31 octubre, 2010 | 10:31
Robert Lucas en estado puro
Hace poco te comenté que había cenado con Robert Lucas pero ya te dije que estaba medio dormido y poco locuaz. Si pinchas aquí podrás acceder a una excelente entrevista que le ha hecho El País. Lucas recibió el Nobel por desarrollar un modelo con expectativas racionales, o sea que cuando los bancos centrales toman decisiones los agentes anticipan sus efectos y las medidas no son eficaces para alterar el nivel de actividad y empleo. Conclusión eliminemos el banco central.
Sin embargo, en la entrevista afirma que Bernanke actuó correctamente inundando el sistema de liquidez en 2008 y evitó una depresión. Bernanke también ha desarrollado modelos de expectativas racionales y fue honesto y transparente en sus decisiones por lo que no hubo sorpresas. Entonces, ¿cómo es posible, si no hubo sorpresas, que la actuación de la Fed consiguiera estabilizar la economía? Muy simple, el modelo que los economistas hemos utilizado como paradigma en los últimos treinta años falló.
El mismo Lucas reconoce que el afirmó que ya no habría depresiones hace años basándose en modelos teóricos pero que no contó con la fragilidad del sistema financiero. En la cena yo le comenté que sus modelos son validos para el 90% de las recisiones pero no para esta precisamente porque la crisis bancaria ha colapsado el crédito y una economía de mercado no funciona con normalidad sin crédito.
A Lucas le honra reconocer que se equivocó pero vuelva a equivocarse al utilizar sus modelos para explicar la actual recesión. ¿Qué si tienen miedo a la inflación futura? ¿Qué si tienen miedo al déficit? Entonces ¿por qué en EEUU crece el consumo privado, especialmente de bienes duraderos, y la inversión en equipo, como te expliqué ayer en un post, y llevan un año haciéndolo?
A Lucas le ha pasado lo que al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, lleva cincuenta años haciendo modelitos y aunque la realidad demuestra que han fallado, él se los sigue creyendo.
Te adjunto un gráfico del PIB desde 1929 en EEUU. Los economistas hemos llegado a la conclusión que la estabilidad macroeconómica, entendida como el mínimo de volatilidad cíclica, es una variable determinante para que las empresas y los consumidores reduzcan su incertidumbre cuando compran bienes duraderos como son los coches o las casas o los bienes de capital y los proyectos de inversión.
La obsesión de Keynes era que la inversión privada era extremadamente volátil y era necesario utilizar la política económica para estabilizar el ciclo y reducir su volatilidad. Lucas despreció veinte años de historia, los treinta y los cuarenta, donde la volatilidad cíclica fue brutal y fue la principal causa de la depresión, y utilizó datos para contrastar sus modelitos cuando los bancos centrales y los gobiernos tomaron una posición activa para estabilizar el ciclo, siguiendo las recomendaciones de Keynes. Por desgracia no seguimos las lecciones de la Gran Depresión y eliminamos las restricciones al sector financiero, permitiendo que su actividad se alejara de la economía real con un sistema de casino donde se replica mediante derivados todos los activos, se dejaba tomar posición especulativas que superaban los límites de la prudencia y al final consiguieron generar sistemas endógenos de liquidez suplantando al banco central, mediante los vehículos del sistema bancario en la sombra que alcanzó un tamaño de 22 billones de dólares, un 30% del PIB americano.
Si pinchas aquí accederás a otra excelente entrevista que le ha hecho mi buen amigo y mejor periodista Claudi Pérez a Carmen Reinhart. Carmen ha estudiado en profundidad el 10% de crisis anómalas, primero en países emergentes donde el 20% de las recesiones son de ésta naturaleza, y desde 2002 en países desarrollados. Lucas debería leer el libro de Reinhart y reciclarse pero ya le pilla muy mayor y bajo el síndrome de Don Quijote.
