directiva con las recomendaciones de la IASB de eliminar la cartera a vencimiento, unificarla con la cartera de inversión y valorar ambas a vencimiento. A todos se les abrieron los ojos y vieron algo de luz en este mundo lleno de tinieblas.
España sigue estigmatizada pero Italia nos ha pasado por la derecha y hemos dejado de recibir directamente la luz de los focos, lo cual es un avance. Los economistas públicos y privados comienzan a reconocer el espectacular comportamiento de nuestras exportaciones que son las que más han crecido de Europa en el último año junto a las holandesas y nos han sacado del grupo de países no competitivos. Dentro del euro, una devaluación competitiva vía deflación parece inviable pero en España la hemos hecho vía aumento de la productividad y comienzan a considerar que si resolvemos nuestros problemas de financiación podremos crecer dentro del Euro. Esto es un avance importantísimo de cara a estimar las ecuaciones de sostenibilidad de la deuda de España SA y nuestro crecimiento potencial y es un mensaje que hay que recordar cada vez que tengamos oportunidad.
La mayor preocupación sigue siendo la elevada tasa de paro y los efectos del pinchazo de la burbuja sobre nuestro sistema bancario. Sobre la tasa de paro siguen escépticos sobre los efectos de la reforma del mercado de trabajo y expectantes sobre las decisiones que tome el nuevo Gobierno. Pero es clave que finalicemos la recapitalización de las entidades que han apelado al FROB el 30 de septiembre de manera contundente. Esta intervención será determinante para reducir el estigma sobre el resto de entidades que no han necesitado capital público pero que son penalizadas en los mercados.
Esta semana la reunión del FMI en Washington será clave aunque lo más probable es que vuelva a reflejar diferencias insalvables entre los miembros del G-20. No obstante, la situación se deteriora a toda velocidad y la reacción política llegará en cualquier momento. Como siempre los gobiernos sobrerreaccionarán y esperamos que pondrán en marcha la mayoría de las que propuse ayer en Frankfurt. Mientras tanto prudencia pero conviene no olvidar la sentencia de Keynes "cuando piensas que va a llegar lo inevitable, sucede lo imprevisto".
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