La pasada semana Finn Kydland, premio Nobel de economía, visitaba España y mi agente de conferencias Daniel Romero-Abreu de Thinking Heads me propuso montar una cena privada con él a la cual invité a otros amigos economistas.
Te adjunto un link a su autobiografía que escribió cuando le concedieron el Nobel donde podrás encontrar una descripción de su vida como economista y sus principales aportaciones académicas.
http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2004/kydland-autobio.html
Finn llegó a EEUU, desde su Noruega natal, en el momento del nacimiento de la revolución de las expectativas racionales y Robert Lucas, el principal líder revolucionario, fue su profesor en el doctorado, en la cena nos comentó que “Bob es Dios”.
Tras el activismo de intervención pública en los sesenta, la crítica de Lucas cuestionó su eficacia. Según Lucas, los agentes tomaban sus decisiones mirando al futuro por lo que, por ejemplo, un aumento del gasto público sería interpretado por los agentes como más impuestos futuros y provocaría un aumento del ahorro y una contracción del consumo privado que compensaría el efecto expansivo de la medida. Tan sólo si el Estado conseguía sorprender a los agentes sus medidas tendrían efecto sobre el nivel de actividad pero sería transitorio.
Kydland y Edward Presscott demostraron con modelos de teoría de juegos la inconsistencia temporal de la intervención pública ya que, si el juego era repetido, la intervención pública no tendría efectos sobre la actividad. La principal aplicación de éste modelo fue en política monetaria. Anualmente empresas y trabajadores firman sus convenios sobre salarios. Tras la firma del convenio el estado tiene incentivos para aumentar el dinero en circulación y la inflación con el fin de incrementar su recaudación y deflactar la deuda pública. Los trabajadores perderán poder adquisitivo y al año siguiente querrán compensarlo con mayores peticiones salariales y el juego lleva a espirales inflacionistas cómo las que padecíamos en los años setenta. Por ello, los autores llegaron a la conclusión de que era necesario otorgar la independencia al banco central del gobierno. Pusieron como ejemplo el caso alemán que era el país con la inflación más baja y estable del mundo. Hoy la mayoría de bancos centrales gozan de un mandato de independencia, gracias a sus trabajos. También defendían las reglas monetarias en contra la discrecionalidad, siguiendo la tradición de Chicago que comenzó Simon y continuaron Friedman y Lucas.
Su otra gran aportación fueron las investigaciones sobre el ciclo económico. Basándose en su premisa de la incapacidad de predecir el comportamiento futuro y de la ineficacia de la política económica para gestionar el ciclo en el corto plazo, Kydland y Prescott llegaron a la conclusión de que el 50% de la volatilidad del PIB la explicaban cambios en lo que denominamos la productividad total de los factores, lo que Solow llamó el residuo, y es aquello que no podemos explicar por la variación del empleo o del capital. Por lo tanto, la política económica debe centrarse en medidas que favorezcan la actividad privada, donde se genera la innovación tecnológica, y así reforzaron las ideas libertarias de Chicago que fueron adoptadas por la revolución neoconservadora en EEUU y en el Reino Unido en los años ochenta.
Una de las ventajas del desarrollo de nuestra querida España es que nuestra capacidad adquisitiva permite que hayamos entrado en el circuito de las conferencias internacionales. Yo he tenido la fortuna de comer y conversar con las personas con las que me formé como economista y a las que siempre idealizas cuando estudias sus modelos en los manuales y en sus lecturas. De todos los Nobeles que he conocido debo reconocer que Finn es el más agradable y accesible, aunque me decepcionaron profundamente sus argumentos económicos.
Vino a la cena con su mujer y la primera sorpresa fue la solicitud de cenar de tapas, nos dijo que ese día habían comido bacalao en Casa Labra, adoraba la Plaza Santa Ana y su debilidad era la fabada y los callos con garbanzos. Me dijo que recibía una invitación diaria para dar conferencias y que se había propuesto conocer diferentes países pero que sólo repetía en España para disfrutar de nuestra gastronomía. Los que hemos tenido la oportunidad de viajar le entendemos perfectamente.
