Si pinchas aquí podrás acceder a un magnífico reportaje de mi buen amigo y mejor periodista Manuel Gómez sobre la reforma de la negociación colectiva. En el texto se explica bien como estamos ante una verdadera reforma de nuestras condiciones laborales. En nuestra querida España, la Constitución da fuerza legal a los convenios y luego el Estatuto de los trabajadores desarrolló ese derecho. Ahora se dice en muchos foros que el problema es que nuestras relaciones laborales son heredadas del franquismo y que sólo por eso hay que cambiarlas.
Douglas North recibió el premio Nobel de Economía por resaltar la importancia de las instituciones en el desarrollo económico y nos enseñaba que el desarrollo institucional está relacionado con la historia y que cualquier cambio no puede ser importado de otro país ya que debe adaptarse a las condiciones culturales de la sociedad en la que se van a implementar.
El otro día comía con mis buenos amigos y mejores periodistas Mariano Guindal y Mar Díaz Varela en un restaurante de la calle Claudio Cuello, muy cerca del lugar donde ETA hizo saltar por los aires a Carrero Blanco. Ese día, Mariano era un joven periodista y su jefe le envió a cubrir una noticia sin importancia de una explosión en la calle Claudio Cuello, noticia que luego cambio el curso de la historia. Mariano consiguió en exclusiva las declaraciones del cura que le había dado la extremaunción a Carrero y le contó como el coche había saltado por los aires y estaba dentro del patio del convento de los jesuitas sito en dicha calle. Mariano llamó a su jefe desde un bar y se lo contó y su jefe no le creyó, le dijo que dejará de beber cerveza y le mandó a cubrir un juicio contra CCOO en las Salesas.
Ese mismo día el régimen condenó a un grupo de personas a 20 años de cárcel simplemente por haber constituido un sindicato y sin darse cuenta institucionalizaba la acción sindical, sin duda una pieza clave en la lucha antifranquista que dio fuerza social al final del régimen y forzó su ruptura tras la muerte del dictador. Mariano está preparando un libro con fantásticas historias sin las que no se puede entender nuestra economía y que verá la luz en septiembre, pero está perla ayuda a explicar la fuerza legal y la elevada representatividad de los sindicatos en nuestras relaciones laborales.
Dicho esto Platón nos avisó que “nunca te bañaras en el mismo rio, la corriente se habrá encargado de cambiarla”. Nuestra economía tiene poco que ver con la de 1980 y la negociación colectiva y sus normas necesitan adaptarse a estos cambios. España ha pasado de ser una economía industrial a una de servicios, se ha integrado en la CEE y ha eliminado la protección arancelaria a su industria que además tiene que competir con los chinos y la Europea del Este por lo que hemos perdido nuestra ventaja comparativa salarial con nuestros socios europeos que fue la clave de nuestro desarrollo en los sesenta. Además, ahora formamos parte del euro y hemos transferido nuestra soberanía monetaria.
Las necesidades dentro del sector de automóvil que cuenta Manuel son bastante homogéneas pero ¿qué tiene que ver una asesoría fiscal con mi empresa que se dedica a la intermediación financiera? Nada pero los dos compartimos convenio. Incluso dentro de los sectores ¿qué tiene que ver Inditex con el resto del sector textil? Por lo tanto parece que tras 30 años es necesario un cambio. Los economistas estamos diseñando cambios óptimos muchas veces basados en conceptos teóricos que en la pizarra de una universidad funcionan bien pero que son difícilmente aplicables a la realidad.
Por ejemplo la productividad o la competitividad. En la última década España ha tenido un diferencial de inflación de unos 15 puntos con nuestros socios de la Eurozona y es necesario que a corto plazo los salarios agregados crezcan menos que la productividad agregada para que aumente la productividad del capital y se inicie un nuevo ciclo de creación de empleo. Pero ¿cómo se traduce eso en una empresa? El otro día un buen amigo auditor me lo resumía “dime que beneficio y productividad quieres y yo te la consigo modificando la cuenta 300 de la contabilidad referida a los inventarios”.
Otro cambio institucional clave es que hemos transferido la creación de dinero a Fráncfort y seguimos referenciando nuestros salarios a la inflación española. España ha perdido su autonomía monetaria y por lo tanto no podemos manipular nuestros salarios en euros con una devaluación por lo que nuestra referencia debe ser prioritariamente la inflación y los salarios de nuestros socios europeos. Además la inflación viene importada del petróleo lo cual supone un empobrecimiento de los países consumidores y un enriquecimiento de los productores de crudo. Si los trabajadores españoles subimos nuestros salarios para no asumir ese empobrecimiento, cómo sucedió en los años setenta, disminuirán los márgenes empresariales y la recuperación del empleo se retrasará sine die por lo que olvidémonos de reducir nuestra tasa de paro. Por eso este economista observador propone en el reportaje que la referencia básica salarial sea la inflación subyacente de la Eurozona. Luego si los beneficios de la empresa mejoran sus salarios subirán más que la inflación y así se consigue ligar los salarios a la productividad. Realmente si sigues series estadísticas largas esto es lo que sucede en la práctica. Por lo tanto, para gestionar estos conflictos parece que es más razonable que el ámbito superior de los convenios no sea provincial sino nacional. El problema aquí es que se creado una estructura de miles de personas que viven de esto, tanto en los sindicatos como en la patronal o en los despachos de abogados laboralistas, y se resisten a perder su renta y su estatus de vida. Aquí será clave la posición de los líderes de patronal y sindicatos en la negociación para llegar a un acuerdo que prime los intereses generales y sobre todo el pleno empleo aún a costa de personas muy próximas de sus organizaciones. Por eso es clave que el Gobierno tenga una posición proactiva en la negociación para defender el interés general.