Reinhart pone el énfasis en que seguimos en el proceso de digestión del sobreendeudamiento de los últimos veinte años y que empresas, familias y bancos acumulan liquidez para atender sus vencimientos y desapalancarse y no porque tengan miedo a la inflación o a la factura de la reforma sanitaria y todas esas chorradas que se inventan los que han pasado por esta crisis como las maletas por los aeropuertos y aún singuen sin haber entendido nada de lo que ha pasado y, sobre todo, de lo que podría haber pasado si la política fiscal y la monetaria no hubieran actuado con tanta contundencia.
Reinhart, con acierto, habla de riesgo de deflación hasta que finalice el proceso de desapalancamiento y el canal del crédito siga obstruido. En los próximos dos años vencen 4 billones de dólares de deuda bancaria mundial, el 30% del PIB americano y los inversores no van a refinanciar todo por lo que el credit crunch no finalizará antes de 2012. Hasta entonces hay que ir retirando estímulo monetario y fiscal pero sin pasarte ya que el enfermo puede recaer. Esto es un reto ya que no hay precedente histórico de la medicación y los responsables siguen un mecanismo de prueba y error.
La entrevista de Reinhart no tiene desperdicio, especialmente sus críticas a la postura alemana y su temor a que un germano ortodoxo tome las riendas del BCE. Éste economista observador ha sido durante muchos años profesor de macro y finanzas internacionales y ha explicado crisis en emergentes siguiendo una metodología inspirada por Carmen Reinhart entro otros, por eso no es casual que coincida con ella en tantas cosas.
Sólo diferimos en la visión de nuestra querida España. Coincido con Reinhart en que España también se sobreendeudó y ahora padece la digestión de ese endeudamiento. Pero nosotros veníamos de niveles de deuda ridículos propio de un país sometido a restricción financiera externa por tener una moneda propia y un sistema financiero estrecho. Cuando nos liberamos de nuestra restricción entrando en el euro, lo que vimos fue un proceso de convergencia de deuda hacia otros países aunque, vuelvo a repetir, reconozco que nos pasamos y es necesario retornar la deuda a un nivel sostenible.
Pero nuestro sistema bancario no hizo un sistema bancario en la sombra y eso nos ha salvado ya que como quedó manifiesto en las pruebas de estrés, el 75% de nuestros bancos saldrán de ésta crisis sin ayudas públicas. Por lo tanto el mayor riesgo de socialización de deuda en España está muy contenido, como están reconociendo por fin los inversores. Ahora estamos retornando nuestras finanzas públicas a una senda de sostenibilidad y las dudas se centran en las CCAA y ayuntamientos, especialmente el de Madrid, ya que la administración central va a reducir su déficit del 7.5% del PIB al 2% en tan sólo tres años, una hazaña propia de la Odisea de Homero.
Las familias están endeudadas pero a largo plazo y a tipos muy bajos, a diferencia de EEUU donde la deuda en tarjetas de crédito es muy elevada, a corto plazo y a tipos desproporcionados. Nuestra tasa de morosidad hipotecaria de las familias es del 3%, la mitad que la EEUU por lo que nuestra vulnerabilidad financiera es mucho menor. En EEUU, el 20% de las hipotecas tienen una deuda superior al valor de la casa. En España sólo el 8% y seguro que tienen avales y doble garantía por lo que si sumas todas las garantías la vulnerabilidad es ridícula y la tasa de mora está muy próxima a su techo.
El problema es que nuestro sistema bancario también tiene que afrontar vencimientos en los próximos dos años y el canal del crédito está obstruido por lo que las pymes siguen con muchos problemas de financiación y eso limita sus inversiones y la creación de empleo y como diría Galileo “aún así se mueve”. Pero Reinhart sigue sin reconocer los meritos de convergencia y la mejora que nuestra empresas fuera del síndrome ladrillo han conseguido haciendo negocios que se refleja en una productividad por ocupado 10 puntos por encima del promedio la UE 27. Le he escrito un correo a Carmen con la presentación que hice a inversores y organismos internacionales en septiembre contando los fundamentos de lo que llamo con orgullo y por méritos propios el Pura Sangre Español. Os contaré que responde. No creo que cambie radicalmente de opinión sobre nuestra querida España pero al menos espero generarla dudas que minen esa seguridad con la que opina, aunque su tono de crítica ha moderado significativamente desde la primavera.
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