La conversación continuó con el vino, elegí Viña Consolación un excelente Cabernet de mis amigos Sanchez Muliterno con el que nunca arriesgas y un albariño. Le costó hablar de economía pero lo conseguimos. Había invitado a un buen amigo, director de tesorería de una importante entidad financiera y una de las personas que más sabe de mercados financieros en España y comenzó el tema por la crisis financiera.
Finn contestó a las preguntas aduciendo que los mercados financieros siguen un paseo aleatorio y que los economistas tenemos poco que argumentar al respecto, por lo que mostró un escaso interés por lo sucedido desde 2007. Mi contestación fue sencilla, mi amigo tiene que presentar resultados trimestralmente y si no son acertados le pondrán de patitas en la calle. Por eso, aunque sabe que hay un elevado margen de error de equivocarse, contrata a economistas cómo yo para que le ayudemos a formular escenarios y a gestionar sus riesgos proactivamente.
La tesis del paseo aleatorio se utilizó por primera vez por la revista Nature a principios del siglo XX para describir cuál sería la trayectoria de salida de un borracho en medio de un prado. La conclusión fue que era impredecible. En finanzas se utilizó por primera vez por Bachelier un matemático francés que analizó el comportamiento de los precios de los bonos franceses y luego por Malkiel para describir el comportamiento de Wall Street. Estas teorías ya se ha demostrado que no son ciertas por Lo y Mackynley dos jóvenes estudiantes de Wharton que en los años ochenta encontraron estructuras modelizables en la volatilidad de las series financieras. El problema es que la dinámica de las series financieras es no lineal, como lo es la de la propia naturaleza, y al aproximarse con un modelo lineal no era posible explicar bien su comportamiento. Cómo nos advirtió Einstein siempre que el ser humano desconoce un fenómeno, dice que es aleatorio. Me extrañó mucho que el Nobel siga utilizando la tesis del paseo aleatorio, aunque si dejara de utilizarla tendría que cuestionarse muchos de sus modelos, incluida la crítica de su Dios, Robert Lucas.
Yo profundicé en los temas monetarios y le pregunté si tras esta crisis pensaba que sus modelos servían para explicar el comportamiento de las economías, si seguía creyendo en la neutralidad del dinero, en las expectativas racionales y como evaluaba la actuación de Bernanke en la Fed. Me dijo que sí, que la crisis bancaria es una especia de perturbación tecnológica, por lo tanto sus modelos siguen siendo válicos, y que Bernanke había reaccionado con pánico sugestionado por sus estudios de la Gran Depresión y la creencia de que estábamos en otro episodio depresivo.
No obstante, me sorprendió que reconociera que la Fed había acertado al aumentar la base monetaria para contrarrestar el desplome del multiplicador del dinero. Él siempre ha sido contrario a la intervención pública discrecional, pero cree que Bernanke se equivocó salvando a los bancos y apoyando el aumento del gasto público.
Yo le argumenté que él sólo analizaba lo que Irving Fisher denominó ciclos estacionales pero que la crisis que hemos vivido al igual que la Gran Depresión son diferentes ya que la crisis bancaria internacional colapsa el crédito y el principal problema no es el multiplicador del dinero es que la velocidad de circulación del mismo se hunde, incumpliendo la hipótesis de estabilidad de la misma de Friedman que luego fue adoptada por Lucas y por él en sus modelos. La decida actuación de los gobiernos y los bancos centrales ha sido determinante para estabilizar la velocidad de circulación del dinero y los mercados financieros y está permitiendo a la economía retornar a una senda de crecimiento aunque aún es vulnerable y necesita del apoyo público. Finn no contestó.
También aproveché para preguntarle una curiosidad que siempre he tenido y que los defensores de las expectativas racionales obvian en sus análisis. Desde los años cincuenta, el estado ha ido aumentando su peso en la economía y coincide con un periodo de disminución de la volatilidad cíclica y en el que los ciclos han sido más largos y con menor volatilidad. Se sorprendió con el argumento y de nuevo no contestó.