El otro tema es la ultraactividad y el descuelgue. El otro día discutía con mi buen amigo y mejor economista Juanjo Dolado. Su tesis que comparte el Banco de España y el FMI es que el diseño institucional de nuestro mercado de trabajo es la clave para explicar nuestra burbuja inmobiliaria y uso de recursos de capital y trabajo en construir viviendas. Si esto es así entonces ¿por qué en EEUU también dedicaron tantos recursos a construir viviendas con un mercado de trabajo más flexible? Juanjo me decía que el quería ser Finlandia y tener Nokia y yo le dije que si el prefería Nokia o Telefónica. Por supuesto contestó que Telefónica. Entonces ¿cómo se explica el éxito de Telefónica, Santander, BBVA, Indra, Iberdrola, Ferrocial, Técnicas Reunidas, Gamesa, etc. con nuestro mercado de trabajo?
Supuestamente con el peor mercado de trabajo del mundo, nuestro Pura sangre sigue siendo el país que más empleo ha creado en el euro y en el que mejor se han comportado las exportaciones durante la crisis. Nuestro boom inmobiliario es un fenómeno complejo que comienza en la entrada en el euro y la brusca bajada de tipos de interés reales y mayor accesibilidad al crédito internacional. Luego se vio acrecentado por la llegada de inmigración y el fuerte aumento del número de hogares que llevó a los agentes a pensar que esta vez era diferente y que el precio de la vivienda seguiría subiendo de por vida.
Por eso 1.300.000 empleos destruidos en la construcción y sectores relacionados no lo habría evitado ningún mercado de trabajo. La diferencia es que en EEUU la caída en horas trabajadas fue similar que nuestra querida España pero el empleo sólo cayó la mitad. Aquí la rigidez salarial y para adecuar las condiciones laborales y las trabas burocráticas de descuelgue para las micropymes hizo que muchas empresas no pudieran sobrevivir. Otra disfunción son los convenios plurianuales. Ahora que todo el mundo vio la crisis ¿por qué muchas patronales, incluyendo en el sector de la construcción, firmaron convenios trianuales en 2007 con subidas salariales superiores al 3.5%? En 2009 con la demanda de empleo cayendo en picado, el precio de la gasolina disminuyendo un 40% y la inflación estancada nuestros salarios aumentaban un 3%. El empleo es un bien que se rige por las leyes de oferta y demanda y el aumento de su precio hace que disminuya la cantidad demandada. Esto es una ley que desarrollo el gran Alfred Marshall en el siglo XIX y que seguimos enseñando en las facultades de económicas. Una mayor flexibilidad de la negociación colectiva podría haber evitado 2 o 3 puntos de tasa de paro.
Está claro que es necesario aumentar la flexibilidad de nuestro mercado de trabajo en las recesiones pero la negociación colectiva es un juego dinámico y las empresas deben involucrar más a sus trabajadores y a su dirección de recursos humanos en sus decisiones estratégicas durante las vacas gordas si quieren corresponsabilidad durante las vacas flacas. En este sentido nuestra querida España sigue en el siglo pasado. En la estación de metro de Kendal Square hay dibujado un árbol cronológico de las aportaciones de MIT a la historia de las ideas. En 1964 un autor publicó un libro titulado “la ingeniaría de los recursos humanos” En aquella época nosotros nos incorporábamos a esto del mundo desarrollado pero ya va siendo hora. La encrucijada es muy sencilla, sino puedes competir por salarios lo tienes que hacer con capital y el principal capital de una economía es el humano y es necesario que su clase empresarial le saque el máximo provecho.
En definitiva, nos enfrentamos a la gran reforma junto con la aplicación de la directiva de liberalización del sector servicios. No es deseable una revolución a lo Thacher pero si son necesarios pocos cambios pero profundos para mejorar el funcionamiento de nuestro mercado de trabajo. Los que han perdido su empleo y los jóvenes que acaban sus estudios y no lo encuentran son los más necesitados. Aún así y con estas malformaciones, el Pura Sangre sigue y seguirá siendo una historia de éxito pero no es asumible una tasa de paro del 20%, por lo que todos deben estar a la altura de las circunstancias.
PD.: Ahora puedes seguir al economista observador en Twitter
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