El problema es que la macroeconomía no es una ciencia experimental y los que critican la intervención pública nunca sabrán cual habría sido la evolución cíclica en ausencia de la misma y se limitan a inventar variables teóricas y no observables para refutar sus teorías. Luego se excusan diciendo, como dice Kydland en su autobiografía, que “sus modelos son difíciles de explicar en papel” o cómo dijo en una ocasión Sargent, otro de los padres de las expectativas racionales, “en un principio estábamos muy emocionados ya que la evidencia empírica validaba nuestros modelos, luego la contrastación empírica nos obligaba a desechar modelos muy válidos”. Conclusión: no dejes que la realidad te estropee un buen modelo teórico.
Planteo un mundo teórico y cuando la economía no se comporta como predice el modelo digo que es culpa de la intervención pública y de la inconsistencia de tener un sistema democrático que convoca elecciones cada cuatro años y dificulta la toma de decisiones para garantizar el crecimiento económico en el largo plazo. Si te fijas detrás de muchas de las críticas que hacemos los economistas está ésta idea, en España se está produciendo en estos momentos con el debate sobre las reformas estructurales. Bernanke y el resto de banqueros centrales ha tenido que enterrar sus modelos de expectativas racionales y reinventarse en los dos últimos años para hacer frente a la peor crisis financiera a la que nos habíamos enfrentado.
Yo cada día que pasa me reafirmo más en mis ideas. No hay doctrina ni corriente económica que nos permita explicar todos los problemas económicos y por eso no me identifico con ninguna y me considero un ecléctico. Cómo dijo Paul Samuelson “soy ecléctico porque la realidad también lo es”.
Ser ecléctico, te permite criticar los excesos de intervención pública en los sesenta derivado de lo que se denominó keynesianismo o criticar los excesos de liberalismo y laissez faire alcanzados en las dos últimas décadas que están detrás de la falta de regulación y especialmente de supervisión bancaria que han ocasionado la crisis financiera de la que comenzamos a ver la luz. Me permite utilizar el modelo de Kydland para defender la independencia de los bancos centrales pero al mismo tiempo criticar su rechazo a la discrecionalidad.
Hay un conflicto eterno entre eficiencia y equidad en economía. El pilar de la sociedad es la libertad individual pero el estado tiene un papel principal para gestionar conflictos, bienes públicos, externalidades y problemas de información asimétrica. El problema es que la relación entre ambas variables es compleja y caótica y eso imposibilita la planificación y pone serios límites a la actuación discrecional pero eso no debe limitar su uso cuando es necesario y cuando los riesgos de no intervenir son mayores que los de hacerlo.
Sólo un ejemplo, la naturaleza sigue también una dinámica caótica y por eso los ingenieros han llegado a la conclusión de la necesidad de regular los cauces de los ríos con presas. Las presas nos permiten disponer de agua corriente, independientemente de la volatilidad de la pluviosidad y también evitan tragedias naturales. Pero la intervención para alterar el curso de la naturaleza tiene un límite como hemos podido comprobar este año en Andalucía. Cuando las lluvias torrenciales llenan el embalse y amenazan con reventar la presa, los ingenieros se ven obligados a abrir las compuertas aún a sabiendas que van a provocar graves destrozos en la desembocadura. Los ingenieros utilizan modelos con dos distribuciones de probabilidad, una normal y otro para casos extremos de crisis y tienen previstos todos los riesgos.
Los economistas sólo manejamos una distribución normal y despreciamos el riesgo de casos extremos en las colas de las mismas y en esta crisis hemos comprobado cómo estuvimos a punto de perder la confianza en el dinero, una institución básica para evitar una economía de trueque. Por eso es tan necesario reforzar la regulación financiera, que es la presa que contiene la actuación natural del comportamiento humano, con el fin de evitar crisis de estas en el futuro. La regulación supondrá límites a la libertad individual, cómo las presas limitan la dinámica de la naturaleza, pero nadie cuestiona su utilidad.
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